HOY: Las clases altas

(INTERIOR, VERMOUTH, CASA DE NACHO*)

NACHO: -(Corta salame en una tabla) ¿Y tuviste que pasar por Callao, por Santa Fé?
MANU*: -
(Dice que sí con un ojo, fiel a su carácter introvertido)

N.: -
(Aclara a los concurrentes que no corta más fiambre porque no hay) Che, ¿y era muy cheto el cacerolazo ahí en Barrio Norte?

M.: -
(Junta las manos bruscamente a la altura del rostro, cual rezo súbito) ¡PFFF! ¡BOLÚ! ¡¡Salían con la Essen!!


Yo acuso.

A las clases altas.
A la indignidad de los ricos.
A las prepotencias adineradas.
Y ya que estamos, a la señora rubia que deja que su caniche me haga en la vereda.
Afirmo, desde esta tribuna, que la clase alta tiene un defecto congénito: la completa imposibilidad de ponerse en el lugar del otro. Como el caso desopilante de aquella chica top -digámosle “Monique”- que me invitó a mí y a Andrea* a una fiesta de despedida porque viajaba, diciendo que no lleváramos nada para tomar porque “ella se encargaba” y que nos “quería ver a todos” porque nos iba “a extrañar mucho”, y cuando llegamos a la famosa celebración, nos dijo que había que pagar una suma exorbitante para entrar, más los tragos, más el guardarropas. (¿?) Y cuando con toda la sorpresa que eso nos deparó le dijimos que no contábamos con cuarenta pesos entre las dos, sencillamente nos dijo que nos fuéramos. Y nos fuimos, claro. Creo que deseándole buen viaje, y todo, aunque un poco aturulladas.
Luego de que se nos pasara el asombro, Andrea* reflexionó que si alguna vez desea partir a la Europa, organizará una fiesta así, “porque con lo que recaudás, te financiás el pasaje, ¡qué práctica que es la gente de clase alta! Cómo se nota que estudia en universidades exigentes.” También acordamos que dado el inverosímil evento de organizar nosotras una fiesta con entrada paga (puaj), y dado el fenómeno de que vaya alguien que no cuente con recursos, sería lógico dejarlo pasar gratis. Esa urbanidad nuestra es la marca visible del fracaso; no tenemos un ápice de visión empresaria, ¡maldición!

Volviendo al día del cacerolazo, no digo que esté mal protestar, al contrario. La capacidad crítica es el antídoto a la posmodernidad, estamos de acuerdo. Pero a ver qué y por qué, ¿no? Aquí presentamos un resumen novelado del escenario que hubo el día 16 entre las gentes según factores socioeconómicos:


a)
CLASE ALTA:
-Gordo, ¿renovaste el plazo fijo en Davos?
-Querida, sabés que de esas pequeñeces se encarga el contador. ¿Qué es ese ruido de cacerolas?
-El populacho debe estar festejando el Día del Padre con murgas. ¡Estos argentinos, cada vez más latinoamericanos cachimbomberos!

b) CLASE MEDIA ALTA:
-Quiero mi asado y mi pollito y mi asado y mi pollito y mi pollito y mi asado y que la nena viaje a Disney para los quince y que la hija del vecino no. Y quiero mi asado y mi pollito y mi pollito y Macri y mi asado y Disney y mi pollito. ¡QUIERO MI POLLITO ASADO PARA EL DÍA DEL PADRE, PRESIDENTA!

c) CLASE MEDIA:
-Por la avenida se oye algo, pero en la tele qué dicen, poné, a ver.
-Y… acá está Susana.
-Y ahí está el resumen de Tinelli.
-¿Y en Crónica?
-Pucha, no sé, ya no tenemos cable.

d)
CLASE BAJAMENTE DESPOJADA:
-…

En pleno cacerolazo salí a tirar la basura (mentira, salí para pispear, pero no importa) y justo pasaba un cartonero. En feriado. En día del padre. En frío. En de noche. En cacerolazo. Y la verdad que no comentó ni protestó nada del campo, ni del gobierno, ni de las cacerolas, como que no tenía tiempo ¿no? o ganas. Este helecho lo ratifica: la libertad, los viajes y los pollitos asados son para la gente como uno, que vive de rentas.

