Hoy: La anécdota de la poda de las plantas

(EXTERIOR/INTERIOR, CASA SUBURBANA EN CÓRDOBA, SIESTA ESTIVAL)

LULÚ*: (Toca timbre y no anda, aporrea la puerta) -Hola, Norita*, te venimos a devolver el colchón.
NORITA: (Sale en bombacha y camiseta, insulta por celular) –Pasen, estoy puteando a mi vieja. (Cierra la puerta tras nosotras con gesto varonil. Invádenos un hondo olor a sueño y gato encerrado.)
YO: (Transpira)-
N.: (Dice palabrotas, se queda un momento en silencio, abate la tapa del teléfono como si del capó de un Scania se tratara, lo arroja al suelo, me mira con voz de cigarrillo y ojos que gritan) -¿Nunca habías venido vos acá, no? ¿Cómo la estás pasando?
Y.: (Solícita y congraciadora) –Estee muy bien, muy bien, ¡gracias! (Deja en el suelo el colchón tomado en préstamo por Lulú meses atrás. A medida que sus pupilas se agrandan al ritmo de la penumbra reinante, observa en el suelo dos toallones hechos un bollo con un gato encima y yerba húmeda formando montículos bajo la mesa. Crece en ella una indescriptible y tormentosa inquietud moral: el super-yo del limpiescente entra en ignición.)
L.: -¿Qué pasó, nena, cuál fue el problemita con tu vieja? (Nota la cama deshecha y con migas) ¿Recién te levantás?
N.: (Asiente refregándose los restos de delineador con lagañas) -Pasa que la (piiip) de mi vieja y el (piiiip) de mi hermano están allá en el pueblo, y ella no le dice que mueva el (píiiip) y venga de una (piiip) vez a podarme las plantas, y tampoco me mandan plata, y…
Y.: (Detecta en el suelo un hueso de vacío con sus correspondientes moscas, una guitarra semicubierta en papel de diario, espaguetis -crudos y cocidos- regados por sobre las hornallas, un bidón de aceite goteando sobre una pila de platos –sucios-, y se inquieta aún más.)
L.: (Diplomática y agasajante) -¡Pero qué flaca que estás, qué cinturita, nena!
N.: -Ah, es por un novio marinero, venía de seis meses del mar, víteh, entonces chaca-chaca todo el día (se palmea una nalga), má qué dieta, JÁH. (Se acomoda el flequillo stone) Pero este salame que no me corta las plantas, todas las plantas crecidas tengo, un desastre, así están, así, (gesticula) Se van en vicio.
Y: -(Se pregunta cuánto puede empeorar a semejante chiquero un jardín algo descuidado. Va a preguntar algo pero calla, teniendo en mente que su concepto de limpieza no encaja en la media habitual.)
N.: -Pero vení, vengan, mirá las plantas lo que son. (Abre con una patada la reja que da al fondo.)
Y.: -(Observa. Muchas de las incógnitas que habían invadídola en momentos precedentes obtienen respuesta.) (Voz en off) -¡AHH! ¡Con razón!



Días más tarde, yo había vuelto a Buenos Aires.
El hermano de Norita había vuelto a Córdoba desde su pueblo natal, en un punto de las costas patagónicas, lugar de descenso para marineros de buques cargueros. Había ido a ver a su hermana, había cortado las plantas, habían convertido los residuos de poda en efectivo contable y sonante.
Mas la algarabía no duraría mucho. Esa casa del Barrio Jardín –qué coincidencia, ¿verdad?- fue asaltada por un grupo comando que se llevó la plata, la tele, el dvd, el equipo de música, los celulares de todos, la guitarra, varios discos originales de Los Redondos y todo el excedente botánico que pudieron hallar, a punta de itaca y escopeta.
A los habitantes y a su circunstancial visita –Lulú- los encerraron en el baño, amenazándolos con llamar a la policía, claro está. Ella logró salvar su teléfono gracias a que cuando la tiraron al suelo se lo escondió en el escote, y después mandó un mensaje a un amigo para que les fuera a abrir. Gracias a él lograron salir pronto y convencer a los vecinos de que allí no había pasado nada, así que no, por qué molestar a la fuerza pública, faltaba más.
Vecina anciana: “Pero se llevaron la tele y el dividí, tres muchachos” Norita: “Sí, sí, este…se los prestamos para ver películas”.


(*) Lulú es el mismo apodo falso de aquella amiga mía que arrojaba botellazos de Dr. Lemon y Pronto Bitt a las camionetas conducidas por jóvenes adinerados; después fue a la universidad y ahora es licenciada.
(*) Nora es el nombre falso de la chica protagonista de todas estas aventuras; recientemente me enteré de que se casó con un francés, tuvo un hijo y vive en Europa. Hay vidas cuyos guionistas no descansan nunca.

HOY: El modus hablandi

(INTERIOR, RUSH HOUR, AGENCIA DE PUBLICIDAD)

OCTAVIO IBARGUREN DE PICOS-PARDO AVELLANEDA*: (Pretende encender un Benson&Hedges y, ocioso como toda su estirpe, se posa en el respaldo de Ana*, concentrada proletaria del Diseño, que malvive de un sueldo breve) –Hola, Ana ¿tenés fuego?
ANA: -(No se da vuelta y continúa con la vista fija en el monitor; sabe por la característica entonación aguda hacia el final de las frases quién es el que está importunándola) Grñssk, grunf, cof cof, estoy trabajando.
O.I.D.P.-P.A.: -Ah (…) Eh…Ana, ¿de qué barrio sos? (Como todo aristócrata, Octavio no puede aburrirse sin estorbar a la Humanidad)
A.: -(Gira, inclina sus gafas y le dirige una oblicua mirada malevosa, aquella que hiciera célebre al Taita Funes cuando acuchillaba a alguno) De Floresta, ¿por?
O.I.D.P.-P.A.: -¡Uhhuhuú! ¡Pero eso es como…EL BRONX! ¿NO?


