HOY: Los Volanteros –Parte I-

(INTERIOR, VÍSPERA DE ELECCIONES ESTUDIANTILES, DESCANSO EN ESCALERA DE FACULTAD)

VOLANTERA: (Reparte panfletos de su agrupación a troche y moche, incluso con violencia)
JOSEFINA*: (Esconde las manos y se anticipa) –Gracias, ya tengo.
V.: -(Despreciativa, escamotea la pila de folletos) –Ah, igual no te iba a dar, nena.


Así te vea cargando amplio bolsamen supermercadil, una mochila de niño, el niño mismo, una begonia con maceta y el celular, te va a insistir para que agarres lo que reparte. Así esté ofreciéndole drenaje linfático a un señor trajeado con portafolio y bigote marcial, él le encajará el papelucho. El repartidor de volantes porteño conoce su profesión, y desconoce límites.
Hay dos tipologías básicas que conviene distinguir: el mercenario (le pagan; su hábitat preferido son las avenidas) y el ad-honorem (lo hace por amor a la camiseta -del Che- y frecuenta en manada las universidades públicas). Estos últimos suelen ser feroces y acompañar la volanteada con aullidos de propuesta electoral.
En el próximo encuentro hablaremos sobre los volanteros mercenarios, las categorías en que se dividen y sus frases favoritas. Lo urgente ahora son las medidas de prevención contra los ad-honorem. Si te ataca alguno, intentá debatir sin dejar que ponga en marcha su casete discursivo; equivale a no correr en línea recta cuando te persigue un cocodrilo.
Para que la comparación anterior tenga sentido supondré que es muy habitual ser perseguido por cocodrilos en la ciudad y que todos sabemos cómo huir de los mismos. Es una hipótesis mía porque con lo de la gripe N1H1 hace mucho que no piso las calles y me las imagino como un pandemónium de transeúntes malévolos que estornudan porcinamente, valerosos reporteros munidos de micrófono y alcohol en gel que los combaten, Godzilla refrescándose en los lagos de Palermo, un convoy de insurrectos animales del zoo puestos en libertad por cerdos resfriados a los que ni Elliot Ness puede detener por miedo a acercarse, y lo peor: votantes de Macri sin bozal.
Continuará.


(*) Josefina es en realidad una compañera mía la mar de finolis que, paradójicamente, tiene el nombre femenino más peronista del que se tenga noticia.

HOY: El ajedrez del flirteo

(INTERIOR, MEDIATARDE, MI COCINA)

NOVIA DE LUCAS*: -Pili, ¿un peón puede comer a otro si están enfrentados en las columnas laterales? Porque cuando juego con la computadora, me lo hace siempre. (Suspicaz) Para mí que me trampea.


Tras mucho cavilar en mis forzosos cuarteles de invierno, he descubierto una insólita similitud entre los devaneos del cortejo amoroso y el ajedrez. Dejo para la posteridad esta codificación de pieza/actitud apta para todo público, útil para sacarle la ficha a esos señores a los que nunca les cae la misma.

-Rey: Siempre está a la defensiva. Es cuando le mandás un mail a Su Majestad y no contesta. O lo llamás y se hace el arisco en todo: “Ah, es que por ahí ensayo, por ahí trabajo, por ahí me duele el pelo.” No hay manera de darle jaque.

-Reina: La actitud Reina es similar a la del Rey, pero con más displicencia, divismo y libertad de movimientos. El susodicho se pone en estrella y tira datos a lo pavote que demuestran lo cool que es: “Si querés te veo, pero mensajeame porque no sé dónde voy a estar, tengo que ir a un evento en Palermo, antes ceno con Alan Faena y después vuelo a Punta”.

-Caballo: Posee dos rasgos característicos. Primero, al verlo, tus amigos gays susurran “alto potro te enganchaste”. Segundo, nunca anda con el caballo cansado, ya que su modus operandi es saltar de escaque en escaque, boliche en boliche y señorita en señorita. Imposible domar a este bagual, desobedece toda rienda.

-Alfil: es cuando el caballero se va por la tangente y le lanza oblicuas miradas a tus amigas, primas o hermanas. Es tan poco confiable como el caballo.