(*) Nacho es el de siempre, el que ofrece picaditas, convida queso importado, sirve tés de seis gustos distintos y empanadas de primera calidad, y después se disculpa de que “nunca haya nada decente para comer en esta casa”.
(*) Manu no se llama Manu; a los hombres cuyo nombre real empieza con “M” les mantengo la inicial, así nadie entiende si hablo de Matías, Milo, Mariano, Martín, Mario, Manuel, Maximiliano o Miguel. ¿Verdad que soy el Maxwell Smart de la confidencialidad?
(*) Andrea es la de siempre, y eso que se tiñó hace dos meses y parece otra.

HOY: La compulsa de las compras

(INTERIOR, NOCHE, MESA DE MI COCINA)

YO: -Y pasé a ver las liquidaciones, pero no sé, no me gustaba mucho nada, llevé remeras solamente. Me compré cuatro nomás…
ANDREA*: -¡Pero PILI! ¿¡Cómo “nomás”!?


Resulta que una vez, Mariana Nannis oyó El Llamado, y subió a lo más alto del Alto Palermo a ver si mejoraba la señal, y atendió el celular y vio que El Llamado era bueno, y que El Llamado era Dios, y que era bueno también. Lo malo fue que no tenía ID-Call para ver el número y sacarle las prebendas a Bianchi. Una vez allí le fueron entregadas las dos Tarjetas de la Ley, con los Diez Mandamientos del Consumo. Dios se las dejó en doce cuotas sin interés, pero igual a Mariana no le devolvieron el IVA. Así que bajó hecha una furia echando relámpagos cual Moisés, y las rompió con una tijera. Qué pava. Al final las pegó con cinta y esto es lo que quedó:

1) No adorarás a otro Dios que a tu Señor el Crédito.

2) No invocarás el “Comprateló” en vano.

3) Santificarás las Grandes Baratas.

4) Honrarás y respetarás el closet de tu madre.

5) No cometerás batik contra tus prendas indefensas.

6) Peregrinarás una vez por temporada a la Meca, es decir, el Once.

7) Cosecharás tus propias ofertas y por tus gastos te conocerán.

8) No codiciarás la indumentaria de tu prójima. Se la pedirás prestada.

9) y 10) El Nueve y el Diez Mariana todavía no los terminó de pagar.

Nunca pensé que escribiría sobre las compras, pero visto y considerando que la lista de mis artículos adquiridos el día de hoy justificaría una visita a un psiquiatra especialista en esquizofrenias, trastornos de doble personalidad y otros patatuses, me siento confiada. La retahíla asombrosa a la que me refiero consta de los siguientes ítems por orden cronológico de adquisición, téngase en cuenta que la muestra corresponde a tres horas y media de recorrido por dos barrios de esta Capital. Veamos: a) un par de calcetines b) cien gramos de muzzarella c) barritas de azufre d) quince sahumerios de coco e) guantes de lavar f) un juntamigas g) tres curiosos imanes de heladera h) un pendrive i) medio litro de gotas para los ojos j) veinticinco metros de cable coaxial, k) un Poxiran. (Haré caso omiso de los comentarios chistosos que eso provoque).

Este patrón de compra indiscriminada, caótica e irregular, impredecible para el cálculo de probabilidades e improbable para los expertos en marketing, se repite en la adquisición de libros. En mis estantes coexisten sin trompadas Bioy Casares (arriesgo: el playboy que escribía) y Rodolfo Walsh, que antes de desaparecer supo decir que “según cómo la usás, la máquina de escribir puede ser un arma o un abanico”. Pues bien, este mueble mío es un continuado de libros-abanico y libros-libros. Todavía no sé cuáles son qué, porque -lo admito-: los que me compro, no los leo. Noventa pesos invertidos en diecisiete unidades durante la última Feria del Libro, y no abrí ni uno.
Madame Nannis soy yo.


(*) Andrea es la chica que trabaja en un local de ropa en el que instalaron micrófonos y cámaras de seguridad para vigilar a las empleadas, "por las dudas". ¿Por las dudas de qué? ¿De que se disfracen de Britney Spears cuando no está el dueño? Otra incógnita más, como la del nombre verdadero de Andrea.