Tenerle paciencia a un aristócrata es más difícil que dibujar un pitufo de memoria. ¿Estás dudando? Te diría que pruebes, pero no, mejor no lo intentes en tu casa. Con mi hermano apostamos a ver a quién le salía y surgió tanto engendro que tuvimos pesadillas. Al final terminamos remodelando una de esas creaciones, víctimas del ubicuo reggaeton veraniego, y de ahí la imagen. Sin embargo, en aquella ocasión de impacto con aristócrata, el remate de mi amiga fue magistral: se levantó de la silla, lo miró fijo desde arriba –alta como siempre- y con un perfecto manejo de cierto slang neoyorquino locutó “I´M A NIGGER, BLING, BLING, CLICK´A - CLICK´A YOU MOTHE´ FUCKER!” gatillando un imaginario revólver en la mano derecha. Creo que Octavio se rió, pero retrocediendo a una distancia prudente, digamos hasta Manhattan.
En un escrito anterior mencioné la incapacidad completa de las clases altas para ponerse en el lugar del otro. Para ejemplo cortito y al pie está el que no pudo comprender que una muchacha asalariada como yo permaneciera todo el verano en la ciudad de Buenos Aires. Sencillamente, no entendió lo de no-salir-de-vacaciones-a-Punta durante tres canículos meses. Sin embargo, este año sí me fui, pero no a Punta sino a Santa Teresita, que viene a ser a la costa atlántica lo que Floresta a Buenos Aires o el Bronx a Nueva York.
Cuando le comenté a Ana que se me había pegado el spanglish -en virtud de habéserme desportillado día a día en los oídos Eddie Lover, Don Omar, Chapa “C”, Macano, La Factoría, Rakim&Ken y Daddy Yankee- se asqueó y me dijo que no le gusta el reggaeton. Pero para mí que no hay tanta diferencia entre su “Bling, bling, click´a-clicka” hiphopero y esto que yo le hubiera contestado a Octavio si me pedía un encendedor:
(Léase aspirando las consonantes y con la mandíbula un 40% más distendida de lo corriente en las sílabas con “a”.)
“Oye, mammo, teiquere, teiquirísi, no me pidas lighter, que aunque lleve top halter, no soy tu gatita, soy strít-fáiter, la más daddy de toda´ la´ west-mammie´ diacá a Santos Lugare´. Hellow, pára el chóu, bájame la revolución, enfunda ese fusil, aquí no hay ligther con refill, que yo no soy amiga, soy mala, soy hormiga brava. Y mira-mira, si esta callejera se jalea, es gata que araña, da pelea, te saca las muela´, y da pena la secuela.” Y me daría la vuelta, meneando la minifalda de cadena´ a laspalda, con esta´ mis nalga´ de veinte quilate´que sacas a dieta de aguacate cocido en salsa de tomate, y por delante aquel colgante, con el signo peso´gigante, en strass bien briyiánte. (…)
Sóri bróders, me ofreceré de lirista a Wisin y a Yandél, regreso al ratico, no se vayan a perder.


(*) Octavio es el nombre falso más aristocrático que pude hallar habiendo descartado a Leandro, Tomás y Lautaro, porque en el fondo me gustan para ponerle a un hijo o a un perro.
(*) Ana es el nombre falso de una amiga que a pesar de que la hice quedar como heroína y de que este escrito es un homenaje para ella porque cumple años el 22 de febrero, por ahí no le gusta esto que escribí y me manda a matar. Es que es de Floresta. Y Floresta es así, Floresta es el Bronx.

HOY: La cena de Año Nuevo

(ÚLTIMA NOCHE DE ALGÚN AÑO, 40°, CASA DE ABUELA CATY*)

BISABUELA: -No, nena, ensaladita tengo, dame lechón.
ABUELA CATY: -No podés, mamá. Y vino tampoco.
B.:-Pero nena…
A.C.: -(Condescendiente) Bueno, a ver, dame el plato. (Sirve una exangüe porción, inversamente proporcional al colesterol de la bisabuela.)
B.: -(Secretea inclinada hacia mí y golpea el puño sobre la mesa) Mirá qué miseria lo que me dio, a vos te parece. (Socarrona e indignada, a su hija) ¡Dios te conserve ese corazón de oro, nena!