-Torre: al revés que en el tarot, acá la Torre es buena. Consiste en algún tipo de acercamiento sólido, que puede ser horizontal, es decir, de camaradería: “acompañame a la cancha”; o vertical, o sea, de caballerosidad: “te llevo al cine”. Cuando después de algunas aceptables movidas-torre el tipo se mete en Rey, haciéndose el interesante, más que en un enroque estamos ante un enrosque de los típicos que suelen tener estos pibes en el marulo.

-Peón: Aquí se da el caso de algunos individuos que llevan a la señorita a un hotel, hacen sus cosas en el transcurso del turno, se retiran y desaparecen para siempre. Se llama “comer al paso”.


(*) Lucas es el falso nombre de mi inquilino; en realidad no es tan falso.

HOY: Los individuos colgados de una palmera

(INTERIOR, MADRUGADA, ESTACIÓN DE SERVICIO)
MARÍA NATALIA*: -Giuli, si nunca más en nuestras vidas volviéramos a tomar Coca-Cola, ¿qué sería de nosotras?
GIULIANA*: -¿De nosotras o de nuestras vidas?



Resulta que estaba yo con mi amigo Gino* en un bar, viéndole los mulatos al logo de Coca-Cola, ocupación productiva si las hay. Entonces aparece la moza y nos ve en pose tortícolis mirando fijo la botellita. Puso cara de “uh, ahora estos drogados no se van más y yo quiero cerrar” con la mayor expresión desaprobatoria que puede emitir una mesera sin perder propinas. Para justificarme no tuve mejor idea que decirle la verdad, que fue algo así: “es que le estamos viendo los negritos a la Coca”, con el pulgar derecho atascado en el pico de la botella. Quizás, si ustedes hubieran estado en su lugar, tampoco me habrían contestado.
Pero no planeaba hablar de mí, hay gente que cuelga de las palmeras más que Gino y yo juntos, y eso es decir mucho. Giuli siempre fue un caso de estudio, recuerdo que me hablaba de Fidel Castro, yo le respondía algo de la guerrilla del ERP y ella lo hilaba con Atila el Huno. Es que teníamos charlas de cama a cama y nos contestábamos completamente dormidas. Su alcoba era harto interesante; resulta que Giuli se colgaba en cambiar la decoración y ya a sus veinte bien cumplidos seguía teniendo sábanas de La Sirenita, pósters de Xuxa, plumas de flamenco obtenidas en un viaje a Cuba y cotillón de su fiesta de quince.
Otro exponente de los individuos pendulares de cocotero es mi amigo Lucas*, que si hay partido te pregunta “¿yo soy de Vélez, no?” Olvidé decirle que ganaron el Clausura, todavía debo estar a tiempo de llevarle la primicia.


(*) María Natalia sigue desaparecida por Facebuc.
(*) Giuliana continúa perdida con su tesis.
(*) Gino vive en el conurbano profundo.
(*) Lucas vive conmigo, lo incluyo en este homenaje a amigos lejanos porque combinamos los horarios para vernos poco y no poder pelear.

HOY: La pulcra depresión sentimental

(INTERIOR, NOCHE, CHARLA AMISTOSA DE CAMA A CAMA)

YO: -Pasa que conocés a alguien interesante, te empezás a ilusionar y al final ves que en realidad no es así. Por eso trato de no engancharme con el tema.
NACHO*: -¿Con forzar la realidad?
Y.: -No, con conocer a alguien.



Cobrar pagos atrasados y pelearse con la pareja en el mismo día suele desembocar en una cosa: zafarrancho de compras. En mi caso, siempre se trata de un asalto al Todo Suelto de limpieza. Asalto es en sentido figurado porque pagué por todas las cosas de la foto, pero convengamos que entrar a un negocio diciendo “¿eso qué limpia?, déme dos” tiene algo de pulsión delictiva, al menos hacia el propio bolsillo.
Yo combato -o combino- la depresión con el aseo doméstico. Es que deprimirse tiene la desventaja de ser un empleo full-time. Llama la gente y te pregunta si saliste a ver el sol que hay, ponele. ¿Qué les decís? Que no, que estuviste de lo más ocupada. ¡Y es cierto! ¿Cómo vas a tener tiempo si tenés que pasar dieciocho horas en estricto piyama? Y dedicarle sesiones diarias al llanto, ser tu propio caddie recoge-carilinas, ver las novelas trágicas de la tarde sin cortes, tararear baladas con las radios tristes, estar al día con el desaliño personal, comer poco… es una agenda que descorazona a cualquiera.
Por suerte el fordismo nos enseñó que se pueden compatibilizar tareas para aprovechar mejor los tiempos. Paso a detallar: podés llorar y sacudir la alfombra con ácaros, perder el apetito mientras destapás el inodoro con ácido clorhídrico e inhalás su vaho, despenarte trepando a la azotea en ojotas para plumerear la antena y así por el estilo.
Gracias a esta depresión proactiva, la casa está impecable. Pensando en positivo, diré que hasta podría compensar mis gastos en productos de limpieza y volverme rica: mi autoestima, por las honduras donde circula, ya es capaz de hallar yacimientos petrolíferos.