HOY: El frío

(EXTERIOR, ANOCHECER, CALLECITA DE SAN TELMO)
(Esta cronista camina junto a Nacho* y Mara* en un clima fresquitotoñal, comen semillas de girasol, hablan de la vida y del fileteado porteño, pasean por Parque Lezama, subibajan veredas escalonadas y escuchan cómo y con cuánto ganó Boca por boca de todo el barrio de la Boca, esquivan pozos y desean chocolates Havanna.) (...) (Oyen otros idiomas al llegar a la zona de hostels for export at U.S.A.´s dinner time) (sic).
MARA, NACHO Y YO: (Inocentes, enmudecen al unísono ante un par de escotes más profundos que la Fosa de las Marianas, los cuales pertenecen a dos llamativas casquivanas extranjeras que circulan con poco abrigo por Humberto Primo, a puro grito y descoque, de minishort y tacos altos.) - …NACHO: -…YO: -… (Se distrae tratando de adivinar si esas mujeres llevan pantimedias.)MARA: (Cándida) -¡Qué poco frío tienen estas yanquis, ¿no?!

Hay gente que declara que el frío le gusta, como Nacho, o como un señor que es mi psicólogo. Ahora, cuando una se pone indiscreta y pregunta específicamente qué les puede agradar de tal azote, contestan “estar bien abrigadito en casa”, o “usar pulóver”. Es decir, lo que les gusta del frío es defenderse de él. Una de las premisas de las que parto en este escrito afirma que esa gente está más o menos loca.
El invierno tiene muchas cosas buenas, la primera de ellas es que se transpira menos, la segunda, (…) (piensa) (sigue pensando) (se concentra) (…) (Va y se hace un té). La segunda es que la luz del sol baja los decibeles y ya no se mete donde no le importa, es un sobrio oficinista inglés que ficha de nueve a seis. La tercera, (estampa bruscamente a un mosco contra la pared) la tercera podría ser que no hay mosquitos, pero en mi casa sigue habiendo, y están como entrenados porque no se dejan matar. Deben ser una raza de elite de zancudos árticos.
Podríamos decir que en esta época es más lindo estar en casa, junto a la estufa. Pero con la crisis energética, decir que está bueno prender la estufa (a gas o eléctrica) lo convierte a uno en opositor al gobierno. Podríamos estar de acuerdo en que es lindo tomar chocolate caliente, o hacer una fondue a pura extravagancia invernal, pero no, porque consumir productos lácteos también equivale a estar en contra del gobierno. Podríamos ponernos a hacer tortas fritas en la cocina, pero freír y ponerle aceite a las ensaladas también es boicotear al gobierno. A veces se me ocurre que este gobierno se está poniendo un poco rompe.
La macana es que dicho así, desde el clasemediaje frívolo, queda muy mal. Habría que decirlo desde los que hace rato que no tienen para tortas fritas ni leña, o desde la UBA sin gas, aunque igual Cristina Fernández de Kirchner no lee este blog. De hecho, se ve que no le gustan porque  según Perfil a su hija Flopy se lo censuró de un saque (“¡Sacalo, mocosa!” le dijo, “¡o no te traigo a Miranda para tu cumple!”).
Voy a ponerme en positiva porque si sigo así me parece que la tercera ventaja quedará vacante hasta la primavera. (Se encima otro pulóver pero tirita igual). (Pone música tropical, baila y tose, se toma un VickVitapirena de esos que los hipertensos y las personas nerviosas no pueden tomar; chapucea pasos, al fin entra en calor.) En resumen, yo diría que lo único que abriga bien -en invierno- es la cumbia.

(*) Nacho es el nombre verdaderamente falso de alguien que en serio se declara partidario del frío de veras.
(*) Mara es el nombre falso de la moza que los comensales llaman con chiflidos, a pesar de llevar su nombre real bordado gigante en la espalda.

HOY: El ladrón de escarapelas

(INTERIOR, CASA DE NACHO, VÍSPERA DE FECHA PATRIA)

MANU*: -¡No sabés! Vengo del locutorio, lo asaltaron unos pibes y yo estaba en la cabina, viendo todo, y no podía salir, y entonces llamé acá para hacer tiempo y no me atendiste…
YO: -Uy, es que pensé que eras un salame que está por llamar, le dije a Nacho que te colgara
(se sonroja)
NACHO: -¿Estás bien, te hicieron algo?
M.: -No, a mí no y al dueño tampoco porque tiene rejas, pero estaban re puestos, imaginate que se querían llevar las escarapelas.
N. y Y.: -¿¡QUÉ!?
M.: -Les juro,
(gesticula) decían así: “eiii pesito no tenés, eiii cómo no tenés, bue, largá, largá una ´scarapeeeela ¡gato! ´carapela por la paaatria” y el dueño ni bola, total atrás de la reja, ¿no? y ahí agarran y salen corriendo con
el coso de las escarapelas y unos colgantes de Boca…
Y.: -
(Piensa en su blog) Emm…guau…
M.: -Y cuando pagué y ya salía, ¡volvieron los pibes!
N.: -
(Risueño) ¿A por más escarapelas?
M.: -¡NO!
(Abre los ojos aún no repuesto de la sorpresa) ¡Volvieron a devolverlas! (Bebe soda) Porque para qué las querían, decíme.