Esta imagen de un lindo adorno navideño cuyo elemento decorativo es tirando a sospechoso, la obtuvo Andrea* cuando decoraba el local en el que trabaja. Quizá pase estas fiestas con nosotros, aportando su glamour, sus cabellos de propaganda y su caterva de anecdotarios inverosímiles. Yo quiero que venga; sería maravilloso, atípico y renovador. Es que desde 1934 en mi casa los años nuevos son idénticos. Para muestra basta el diálogo precedente; mi bisabuela exigía lechón aún a sus noventiséis bien cumplidos, y torta de nuez con crema, y que a nadie se le ocurriera darle poca sidra porque, si bien quedamente, empezaba a putear en genovés. En fin, otra prueba de que el tiempo cíclico de Borges es verdad. Todo lo referido a la mesa compone un rito inviolable, repetido desde lo inmemorial; a saber:


1) El menú de ensalada rusa, palmitos en salsa golf, vitel thoné, lechón, pollo frío y melón con jamón; independientemente de cuántos vegetarianos, diabéticos o personas con dieta no cárnica hayan surgido en la familia a través de los años, los reveses económicos de la misma o el cese de importaciones de palmitos por barreras proteccionistas en diversos gobiernos.
2) El mantel blanco de las tías; que por tradición es limpiado de sus manchas de vino tinto arrojándole vino blanco, sin que se haya registrado hasta la fecha prueba alguna de la eficacia de tal procedimiento si al vino no se le echa lavandina previamente.
3) Los cubiertos finos; que a escasas horas de la medianoche mi abuelo arroja derrotado sobre el plato, retirándose a la cocina con gallego ímpetu en pos de un tramontina, al comentario de “¡Coño, Nelly, cuántas veces te he dicho que estos cuchillos no cortan un caralho!”
4) Las nueces y avellanas; que mi hermano rompe por el llano deporte de poder romper algo, aunque se vea obligado a comerlas luego con 38°C y 100.4 F°.



(*) Caty es el seudónimo que uso para mi abuela Nelly, es tan bizarra que a veces me da miedo saber que compartimos genes.
(*) Andrea es el nombre falso de una amiga que sale en un videíto de Youtube la mar de jocoso, interpretando a una sirena de Año Nuevo. Por consideración hacia ella y temiendo que el 31 le eche soda a mi copa de extra brut, no lo linkeo.

HOY: La ornamentación navideña

(INTERIOR, NOCHEBUENA, CASA DE ABUELA CATY*)

ABUELA CATY: -Tomá, poné en la mesa el pajarito.
YO: -Bueno, pero ya no se usa más esto de poner pajaritos come-carozos, abue.
A.C.: -Entonces poné el pececito, nena, acá tenés.



“De todo hay en la viña del Señor”dice mi abuela y “De todo hay en el arbolito de mi casa” digo yo. Sí. Hasta ese familiar invertebrado de jardín está presente. De fino cristal azul, con una delicada cuerdita dorada, listo para colgar de una rama de pino sintético, les presento a… BABOSÍN.
Que hay adornos y adornos, ya lo sabemos. No por algo María Natalia* afirmaba que era desesperante su Navidad auspiciada por Coca-Cola, producto de veintisiete años de poseer almacén familiar y despacho de bebidas donde nadie reclamaba las promociones de diciembre.
Animalejos con cuernos, con alas, con jorobas, todo es válido; la Navidad es la fiesta del amor y la paz y por lo tanto, a nadie excluye. Las Pascuas ya dijimos que son más elitistas, sólo aceptan liebres y aves. Halloween, sólo murciélagos, los cumpleaños de G. “Guillote” Cóppola, sólo gatos.
Babosín apareció en la Nochebuena luego de cuarenta y tantos años de hibernación encajonado entre servilletas amarillentas. De más está decir que fue la atracción principal del almuerzo navideño. Tal vez por puro esplín de diciembre, quizá ya hartos de vernos las caras los mismos seis gatos locos (léase familiares, nada que ver con Guillote), Babosín pasó de mano en mano y cada comensal le otorgó un rasgo de personalidad y una actividad particulares. Presentamos un aquí un extracto de ese sano esparcimiento:
ABUELO: (Lo hace flotar en el Rolito derretido de la hielera) “Babosín náufrago”
ABUELA: (Dobla una servilleta de papel y la sujeta detrás de él) “Babosín angelito”
HERMANO: (Lo acerca a un ingenioso telescopio en miniatura realizado con restos del tapón de la sidra) “Babosín científico”
ABUELA: (Arrebatándoselo a HERMANO en un rapto de inspiración, lo encierra bajo una panera de mimbre en todo similar a una jaulita) “Babosín presidiario”
PAPÁ: (Lo arroja dentro de su copa de vino) “Babosín borracho”
MAMÁ: (Lo acerca a su escote) “Babosín baboso”
Como yo agarré la cámara y le saqué fotos desde varios ángulos, calcularán que dije “Babosín modelo”, pero no; tracé con miguitas su breve silueta sobre el mantel, lo enfoqué con la lente y anuncié acongojada “Babosín asesinado”.
Trágicamente, mis palabras serían proféticas. El 25/12/2007, a las 14.47 horas, ABUELO corrió bruscamente unas semillas de pasas.
El crujido del cristal nos avisó que Babosín (Q.E.P.D.) había dejado de existir.


(*) Mi abuela Caty es mi abuela Nelly y jamás va a leer esto, así que en realidad no había necesidad de decirle Caty.
(*) María Natalia es el nombre falso de una amiga que cree descubrir alegorías de partes pudendas -como ser un esfínter- en sus adornos del arbolito. Y algo de razón tiene.

HOY: Las postergaciones

(INTERIOR, NOCHE DE VERANO, MI CASA)

YO: -Gonzalito, ¿no te vas a bañar hoy tampoco?
PRIMO GONZALITO*: -No, Pili. Yo duro limpio varios días.