(*) Nacho es el nombre falso del que una vez afirmó extasiado “qué lindo tener plata y gastarla en cosas caras para limpiar, Blem naranja, Mr. Músculo antigrasa, ¡Lysoform Citrus!…” Está claro por qué nos hicimos amigos.

HOY: El arte de bardear

(EXTERIOR, CREPÚSCULO, PLAYA)

YO: (Mira el panorama con la pompa posada en pañuelo palestino. Señala un manojo de jóvenes que futbolean) -¿Juegan bien ésos?
PRIMO GONZALITO*: -(Contundente) No.
Y.: -Pero el de rulos corre como loco, miralo.
P.G.: -Sáh…desde que empezó el partido que la toca con la vista.
Y.: -Bueno, ¿y aquél, el de la chomba con Jesús? Tiene actitud.
P.G.:-Jesús no, Capusotto. No corre nada, le echás agua y crece.
Y: -(Achica los ojos) ¿Capusotto? Bob Marley, parece. No, Olmedo. Olmedo de Manosanta. (Esperanzada) ¿Y ése, el de remera naranja?
P.G. :-(Didáctico) No es una remera, es la camiseta de Banfield y es un tarambana. (La pelota pega en la nuca del susodicho y hace gol en contra) ¡Viste! ¡Pero miralo! (Gesticula indignado) ¡QUÉ TIPO, ES UN POSTRE JUGANDO!
Y.: -¿Un qué?
P.G.: -Un postre, un postrecito, ¡mirá lo que es la defensa, (enumera con el canto de la mano) está la línea completa: Shimmy, Serenito y Danette!


Durante las vacaciones noté que, si bien Gonzalito posee talento para jugar a la pelota, para insultar tiene genio.
Él quiere ser piloto, locutor e ingeniero civil. Yo ruego que salga relator deportivo. Sabiendo que su padre es umpire de tennis pero trabaja de astrónomo, o que su madre se recibió de politóloga pero era instrumentadora quirúrgica y preceptora, continuaría la tradición familiar. La contra es que todos viviríamos bajo amenaza telefónica y él no recibiría zapatillas de canje después de los partidos, una pena.
La imagen que nos acompaña parece decir “Paz y amor, no insultes, deja el arma, toma el canolli”, pero no. Porque el objeto de este escrito es explorar las amplias posibilidades del agravio a través de postres. Eso incluye gritar “flancito, flancito” ante mis fláccidos muslos, afirmar que Flor Torrente es menos sensual que una gelatina sin sabor, o bautizar “imperial ruso” a un gerente pretencioso.
Es notable lo rápido que se contagia este modismo de agravio postreril. Un rato después de la crítica futbolístico-playera le pedí a Gonzalito que barriera el departamento. Cuando vi la “limpieza” que dejó, improvisé gestos de hinchada siciliana y le espeté: “¿Ah, barriste? Con la mirada habrás barrido, acá hay mugre, bancos de arena, migas, pelusines… ¡sos un hojaldrito barriendo!”


(*) Gonzalito es el nombre falso de un primo con el que me une otro parentesco.

HOY: El bizcochuelo con vida

(INTERIOR, MEDIODÍA DOMINICAL, CASA DE ABUELA CATY*)