En realidad yo había empezado un post acerca de las postergaciones. Y lo postergué. Y así, al posponer el escrito sobre las postergaciones, la coyuntura de fechas –y la llamativa anécdota del principio- se me vinieron encima. No me queda otra, me siento interpelada a hablar sobre el 25 de Mayo.
Estamos en el período de entrefiestas (patrias, se entiende) y como en todos esos lapsos, la gente se pone sensible y el tiempo se esfuma en trises inefables. Entre Navidad y Año Nuevo, por ejemplo, nadie se acuerda de qué hizo, a quién fastidió por el Día de los Inocentes, cuánto tomó el veinticuatro a la noche, cuál era la patente del que lo chocó en la madrugada del veinticinco, o dónde prometió pasar el treinta y uno. La cosa se pone conmovedoramente irracional; parece que hay varias similitudes con la triple seguidilla 25 de Mayo – 20 de Junio – 9 de Julio. (Por caso tenemos a la comida especial que podríamos comer en cualquier otro momento del año pero que no comemos porque dicha comida especial es especial porque no se come en ningún otro momento, llámese locro, pan dulce o mazamorra.) Cuando se viene este trío patrio, la nación se pone nacionalista. Para muestra basta una farmacia. O las señoras decentes que pasean por Recoleta con sombrero de gaucho y alpargatas de carpincho, sin darse por enteradas de la jocosidad que despiertan con semejante pseudodisfraz chauvinista.
Un empleado de subte amigo mío dice que en esta época Metrovías los obliga a regalar escarapelas con cada viaje que compran los usuarios. (Ahora sí, ya podemos considerar a Metrovías como una verdadera empresa nacional). Dice que en fechas patrias aprende un montón de insultos nuevos, provenientes del ganado humano que empieza un confortable viaje en la B durante la hora pico pinchándose los dedos con el alfiler patriótico. Una vez, harto de secuencias dignas de la Bella Durmiente con su rueca, decidió ponerse a repartirlas en la escalera, cual síntesis moderna de French y Berutti. Si bien ya nadie se pinchaba, a mi amigo se le pinchó el patriotismo cuando un joven que calzaba zapatillas de resortes se prendió los colores blanquicelestes y le comentó “eh, papi, esto es por Tévez, ¿no? porque ayer lo vendieron regroso afuera, qué grande, ¡aguante Tévez!” y partió resorteando hacia el vagón más cercano.
Un ciudadano que se precie de serlo, se agarraría la cabeza decentemente. Otro que intente actuar como tal, la usaría para pensar y preguntarse, después de todo, qué concepto de patria puede tener alguien que a los dieciséis años anda por La Paternal asaltando locutorios en vez de ir a la escuela y comer todos los días.
Yo diría que mientras la patria sea patrimonio exclusivo de la gente decente será, cuanto más exclusiva, más excluyente ¡ahijuna! ¡Por más gaucho, carpincho y locro que le pongan, patriotas sotretas!


(*) Nacho es el nombre falso que uso siempre para nombrar al mismo de siempre.
(*) Manu es del campo pero no sé si está con el campo, así que le mantengo la identidad hasta que se solucione el conflicto y veamos cómo se pone enseguida del lado del que gana.

HOY: El trabajo

(INTERIOR, MEDIAMAÑANA, LOCAL DE ROPA DONDE TRABAJA ANDREA*)