Este escrito sobre las postergaciones fue tan postergado que motivó chanzas. De hecho, la idea de realizarlo surgió durante el invierno, con la cancelación de uso del inodoro en casa. Terrible es vivir donde hacer pipí queda pospuesto indefinidamente hasta que el plomero diga. Esta situación crítica para la vejiga me hizo acordar al cartel de un tren del ramal San Martín -delataré mi edad- allá por cuando había ferrocarril de larga distancia. El mismo rezaba: “Sr. Usuario, sírvase usar el sanitario con la unidad en movimiento”. Un pasajero avispado contestó con lápiz: “Sr. Ferroviario, el tujes no tiene horario.”
La postergación es un síndrome que suele contagiarse a través del contacto con pintores de obra, plomeros, mecánicos, carpinteros y deliverys de pizzería; en la sintomatología clásica el infectado presenta rasgos clave de insistencia retórica tales como: “Mañana mismo se lo tengo listo”; “Su pedido salió hace veinte minutos”; “Es que no consigo el repuesto porque es importado de afuera (sic) y ya no lo traen”; “A las nueve estoy en su casa, doña”. En los últimos meses he debido tomar contacto con este amplio grupo de riesgo; comprobé que con la postergación no se ha inventado nada efectivo en cuanto a profilaxis.
Lo malo de andar postergando es que ya estamos en diciembre, pero estos escritos se fueron posponiendo tanto que no voy a estar en fecha para hablar de la Navidad, y la Navidad es terriblemente efímera. ¿Hay algo más deprimente que los almacenes con guirnaldas verdirrojas y campanitas llenas de tierra en pleno marzo? ¿No les dan desconfianza esas remiseras con adornitos dorados de “Feliz 2006”, donde se nota que debajo del 6 antes había un 5? Bueno, parece que de seguir así, la gente va a desconfiar de mi blog y algunos se deprimirán con él. Espero postergar semejante crisis. Tengo esperanzas porque mirando a EE.UU. -para variar- veo que pudo, salió de la depresión económica y generó confianza en los mercados (…) Ah, ¿no? ¿son mentiras de los medios? Rayos, ahora el blog ya está creando desconfianza.

(*) Gonzalito no es Gonzalito, y además nos une otro tipo de parentesco porque yo no tengo ningún primo, ni tío, ni tías, ni perro que me ladre.

HOY: Las cosas odiosas de la vida -Parte II-

(INTERIOR DE UN MICRO EN MOVIMIENTO, NOCHE DE TORMENTA, UN PARAJE EN LA RUTA A CÓRDOBA)

MAESTRA 1: (Chillona cual grajo de las pampas) –Noelia, oíme, qué hora tenés.
MAESTRA 2: (Zalamera) –Ay Guille, cebame un mate, dale, Guille. Guille. Guille, ¿me cebás un mate?
M.1: (Incansable) –Noelia, ya son las dos y media de la mañana, ¿no? Noelia.
M.2: -Sí, sí. (Levantando más aún la voz, si cabe) ¿Se lavó la yerba, Guille?
YO: (Cuatro asientos más adelante) -Mñgrunff…
M.2: -Cómo llueve Guille, ¿a vos te gustan las tormentas?

(Transcurre un lapso de hora y media, todo él lleno de sinsentido docente, dos concurrencias del chofer con mala cara intentando descomprimir la situación y varios bufidos de pasajeros ante su fracaso.)

M.1: (Haciéndose notar, por el volumen y entonación) -¡¡Y viste Guille que en un departamento hace más calor arriba que abajo!!
Y.: (Se tapa con la campera; voz en off) ¡AY, SÍ! ¡EUREKA, SEÑORA!




Con la mano en el corazón os saludo, queridos amigos. Nuestra lista de cosas odiosas se acrecentará una vez más. Hoy sumaremos a la gente que grazna de noche en los colectivos de larga distancia, como así también a las picaduras de mosquito, las remeras de batik con duendes mal hechos y los relojes que usa González Oro.
Tuve la mala puntería de embocarle con mi pasaje al colectivo que transportaba cierta manada de gente que resultó ser (lo deduje gracias a la nitidez de sus conversaciones personales) un contingente de maestras entre los veinticinco y los treinta años de edad, oriundo de Villa María, en el que el único Maestro era un tal Guille. Guille quería mate, le daban, Guille quería galletitas, le daban, Guille quería charla, le daban; en fin, a Guille le daban todas, parece.
Algo bueno del viaje fue que el colombiano que viajaba a mi lado creía en la hermandad latinoamericana y me convidó frazada de dormir, se ve que las maestras estaban acaloradas porque bajaron a pedirle al chofer que por favor subiera más el aire.
Ahora bien, para los que no están al tanto: cualquier pasajero que haya viajado en un semicama de dos pisos sabe lo POTENTE y MALIGNO que puede llegar a ser un aire acondicionado de micro. Yo no exagero, hay gente que en su equipaje pone abrigos expresamente para defenderse de él. Aún puesto en mínimo, resfría pingüinos. Como prueba hay un testimonio de María Natalia* sobre las vacaciones de 2006; la madrugada la sorprendió en posición fetal balanceándose abrazada a sus pantorrillas repitiendo “no voy a morir así, no esta noche, no de esta manera”.
Bueno, para concluir, no vamos a concluir con algo odioso, sino con algo bueno. En este viaje lo mejor fue la película con explosiones y tiros, como las de los Sábados de Súper Acción que tanto me gustan. Lo malo fue tener que escuchar cómo Guille les explicaba todos los chistes a sus compañeras, aún los que sólo se componían de caídas y resbalones.


(*) María Natalia es el nombre falso de una amiga mía que existe y que encima escribió sobre los micros algo mucho más divertido que yo, fijate acá en el día 13.03.06.