ABUELA CATY: -(Enarbola un bizcochuelo blancuzco, zozobrado en el centro y negro en los bordes) ¡Mirá qué rico el postre que te hice, nena!
YO: (Tiembla)
A.C. :-(Acorrala a su nieta) Te sirvo un pedacito ya mismo.
ABUELO: -No comas, Pilarcita, es una porquería como siempre.
A.C.: -(Coercitiva, sirve una porción abundante) Por qué no te callás un poco, le puse nueces y todo.
Y.: -(Come igual, conciliadora) Sí, igual tiene un gusto raro. (Se atraganta y tose) Abue, ¿con qué nueces hiciste esta torta?
A.: -Le puso las que quedaron de Navidad y estamos en Mayo, a vos te parece.
A. C.:- Ah, se las muestro, así les callo la boca. (Destapa un frasquito y vuelca su contenido sobre la mesa) Con éstas, ven, están buenas…
Y. :-(Azorada, observa pequeños seres blanquecinos que reptan y saltan) Pero abue, ¡¡están llenas de gusanitos, mirá!!
A. C.:-Dónde, nena, nooo, ¡eso son miguitas!
Y.:-¡Si son miguitas por qué las matás aplastándolas con el repasador, abue!
A. C.:-Bueno, callate, qué “delicagada” que sos, queridita. (Querulante y furiosa al ver que poso el “postre” en el plato) ¿¿CÓMO, NO VAS A COMER MÁS??


Después de un grato diálogo sobre la entidad de las miguitas que se movían por propia voluntad, mi abuela reiteró: comé otro poquito, nena. Yo le expliqué que todo bien si estuviéramos en guerra o con la ciudad sitiada, pero ahora paso, abue, gracias. Calcularán que agradecí in mente las gestiones de Cancillería por no tener hipótesis de conflicto con ningún país de la Tierra.
Calcularán que mi abuela, pese a todo, insistió.
Calcularán que, de hacerle caso, sería la mejor nieta del mundo, pero no: soy la más sojuzgada. Me mandé al buche un bocado -elegido en el perímetro del “postre”, ya que las nueces con el poderoso y anélido ingrediente X se habían afincado en el centro- y le dije “gracias abue”, “muy rico”. Es que en veintitrés años de convivencia familiar se aprende a no contradecir parientes, al menos no a los míos.


(*) Caty es el nombre falso de mi abuela, no sé por qué se lo cambio. Total, para bien de la Humanidad, no hay otras como ella.

HOY: Las excusas de bar

(INTERIOR, NOCHE, CAFÉ EN “LA AFRICANA”*)

PRISCILA*: -Como decía Napoleón, “Divide y reinarás”
NACHO*: -No, Maquiavelo...
P.: -Bué, sí, pero Napoleón lo repitió.


Rememorad teorías improvisadas al tuntún y veréis que un bar es el escenario de las más abominables y descabelladas. No es casual que el paradigma de bar televisivo haya sido un programa de Sofovich donde se defendía al extravagantísimo Modelo del Derrame.

La excusa de café es el nombre vulgar de la hipótesis ad-hoc, o la magia del “si no la gano, la empato”. Y en eso, Priscila cantó pri. De seguir así tiene un gran porvenir en la abogacía o en una consultora. El futuro le depara vacantes en el Senado, campeonazgos de truco y celdas en Ezeiza. Pero ella quiere ser periodista. Será una profesional objetiva a la caza de la Verdad; sino, trabajará en Clarín.

Vito*, otro amigo vinculado al periodismo, tiene la mala costumbre de generalizar. Y si te quejás, se excusa diciendo que un porteño en un bar está autorizado a afirmar cualquier cosa. Por caso: Todos sabemos lo que busca una minita que usa minifalda con 17°C, Nadie planea tener hijos trabajando en Garbarino o El fútbol está todo arreglado. (Nótese el abuso del término absoluto “TODO”. Deducimos que la AFA recauda a lo pavote arreglando solteros contra casados, seguro que la nueva casa de Grondona en Pinamar vino de ahí.)

Lo del fútbol fue devastador, como si me dijeran de nuevo que los Reyes no existen. Y eso que nunca me lo dijeron, me di cuenta solita cuando escuché a mi mami diciendo que iba a poner detergente en la palangana con agua para simular baba de camello.
De estar en un bar, hallaría una excusa para explicar que mamá es fanática de las mise-en-scène porque salió a mí.


(*) “La Africana” es el nombre falso de una pizzería que lleva el gentilicio de otro continente. No sé por qué se lo cambié.
(*) Priscila es el nombre falso de una amiga; si le dejo el verdadero no me enseña más a ganar al brigde.
(*) Nacho es el nombre falso de un amigo, si no se lo cambio no me convida pastafrola casera. Como verán, mi amistad es desinteresada y altruista.
(*) Vito es el nombre falso de un amigo que si le dejo el verdadero, dejo asimismo el mundo de los vivos.