ANDREA: -(Sabe que llega tarde y por ello pone cara de pollo llovido) Hoola…
EL JEFE: – (Irónico, la mira ingresar desde su cómodo puesto de cajero) ¡Buenas tardes querida!
A:-Ay, perdón, es que se me hizo tarde porque fui al Todomoda a comprar las cosas para decorar la vidriera y cuando estaba pagando, zas, entra una empanada gigante bailando breakdance y repartiendo volantes y yo no me podía ir porque no me daban el vuelto y la empanada tapaba toda la entrada y…
E.J.: -¡Pero claro! ¡Ayer era la polilla gigante en el depósito, ahora es una empanada, lo gigante son tus excusas! Acá se trabaja de otra manera, con gente pro-activa, entendés, porque (Le suena el celular y atiende).
EMPANADA GIGANTE: -(Voz distorsionada, como si proviniese de las profundidades de una gomaespuma) ¡HOLA A TODOS! ¡¡¿YA CONOCEN LA SUPER PROMO DE ONLYEMPANADAS*!!? (Baila) ¡Ahora mi secretaria les va a regalar empanadas a todos! ¡Hasta al jefe! (Hace el pasito de la caminata lunar que popularizara Michael Jackson años atrás, impidiendo toda transacción en el local e incluso el intercambio visual entre empleadas y clientas. Causa caos durante un cuarto de hora. La promotora que lo secunda reparte dos docenas de alimento.)
E.J.: -(Muerde una empanada de carne suave, mira a Andrea que sonríe triunfante degustando una de jamón y queso, llama al cadete) Danielito, andá al chino y traete un raid para la polilla del depósito, no vaya a ser que nos joda los chalecos que entran hoy.



En vísperas del Primero de Mayo, una clienta le preguntó a Andrea si al día siguiente trabajarían. Y ella, con una entonación altamente sindical, mirando de reojo a su empleador, se manifestó: “CARAMBA, ESPERO QUE NO, SEÑORA.” Esa anécdota, sumada a algunos comentarios de una amiga que trabaja de moza en un restaurante fino y está harta de que los comensales la llamen chistándola como a un perro faldero, han motivado estas líneas.
Hay un bello dicho popular que sugiere que “si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos”. Hoy en día, en virtud de las condiciones laborales en las que nos empantanamos cada vez más, el trabajo te sonsaca la salud (física, mental y económica). Los que están en call-centers, los que se han macdonalizado y los que soportan trajines abogadiles en estudios jurídicos, por ejemplo, están hechos unos enfermos. Para qué hablar de las empanadas danzantes o los hombres-revista de los semáforos.
Luego de haber trabajado, y por lo tanto, de permanecer embretada entre clientes y jefes durante bastante tiempo, he comprobado que la frase “el cliente siempre tiene la razón” es una falacia grande, grande como la evasión de impuestos y la tasa de explotación. El que siempre tiene la razón es el jefe. Después del jefe, la secretaria del jefe (digamos, “la favorita del rey”), después, la mujer del jefe, o la hija, o el hijo, o el padre. Mucho más atrás, vienen los clientes. Los empleados no, nunca, jamás, ni por asomo, tenemos razón. Acostumbrarse a esa irracionalidad es duro.
Algunos jefes, para darse corte, te hacen el verso de comentarte en la entrevista que “esto es una gran familia”. Pero la familia no es una institución democrática. No sé si se dieron cuenta. A mí me obligaron, y desde pequeñita. Pero no importa.
De todas formas, en el trabajo se aprenden muchas cosas. Yo, por ejemplo, si hay algo que aprendí trabajando es que es mucho mejor vivir de rentas. Y si eso no se puede, es preferible ser dueño. Y no me refiero a “ser independiente”, no. Ser D·U·E·Ñ·O. El setenta por ciento de los beneficios de ser jefe reside en tener empleados a quien doblegar. De veras. Porque, ¿han visto, queridos lectores, a esos sujetos engrupidos hasta la locura, que afirman “yo soy mi propio jefe” de lo más cocoritos? Bueno, esta gente omite decir que en realidad son sus propios empleados, lo cual es gravísimo: ser mi propia empleada con una jefa como yo, se volvería un calvario terrible.



(*) Andrea no existe, ni para el blog ni para la AFIP ni para el ANSES, porque está en negro.
(*) Onlyempanadas es el seudónimo extranjero de otra empresa que ridiculiza a sus empleados, como la heladería que obligaba a los deliveriesboys que andaban en moto a usar gorro y barba de Papá Noel en diciembre, con 40°C.