HOY: Los patatuses

(INTERIOR, MEDIANOCHE HIRVIENTE, MSN)
ANA*: -¡Pero qué mal los desmayos! (Cuenta sus últimos tres, todos vinculados al abuso de drogas, rock&roll y Jack Daniel´s) ¡y te golpeaste feo, quedaste muy mal??
YO: -ehhh…machucada, como futbolista que osa golear a un equipo de Bilardo…
A.: -jajajaj ¡bueno! Pensá q X lo pronto no perdiste el humor!!



Esta foto intenta demostrar que la psicodelia es como los patatuses o los volanteros de agrupaciones estudiantiles; vienen de repente y zás, te agarran. A Andrea* le pasó así, estaba lo más piola tomando té de canela en mi casa, y zácate, la atacaron los ´60 a capelina limpia.
Silvio Soldán cobró mucha popularidad de risa (como si no tuviera ya la suficiente) al trastocar aquel dicho de Lo último que se pierde es la esperanza. El buen Silvio, calzado con su peluquín color pelo de Arnaldo André, divorciándose de la Süller, no tuvo mejor ocurrencia que arrojar a nuestros oídos este aforismo: Lo último que se pierde es la elegancia.
Aquí, gracias a mi amiga ex-punk, diremos que lo último que se pierde es el humor. Porque conste que después del patatús, con mi horrible dolor de espalda, el amigo Nacho* repetía, insistente, “andá a que te saquen una radiografía”, harto ya de llevarme agua, prender o apagar la radio y recibir órdenes, y yo le decía que no, que si tuviera algo roto en la columna no estaría ahí en casa leyendo apuntes de Semiótica II y haciendo chistes, a lo que me respondió “no, no cualquiera, pero vos sí.”
En fin, amigos, conocidos, hadas lectoras, recordemos revisar siempre la gaveta del portaequipajes, vigilar nuestras pertenencias personales, y, como recomienda María Natalia*, “Decirle ¡NO! al patatús”.


(*) Ana es el nombre falso de mi amiga ex punk, que si lee esto por ahí se enoja, por ahí se ríe, no sé, por las dudas no diré nunca quién es.
(*) Andrea es la de siempre, puse una foto suya porque ya se estaba volviendo demasiado mitológica y algunos dudaban de su existencia.
(*) Nacho es el amigo al que siempre le tergiverso lo que dice, de la misma manera que cambio su identidad a piacere.
(*) María Natalia es el nombre falso de esa amiga mía que siempre da consejos necesarios y advierte la presencia de la Muerte a cada paso. María Natalia es útil en cualquier aventura, como las navajas suizas.

HOY: Las buenas noticias

(INTERIOR, ANOCHECER DE PRIMAVERA, CHARLA TELEFÓNICA)

MAXI (*): -Contraje la soltería, amiga.
YO: -Aah… (Recordando a la ahora ex novia piensa si debe lamentarse o felicitarlo)
M: -Y nada, eso.
Y: -Bueno, che… la soltería nadie la contrae, no es una enfermedad.
M: -¿Vos decís?
Y: -No, por algo lo único que se contrae es el matrimonio, Maxi.


(Este escrito no está muy logrado, lo he releído y no hay caso; los argentinos no estamos acostumbrados a las buenas noticias. Cuando las hay, el diario nos dice que son malas, cuando nos cuenta las buenas, sospechamos que son nefastas… y así nos vamos convirtiendo en posmodernos.)
Pese a lo que acabo de contar antes del paréntesis -una FEA noticia, por supuesto, no soy tan mala persona como para alegrarme cuando un amigo se separa, más allá de que lo haya usado para hacer el chiste- he notado que mis amistades no me tienen confianza para confesarme sus momentos de debilidad anímica.
No, no. Por eso sólo me llaman o me ven para decirme “grabo un disco”, “saco un libro”, “me voy a vivir con mi novia”, “organizo un desfile”, “ascendimos a la C gracias a un gol mío”, “te traje esto de Noruega”, “me hice el book y ya me pagan por salir en culotte” y otras cosas positivas por el estilo. Y sino, de última, se me decantan por traumas juveniles o de la infancia ya superados, tales como “en primer grado, mi maestra de piano me tocó la cola”, “a los doce le prendí fuego a un galpón” (de esos hay dos por lo menos), “con mi hermano rompimos un vidrio en el juego de la copa” o “atropellé un pato con el auto”.
Cuando están mal se meten en la cama a hacer pozos de sábana amarga durante meses –yo también pero no importa- sin llamar ni contestarme, y la explicación es que “no da para una vez que te veo contarte estos bajones”, “no quise porque vos siempre estás contenta” o “no me dio porque cada vez que hablamos me invitás a una fiesta”. ¡Momento! ¿cómo que “siempre estoy contenta”? ¡si hay sábados que a las dos de la mañana estoy tarareando Dancing Queen en pantuflas con un cacho de pizza fría en la mano! O poniéndome hielo por algún porrazo que sufrí al desmayarme. O cosiendo medias, sincronizada con una amiga que vive a 1450 km. Y la última vez que me invitaron a una fiesta no debe haber estado tan buena porque no me la acuerdo, la verdad. De todas formas, los lectores de este blog –entelequias inasequibles cual hadas- ya quedan formalmente invitados a la próxima que habrá en casa, muchedumbrosa y a todo trapo, para celebrar que se termina este 2008 de #&ζ%$ξ#ф‡*¨∂פֿ#*#. La buena noticia es que habrá 3 (tres) gustos distintos de gelavodka. ¿No es fabulantástico? (...)
No, dejá, mejor no me contestes.