HOY: El Síndrome del Avestruz

(INTERIOR, SÁBADO A LA NOCHE DE 1998, LIVING FAMILIAR)

PADRE: -(Observa con desaprobación mi vestimenta, sobre todo la miniatura de falda en color revulsivo y tela tornasol) ¿Quién te asesora, hija? ¿El gerente de Mecago Enlaelegancia?


Así como los avestruces y las urracas, yo me desboco y tiro a lo que destella. Por suerte no lo ingiero como los primeros, si bien lo llevo a mi nido como las segundas. Es cuestión de verlo y asirlo, no importa si se trata de una cartera, un par de zapatos, un cartel vial.
Mi amiga Giulana*, cuando caminábamos por Cabildo, me sugería “Mirá, Pili, esa vidriera tiene colores y cosas que brillan, crucemos” y yo le decía “¡Bueno, dale!” toda entusiasmada, y después resultaba que Giuli quería cruzar para comprarse un helado. Me engañaban como a una criatura. ¡Será posible!
De todas formas pude controlar un poco mi compulsión hacia los colores impactantes y objetos que titilan, logrando mantener a raya al llamado “Síndrome del Avestruz”, enfermedad también conocida como “Fiebre de la Urraca”.
Este problema está ligado a mi afectividad anclada en el limpiesciente (estructura psíquica de la limpieza); es que en realidad no limpio por pulcra sino porque ansío ver brillar todo, desde los muebles hasta los cromados de la heladera. A veces doy miedo.
En fin, creo que recibir críticas familiares durante la juventud fue provechoso, fortalecieron mi amor propio, cultivaron mi independencia y me afincaron de por vida, con orgullo, en un innato gusto grasa. En este momento, de seguro llevo puesta alguna bombacha con estrellitas rutilantes o dragones carmesí. Brindo por ello con esta medida de Fernet “Chabona-Pega más!”; por favor imaginen un vaso barato de latón plateado.


(*) Giuliana es el nombre falso de la amiga que me hacía ese tipo de trastadas. Fea la actitud.

HOY: Las canciones con bananas

(INTERIOR, GMT -02.00, BLOG)

COMENTARIO DE MARÍA NATALIA*: -Me despido con esta humorada que escuché de mis alumnos; no entendí dónde figuraba la gracia. "¿Qué es un loro?" "Un pájalo velde".
COMENTARIO MÍO: -Con los chistes de loros pasa igual que con las canciones de bananas, son malos pero hay muchos.


Además de dudar del buen gusto de unos condones con sabor a banana split, sabrán que también desconfío del cancionero popular que esta fruta inspiró a través del tiempo. Mi primer contacto con el mismo fue la melodía de la bananita Dolca. Felicítenme por recordarla porque no está en Youtube.
Después vino Garibaldi, un remoto grupo mexicano que lanzó al éter este surreal estribillo: ¡banana duro, banana tieso, banana! Yo tengo una bolita que me sube y me baja… Fueron sumamente originales bautizando ese hit -“Banana”-, uno de los más famosos del álbum “Que te la pongo ya”. Era un disco finoli-finoli, aunque quizá monotemático.
El plátano es la fruta a la que más música se le ha dedicado. Como vemos, al igual que dicho alimento, no toda es fácil de digerir. Nuestra versión local es Dr. Mich Band con El baile de la banana (Pe-pe-pélaaalaa…piiiipi…si no sabés pelarla, te la pelo yo...) Mich es oriundo de Floresta y mi amiga Ana* se lo cruza en karaokes barriales.

En el ámbito internacional del derrape frutícola nombraremos a Bananarama, ochentoso trío de mujeres que se hacían las malvadas en un video arrojándole cáscaras de plátano a la policía. También está Tony Ronald y su “Lady Banana”; lo conocí por un cassette de 1973 que mi mamá abandonó en casa. Era un compilado asombroso que incluía “Taka Takata” de Paco-Paco, “Eva María” de Fórmula V, “El gato que está triste y azul” de Roberto Carlos y “Oh, oh July” de Los Diablos. Ahí descubrí que mi madre era musicalmente mucho más bananera que yo.


(*) María Natalia es el apodo de la que oye a hurtadillas y se roba chistes.
(*) Ana es el seudónimo que uso para mi amiga ex-punk. Atestigua que es posible empeorar "Se dice de Mich" si el autor la canta en vivo.