HOY: La huelga I

(INTERIOR-CAMA, DÍA DE CONVERSACIONES TELÉFONICAS SIN SALIR DE LA MISMA, MI CUARTO)

NACHO*-¿No vas a la facultad hoy tampoco?
YO:- NO.
N.: -¿Por? ¿Te sentís mal, querés que hablemos? Paso a tomar un café, ¿dale?
Y.: -NO. (Cuando los leoninos se empacan, la cosa viene mayúscula.)
N.: -Pero decíme qué te pasa al menos. ¿No fuiste a rendir el parcial? Fue ayer.
Y.: (···) (Tres puntos, en mayúscula.) -NO.
N.: -Boluda… no vas a salir más si seguís así.
Y.: -¡ÑIQUIMIMPORTA UN CAZZO!
N.: -¿Un qué? ¡Pero qué te pasa!
Y.: -QUE ESTOY EN HUELGA.
N.: -¿¡EN HUELGA CON QUÉ!?
Y.: -¡CON LA VIDA!


Si existieran asiduos lectores de este blog, habrían notado que hubo una semana sin post alguno. Si existen dichas personas, entelequias dudosas cual hadas, se habrán preguntado por qué. BUENO. PUES PORQUE ESTOY DE PARO. ¿Con qué? Ya se lo dije a mi amigo por teléfono: CON LA VIDA Y TODAS SUS SUCURSALES. Así es. Uno se imagina al deprimido con las chancletas sucias, la barba de tres días y la yerba del mate secándose al sol. Pero a mí no me sale tener barba ni dejármela crecer, no. Ni quedarme con los brazos cruzados, porque si los tuviera así no podría escribir este post que –de puro largo- vale por dos. Además soy de Leo. Además, aprendí muchas técnicas de lucha y resistencia gracias a la Huelga de Cloacas de hace quince días en mi casa.

(…)

Aquel conflicto parecía irresoluble. Fue espantoso porque, como propietaria, cumplí el rol de terrateniente oligarca y mi único objetivo era reprimir. Y estaba retobado el baño, eh. Primero fue el Sindicato Disidente de Surtidores, Sumideros y Afines, que me llenó la bañera con una movilización de lo más violenta, con carteles de “Libertad al compañero piquetero Raúl Canillas” y “Abajo la burocracia de albañal”. Después vino el Movimiento Grifos de Pie. Mamita. Una semana más tarde, todas las baldosas del baño se habían solidarizado con el Ejército de Rejillas de Liberación Popular Antiimperialista, y albergaban allí a su mítico Subcomandante rejillero.

Mis carros de asalto, es decir, el cloro puro y el ácido muriático, alias “Clorindo y Muriel”, que se ven ahí arriba, no me sirvieron de nada. (Este blog es un medio de comunicación; como todo medio de comunicación, no divulga la movilización, sino más bien asusta con la represión, por eso la foto del bidón.) (Y ya que estamos, yo pregunto, ¿alguien vio un carro de asalto de verdad, no por la tele, sino ahí, al alcance inmediato de los ojos? Porque una vez pasé por el Ministerio de Hacienda y había uno, y por más que no sucediera naranja y los policías estuvieran tomando mate, diciéndole cosas a las chicas lo más panchos, el famoso carro de asalto mete UN MIEDO…Tiene unos cañones en el techo terribles, y eso que solamente tiran agua a presión y gases lacrimógenos, cosas inocentes ¿no?, nunca cloro puro ni ácido muriático. Querría saber si a todos les pasa igual o si soy yo que soy una cobarde.)