(*) Maxi es el nombre falso de un amigo que en realidad hace un montón que no lo veo, que seguramente no lee esto y que quizás ni siquiera esté en el país. Pero es así, en este blog los asteriscos mandan.

HOY: El atolondre bolonio – Parte I -

(INTERIOR, NOCHE, BARCITO TOP EN PALERMO SOHO)

YO:-¡Ale, Ale! ¡Mirá! ¡El cantante de Babasónicos!
ALE*:-(Pispea achicando los ojos) ¡¿Dónde, dónde?! ¿Ése?
Y: -(Asiente entusiasta mientras revuelve en la cartera con ambas manos, quizás adelantándose a Ale en la búsqueda de un bolígrafo para autógrafos)
A: -¡Pero no, Pili! ¡Ése es el que hacía de Hijitus en Videomatch!


Si bien bauticé este escrito como “Primera parte”, eso no quiere decir que ya esté pensada la segunda. Al igual que en “Las cosas odiosas de la vida”, mi optimismo averiado me permite aseverar que habrá letra suficiente para varias secuelas.
“Bolonio” es un adjetivo peyorativo que surgió allá por después del Renacimiento para denominar a los malos estudiantes, principalmente hijos de nobles venidos a menos o comerciantes idos a más. Resulta que como los viejos no les podían bancar una Universidad decente, los mandaban a cierto colegio de Bologna, el cual vendría a ser como la Kennedy. Se ve que estos muchachos sólo querían divertirse, porque les dejaban unos chelines a los catedráticos y egresaban como por un tubo. Pero cuando volvían presumidos a sus pueblos natales, con plumas en el sombrero y calcitas blancas (rara moda masculina la de aquella época) trataban de hablar en latín y les salía griego mareado, chamuyaban a lo pavote y cualquier sacristán abombado les pasaba el trapo.
Es así como la ciudad de Bologna les dio nombre a los que confunden todo, opinan trastocando conceptos, se enredan en su retórica, tergiversan latinazgos y su habla es un puro patatús. De todas formas, el término “bolonio” es mucho más conocido desde aquel capítulo en que el Sr. Burns se lo aplicó a Homero. Y la ciudad de Bologna es más recordada por haber dado su nombre a una salsa para ñoquis antes que a esta formidable clase de atolondrados. Es menester aclarar que formo parte de ella desde que rompí el cascarón.
Debe haber muchas clases de boloñez, yo tengo muy enfatizada la que hace confundir caras y la que trastorna todo lo relativo a bandas, cantantes, discos y canciones. Con la primera, saludo amistosa a completos desconocidos e ignoro con respingos a compañeros de facultad, ganándome sendas malas famas. Con la segunda, muestro lo ignorantemente sorda que soy. Con las dos combinadas, paso burdos papelones. Una muestra es aquel atolondre del principio, ilustrado por la fotografía de Adrián D´Argelos charlando con el Enmascarado en Radio Atómika. Del Hijitus de Videomatch no pude hallar foto alguna en Google; se ve que no es tan famoso como creí, lamento haberme entusiasmado tanto por rantifuso semejante.
Continuando con mi boloñez, confieso que la palabra “Mercury” siempre me remite empecinadamente a Freddy, aunque también se trate de una banda (que no se parece a Queen) y de un auto. Además, en un 40% de los casos, no le acierto al sexo del DJ del que estoy hablando. Pero lo resolví de una manera inteligentísima: si llego a decir “es muy bueno” y me miran raro, agrego “lo que hace”. ¡Basta de pasear mi boloñazgo cual estandarte!
La opción de -algún día- informarme correctamente y como Dios manda está descartada, claro. No por algo soy bolonia.


(*) Ale es el nombre falso de una de las varias amigas de Andrea, pero como no las distingo entre sí, puede llegar a tratarse de la verdadera Ale. Qué problema.

Hoy: El toque ácido que no esperaba

(INTERIOR, TARDECITA DE MATE, MI COCINA)

YO: -Y no sabés, ayer me encontré un lagarto en la terraza, hermoso era, y se ve que ahí vive bien porque estaba gordito (…) y el otro día una amiga mía vio una culebra, toda gris, cruzando la calle, allá en San Juan (Mira al infinito con ensoñación y se le queman las tostadas. Lo disimula raspándolas con una cuchara a espaldas de Nico*)
NICO: -(Se pone a enumerar, esgunfiado) A ver, te gustan los sapos, las lagartijas, los murciélagos, las víboras, tenías un novio abogado, después salías con un peronista; me cache… ¡CÓMO TE GUSTAN LAS PLAGAS!