HOY: Las anécdotas con médicos

(INTERIOR, DESPUÉS DE ESPERAR UN BUEN RATO, CONSULTORIO A MEDIA LUZ)

OCULISTA CANCHERO CUARENTÓN: -A ver, muñeca, cuándo te había visto yo…dos mil cinco (Lee la edad en la historia clínica) Ah, pero estás hecha una piba, contame, qué secreto tenés, ¿eh? ¿Mucha dieta?
Y.: -Y no, la verdad que no, pero bueno, por ahí hago cosas que me conservan, no fumo, no soy de tomar mucho, camino bastante…
O.C.C.:-(Entonación picarona) Ah sí, no fumás, no tomás, ¿y qué más no hacés?
Y.: (Voz en off) -¿Se estará refiriendo al sexo? No, por favor, es un profesional de la salud, no puede ser tan desubicado.
O.C.C.:-Porque seguro que hacés ejercicio seguido, ¿no? (Guiño de ojo.)
Y.: (Voz en off) –Uy, uy, uy, piensa mal y acertarás, decía mi abuela…


Esta bella imagen fue un flyer que le diseñé a una amiga cuando le sacaron las amígdalas y decidió celebrarlo en su casa. No la pasó muy bien porque el médico le recetó mal los calmantes y la dosis que le dio no servía para un pos-operatorio, era para calmar un dolor de pelo a lo sumo.
Quizás se equivocó de puro torpe, hay muchos que son así. El año pasado me tuve que hacer un electrocardiograma, el tipo me puso las pinzas cocodrilo en tobillos y muñecas, prendió el coso y me preguntó la edad. “Veintitrés” le contesto. “Ah, pero parecés mucho menos” me dice. “Ah, debe ser por la crema antiedad que le saqué a mi abuela” le digo. Ahí pateó el aparatejo del electro por reírse, tiró todo y me tuve que hacer el estudio de nuevo. Grrr.
Mi amiga María Natalia* siempre fue muy desconfiada con los médicos. Una vez conoció a uno que, con tal de seguir cobrando la consulta, le mentía a la paciente diciéndole que tenía una infección en el oído, y que iba a tener que seguir yendo a verlo hasta que se curara. Ella iba, el tipo le ponía una gasita, le sacaba sangre, le daba anestesia y la mandaba a hacer reposo. Después se supo: lo que tenía la señora en la oreja era una garrapata. Para mí que ese médico hizo el juramento hipocrático ante un proctólogo.


(*) María Natalia es el nombre falso de una amiga mía que luego de saber lo de la garrapata, se fue a trabajar con un veterinario.

HOY: El Señor de la Noche

(EXTERIOR, SÁBADO 03.30 A.M., PARADA DE COLECTIVO)

YO: (Espera paciente al 109 junto a una decena de camaradas. Lo avistan y se aprestan a subir.) (Observa las faroleras llantas con leds multicolor y las cortinas carmesí que decoran la unidad, experimenta la música dance a todo volumen, los lustrados caños en plata, la luz negra que domina el vehículo, los flecos que decoran el espejo retrovisor junto a una mini bola disco, la consola de los boletos forrada en peluche rojo contrastando con el torpedo de capitoné blanco, los lentes espejados que lleva el chofer en la frente, su afeitada al ras, su jopo con gel y su aroma a Axe Temptations.) (Echa miradas de despiste pajuerano, exigiendo una explicación.)
NICO:*- (Pedagógico) El 109 es así, si te lo tomás para ir a un boliche, no necesitás bajar.

Cierto señor que vivía de joda dijo algo que voy a parafrasearle*: si tuviste la suerte de tomar el 109 cuando eras joven, él te acompañará por el resto de tu vida, porque el 109 is a moveable fest.
El 105 es a los colectivos lo que Gardel a la nación; el 109 es Isidoro Cañones. Subirse a uno es como retroceder en el tiempo y hallarse en las mitológicas bôites de los ’70, un retorno primigenio a Mau-Mau o al más épico aún Studio 54.
Sabemos que varios coches de la línea más jaranera de esta Capital llevan calcomanías de Jessica Rabbit tamaño natural deseando un feliz año nuevo, firmado por “Los Reyes de la Salsa”. Sabemos asimismo que en estos ómnibus podrás bailar los últimos éxitos de Freemasons y David Guetta. Sabemos también que cierto móvil lleva los lemas CATS OF THE NIGHT bajo el parabrisas y LA FAMA ES PURO CUENTO junto al parachoques trasero, además de tener el chasis tuneado con fluorescentes violáceos de babor a estribor. Lo que pocos saben es que hay tantos fanáticos de esta unidad –el coche número veinte- que hasta tiene fotolog. Allí podemos ver imágenes de la legendaria carrocería, con la que la gente pugna por sacarse fotos; de hecho apreciamos junto a ella a las hijas del chofer que lo conduce e incluso a su suegra. Locoxlosbuses y un tal fandebondis le comentan: “alta fama tiene el 20”, “a cuidar la nave, amigo”, “hermosa máquina”, “cómo brilla el botazo”.
Cuenta la leyenda que si alguna noche tienes la gracia de toparte con este milagroso rodado (por su dominio FNO 065 lo conocerás, sino recuerda que el “20” es La Fiesta en la quiniela), puedes pedirle que el 108 no te haga daño. Te protegerá y será un talismán ante aquella línea, que es a los bondis lo que Palito Ortega al país.
Tradicionalmente se dice que si concibes una petición con el alma y le dejas una ofrenda -centavos de más en la máquina- el sagrado 109 la cumplirá: que nunca se rompa tu colectivo, que te sobren las monedas, que no se desvíe, que las viejas no te tiren el bolso encima para que les des el asiento…
¡Oh, Veinte del Cientonueve, Guerrero de la Luz Violeta que alegras nuestras madrugadas, Heroico Fauno de las Avenidas, Inmortal Carro de Dionisio, tú que celebras los misterios de la Fiesta cada noche, permanece transitando entre nosotros por los siglos de los siglos!


(*) Nico es el nombre falso del que siempre digo que es un verdadero impresentable. Pobre.
(*) 1950, Hemingway: If you are lucky enough to have lived in Paris as a young man, then wherever you go for the rest of your life, it stays with you, for all of Paris is a moveable feast. La festichola en tránsito. Una jarana que circula y te acompañará para siempre.

HOY: La segunda década infame

(INTERIOR, NOCHE DE SÁBADO ANTES DE SALIR, PREVIA CON FERNET)

YO: (Denosta durante un ratico al neoliberalismo, la insostenible paridad con el dólar, el escándalo de las privatizaciones, los jueces Trovato y Bernasconi, la venta de armas a Ecuador, el cierre de ramales ferroviarios, el caso Cabezas, las explosiones de Río Tercero, la gestión de Cavallo y etcétera.)
MARCELO*: -Eh, pero en los noventa venían todas las bandas.

Bienvenidos a la época de las palmeras, los colores flúo, la lambada y el menemismo, Xuxa, las papas en tubo y los celulares grandes, el estallido del blooper, el paddle y las Tinellis, los todo por dos, el queso Philadelphia y los viajes a Punta Cana, bienvenidos a la década del shopping, el tiragomas y las novelas de Thalía, los años en que los kiwis, Miami y la leche cultivada estaban de moda; en resumen, cuando tener discman, agencia de turismo o jacuzzi era “faaa, lo más”.
Aunque tenga presente de pe a pa la coreografía de la Macarena, con los ´90 apareció No Mercy y al verlos uno deduce que, endeveras, con los ´90 no hay que tener piedad. Desgraciadamente, aunque nos separe un siglo y un milenio, ese tiempo no ha quedado tan lejos. ¿O acaso con el tema del Aedes Aegypti nadie recordó “Pican los mosquitos” de The Sacados?
A Marcelo no le importaba nada el país, con tal de ver a Poison, a los Pet Shop Boys o a Kiss en “Ritmo de la noche”. A mí, cuando me acuerdo que estaba de moda usar trajes Armani (hace poco tuvo que cerrar, qué pena) como Monzer Al Kassar y dejarse las patillas me viene a la cabeza, irónicamente, “Happy Nation” de Ace of Base, pero supongo que “Living in Danger” es más propia, una macana que no me sepa la letra. En fin, después de este escrito no quiero imaginar cómo se internarán en Youtube los lectores nostálgicos.


(*) Marcelo es el nombre verdadero del que dijo lo que dijo, mantenérselo es la mejor forma de resguardar su identidad porque todos lo conocen por un apodo. Que sea un amigo de mi ex y que yo ya no lo trate no tiene nada que ver.