Seré una viva ilustración de esta frase inspiradora obtenida en la parte trasera del diario. Como quedo demasiado mal parada con la charla precedente, haré caso omiso de la misma. Porque a palabras tuertas, oídos ciegos. O algo así.
El otro día estaba escuchando la radio, y descubrí dos cosas de sopetón, llamativas para una novata como yo. La primera, Radio Atómica, que por varios cuerpos de ventaja respecto a cualquier competidora, es la más bizarra del Oeste, superando aún a la 93.7, radio de la Policía Federal. La segunda, que mis relatos futbolísticos preferidos son los de Radio Belgrano.
Antes ponía a Víctor Hugo y en vez de un partido parecía una conferencia de legislación nuclear en La Haya. En cambio, Radio Belgrano tira más a la chacota. Principalmente por los locutores que se pelean en agrio tono con diálogos incisivos como “En la televisión dicen otra cosa de ese gol, Freddy” -Freddy ni bola- “Fue off side, nada que ver con lo que comentaste, Freddy” (Freddy lo mata con la indiferencia y continúa el relato por si Maxi Moralez vuelve a darnos alegrías) El otro, malévolo, insiste cual mosquito de alcoba: “el línea no, VOS sos el que se tiene que comprar los anteojos, Freddy”. A lo que éste responde con ira: “¿me dejás terminar MI comentario, por favor? (chillidos de audio, le están por cerrar el micrófono, pobre Freddy) “Pero todavía no terminé de coment...” (Anuncios comerciales).
Además, siendo hincha de Racing y ganando, uno está como exultante, feliz de la vida, camina por las paredes, hace loopings, bate palmas y le pregunta cosas al transmisor, como en Los Tres Chiflados. Lo llamativo de esta emisora es que te responde, igualito que le pasaba a Curly. A mí el domingo me decían “señora hincha de Racing, frótese los ojos, ¡esto no es un sueño!” imitando un poco el entusiasmo de Príncipi cuando en 100% Lucha va ganando uno de los buenos. "Racing está de fiesta ¡y San Lorenzo de siesta!" “La Academia supera 2-0 al puntero del campeonato. ¡Pellízquese nomás, no le pusieron nada en el vaso, señora, pasa de verdad!” Y también mechaban comentarios poéticos intrincadamente metafóricos sobre las nubes, el balón y los cielos de Avellaneda. Lo que se dice, unos vates del deporte.
¿Dónde está el toque ácido que no me esperaba? ¡En las propagandas, por supuesto! Si bien la que más recuerdo es “Confitería Atuel, en eventos, la mejor de Ballester”, porque rima mucho, y la de “Cool Pilar”, por ser mi tocaya (“¿El partido se puso caliente? ¡Enfrialo con aire acondicionado Cuuul Pilaaar!”) había otra muy, MUY, ácida, y quizá macabra: “¡NO CORRA! Cochería Paraná SABE por qué se lo dice.”
Golazo.


(*) Nico es el nombre falso que presento para nombrar a una persona verdaderamente impresentable.

HOY: Los signos del zodíaco

(INTERIOR, TARDECITA, PELUQUERÍA DE BARRIO)

MUJER EDULCORADA E INSISTENTE: (Señala un horóscopo de la Para Ti) -Yo soy de Géminis, como mi hermana y mi novio, ¿vos?
YO: -¿Yo? Yo de Leo, como Madonna y Fidel Castro.



Visto que en la vida real –en el calendario del blog, no- fue el Día de la Madre, debería hablar sobre ellas, pero mis escritos van tan atrasados que el anterior es un homenaje al Día del Niño. Ya voy a explicarlo bien en mi ya postergadísimo escrito sobre las postergaciones. Por lo pronto hablaré de los signos, a pesar de que ya no estamos bajo el de Leo, porque pateé tanto al post que andamos por Escorpio.
Más allá de la fama que nos han hecho a los leoninos, de petulantes y orondos, es todo verdad.
Un leonino no presenta a dos amigos, les ordena conocerse; no sugiere, intima; no pregunta, interroga. Y tampoco habla, sólo asienta veredictos. Como prueba basta aquella imagen de holaholahelecho:http://holaholahelecho.blogspot.com/2008/04/dont-cry-for-me-clandestina.html Sencillamente, no puedo evitar hacer eso en todos los balcones. Y no por peronista; es que nací así, megalómana.

Una vez a una conocida mía le dijeron que en otra vida había sido virgen incaica ofrendada a los dioses, y por eso se había tatuado un cuchillo de sacrificio en la pantorrilla izquierda. Para no ser menos, yo podría verter mi verdad igualmente científica al decir que en otra vida fui faraón. Faraona, en realidad. (Desconfía de sus propias palabras. Ceba un mate. Reflexiona. Decide que siempre que se inicia un sinsentido, lo más sensato es continuarlo, pues la verosimilitud sólo peligra en las frases breves, como lo demuestra José Narosky a diario. Cobra impulso.) Y también cantante etrusco, huérfana en el Lejano Oriente, travesti maya, veterinario de las caballerizas de Su Majestad Jorge VI, obrera fabril del 1900 en Buenos Aires -esa fue la peor- y cortesana bielorrusa, para mayor exactitud.
Por suerte a mi signo Leo le hace contrapeso el del Chancho en el horóscopo chino, que es como más humilde. Dicen que en la antigua China a las mujeres que nacían cerdas las solían abandonar de recién nacidas, pues son difíciles de casar. Espero que la Revolución Cultural haya intentado avanzar sobre semejante falta de urbanidad hacia nosotras; mi vida sin padres en Pekín no fue agradable, y como habrán visto, no se compuso en el imperio maya a pesar de haber nacido hombre. Respecto a la dificultad hacia la boda, atestiguo que es una pura verdad. Y al dicho de que somos buenas amas de casa y limpiamos a lo tonto porque tenemos complejo de chiquero, también.
María Natalia* creyó toda su vida que era una rata, hasta que se dio cuenta que había leído mal el horóscopo y era una vulgar cerda de agua como yo. No sé si se sintió feliz con el cambio. Porque si bien hay chanchos loables como David Bowie, Alfred Hitchcock y el Dalai Lama, también compartimos predicciones con Moria Casán, Henry Kissinger y Diego Torres.



(*) María Natalia es el nombre falso de la falsa rata, que ya sabiéndose cerda aseguraba sin embargo que el horóscopo ratonil siempre le había acertado. Hace poco se cruzó con una víbora y su instinto roedor la hizo huir de inmediato.

HOY: Los niños

(INTERIOR, NOCHE DE CASAMIENTO, GUARDARROPAS DE SALÓN DE FIESTAS)

PRISCILA*: (Se dirige a una pequeña que quedó a su cuidado, con plena confianza y sin imposturas en la voz) -¿Y vos qué querés ser cuando seas grande?
NIÑA DE 9 AÑOS: -Y, lo primero, rubia.



¡Oh! ¡Los niños… pequeñas larvas de mamífero humano que exasperan nuestros ánimos y mojan nuestras camas…! Priscila se lleva bien con los chicos, a menos que sean malcriados y tengan más de veinte años, claro. No era ése el caso de la nena del guardarropas. Cuando mi amiga le preguntó por qué no le gustaba el pelo morocho, se justificó aseverando que “las rubias son más millonarias y las persiguen más los chicos”. ¿Estamos acaso ante una precoz lectora de mi blog, que quiere emular a Belén*? De ninguna manera, estamos ante un exponente de la Generación XXY, una raza de criaturas perspicaces a más no poder, que le comerían los tallarines en la cabeza al mismísimo Herodes.
Lo de Generación XXY no es porque los niños ahora sean hermafroditas, sino porque las fatídicas palabras tranquilizadoras de algunas madres (“te las dejo un ratito, seis horas nomás, no te hagas problema porque son nenas, ¿viste?, las nenas no hacen lío”) y también las de otras (“te los dejo, me voy a un día de spa, pero no te preocupes porque son varones, les tirás una pelota y listo”) ya han dejado de tener sentido. Hoy por hoy, ni los nenes se entretienen con poner en riesgo su integridad física por un fútbol desinflado, ni las nenas se divierten sólo con separarse en grupitos rivales armando intrigas crueles entre sí y divulgando secretos de otras. No, el mundo ya no es el lugar apacible que solía ser en mi infancia.
Tanto las XX como los XY son la piel de Judas, al decir de una persona muy querida para mí, que tiene la paciencia de ser maestra suplente. No cuento aquí lo que le hacen pasar sus alumnos o cómo le han llegado a contestar porque lo considero irreproducible. Violentando mis principios acerca de la conveniencia y salubridad de una educación pública laica y gratuita, diré que a esos chicos hay que mandarlos a un colegio de curas; al menos hasta que las maestras se capaciten para practicar exorcismos.


La criatura de la anécdota del principio, tiempo más tarde, por esas casualidades de la vida, compartió conmigo un evento cultural lleno de gentes cultas y cool. Mi obligación era filmar y atender el asunto del vino (tomármelo, claro), Priscila vendía libros y Nacho* controlaba la caja chica. Quiso el capricho del destino que la niña viera en mí a una autoridad a desafiar, y por lo tanto se me acercó con ímpetu de “mirá hasta dónde tiro de la cuerdita”.
Presentaré la situación en tres actos, ya que estamos en un ambiente culto.
Primer acto: La niña lleva un gigantesco avioncito hecho con el culto programa de actividades del evento cultural. Levanta la vista, me mira y declara voluntariosa: “Le voy a tirar el avión a ése de ahí”, y señala al tipo culto que ya ha sido marcado por Nacho como el más presuntuoso, estúpido e insoportable de toda la concurrencia. “Ah”, le digo, “¡Pero no!….¡no..!”, niego con la cabeza y agarro el avión. (Dudo del carácter adulto de mis actos, aunque no más de un segundo, por suerte) “con esto así no le vas a pegar, se te cae al suelo allá y te lo rompen seguro, mirá, si le das vuelta esta parte y le cortás eso, así, el avión dobla, ves, y al tipo se lo ponés de frente, por ahí en un ojo y todo, y si no le acertás, igual vuela de nuevo para acá”.

(Telón) -Entreacto: La niña se pierde en la multitud culta.- Segundo acto: Priscila pregunta por ella, yo no sé nada, le digo, y me tomo otro vaso de tinto salpicado de migas. Sigo filmando y pongo el zoom por entre la gente culta. Veo que un treintiañero fanfarrón de anteojos cuadrados y peinado desparejo es atacado por la réplica en papel de un MIG 31 ruso.

Tercer acto: La Niña entra en escena corriendo, me echa los brazos a la mano (suelo proteger mi cuello de excesivas ternuras), y declama: “¡Gracias! ¡es el avión más hermoso del mundo!” Y ahí es cuando, por más XXY que sea la niña, yo me emociono como una pava…Porque siempre pensé que mis aviones eran una porquería comparados con los que hace mi hermano, y eso que es mucho más chico que yo.


(*) Priscila es la amiga a quien le mantengo el nombre en secreto porque la hice quedar mal cuando develé a quién quería votar en las últimas elecciones.
(*) Belén es la amiga atractiva de la cual no puedo develar su nombre porque en febrero ya la hice quedar como un gato aprovechado en “Las facilidades de las rubias”.
(*) Nacho es el amigo que, cuando le develé que salía en mi blog, dijo -por las dudas- que soy una yegua, así que -por las dudas- le mantengo este falso nombre.