HOY: La huelga II

La cosa es que se armó un bidet de diálogo, y yo les pregunté a los rebeldes qué querían, y me contestaron “Queremos al Plomero”. Y me decidí a llamarlo, para que volviera por el baño, porque en esos momentos estaba con la Puerta de Hierro del patio, arreglándola. (Juro por el Santo Moranguete que eso es completamente cierto; de hecho creo que es lo más veraz y verosímil de toda esta fábula.) Mientras el Plomero estaba en el patio arreglando aquella puerta, que había tenido que desarreglar para poder hacer un arreglo –¡qué paradoja!- en la tubería del lavadero, en la cortina de la ducha empezaron a verse grafitis con las iniciales “P” y “V”, es decir, “Plomero vuelve”, “Plomero vencerá” y también “Con Plomero a la Victoria”. Al final vino, y se arregló todo. Y como dije, yo aprendí a luchar, resistir, berrear y patalear. Y esta semana lo estuve aplicando:
¿Fui a la facultad? ¡NO! ¿Regué las plantas? ¡NO! ¿Hice las compras? ¡NO! ¿Rendí el parcial? ¡NO! ¿Contesté mensajes? ¡NO! Bueno, algunos sí, pero igual. ¿Estudié? ¡NO! ¿Leí? ¡NO! ¿Comí cuatro veces al día? ¡NO! ¿Fui al psicólogo? ¡NO! ¿Me levanté de la cama? ¡NO! ¿Qué hice, entonces? ME EMPAQUÉ. COMO UNA MULA, SÍ.
La macana es que hacerle huelga a la vida es complicadísimo. En los países más desarrollados, los más mejores, con otro esquema productivo, es fácil, porque los huelguistas pueden pactar por la suya. En el caso de Japón, ponele, los chicos de mi edad que entran en huelga con la vida, hacen un pacto suicida y chau pinela. Pero no, a este país llega todo con atraso.
(…)
Mis amigos me diagnostican depresión. Pero no es una depresión cualquiera. Lo que a mí me agarró es una Depresión Combativa, compañeros. Ahora bien, ¿a santo de qué?, se preguntarán las hadas, es decir, los lectores. Pues bien: (Golpea el puño sobre la mesa) ¡Estoy en huelga por el lock-out patronal a las Buenas Noticias de Primera Necesidad! (Levanta el índice izquierdo) ¡Y por la mala leche! (Se acomoda los dos micrófonos, como la Presidenta) ¡Hago paro activo por el desabastecimiento de Hombres que Valgan la Pena! (Aplausos y vítores) ¡Y por la histórica lucha del ochenta por ciento móvil! (O aunque sea un veinte por ciento de algo que me movilice a amanecerme cada mañana, ¿no?, eso.) ¡Y si llegáramos a las últimas circunstancias…(toma aire)! ¡No me van a doblegar! (Chilla) Si la Patota Sindical de la Vida llega a forzar la puerta de mi pieza tomada, a oscuras, donde me atrincheré, ¡me encontrará con el piyama puesto! ¡y el dedo en el gatillo del control remoto! pronta al zapping entre telenovelas de la tarde. ¡Porque así se deprime una valiente! (Bombos, coros y sonido grabado de multitud) ¡una le-ó-ní-ná, caramba! (Señala amenazante) ¡Y más vale que lo vaya sabiendo esa Vida! ¡Puerca! (Puerca la vida, se entiende, como diría Arlt.) (Y también puerca yo, porque soy eso en el horóscopo chino, pero es otro tema y también otro post.) ¡En fin, queridas hadas!:
Hasta la conciliación obligatoria, ¡siempre!


(*) Nacho es el apodo falso de un amigo verdadero que no la pasa del todo bien con mi empaque depresivo. Perdoname el mal enmule, Nacho. Soy una burdégana.

HOY: Los modelos vigentes


(EXTERIOR, MEDIODÍA, MENSAJE DE TEXTO)

YO:-¿Y qué te contás? ¿Preparando la tesis? ¿la exposición de fotos? ¿cosiendo ropa interior?
MARINA*- ¡Sangre & Perritos! *falta algún texto*CTI*
Y.: (Piensa que Marina ha producido fotos shockeantes que incluyen los tópicos “sangre” y “perritos” y se pregunta cuál será la motivación artística del asunto) -¿QUÉ?
M.:-¡No te conté! Ahora trabajo en una veterinaria, hay cesárea de doberman: SANGRE & PERRITOS. Mañana eutanasia afgano, lástima, hablamos!




Bien. Lo reconozco. He oficiado recientemente de modelo de soirée//cocktail, a cambio del viático, media porción de chaw-fan y tres empanadas de carne con arvejas. El resultado es esta maravilla que decidí bautizar como Mis Quince Minutos de Escote en Internet.
Si sirve de excusa o explicación, mis empleos anteriores fueron moza, extra para publicidades rusas, redactora, heladera, vendedora ambulante de vino, recepcionista, secretaria de astróloga, tipeadora de tesis médicas, ama de casa, rentista y desgrabadora para la producción de un reality de quinceañeras.
(…)
Ahora que lo pienso, creo que ya tengo un prontuario de ocupaciones suficientemente estrambóticas como para dedicarme a escribir y dejarme de embromar. Si pudiera también sería grumete, o conde, como los novelistas del siglo XIX. Quedaría la mar de bien en la solapa de una publicación, ¿verdad? Pero no estamos en esa hora de los tiempos, no.
(…)
Terminada la sesión fotográfica retorné a mi hogar para enfrentarme con la huelga de cloacas que lleva más de una semana sin solución. (La cobertura completa del conflicto seguirá en los próximos posts con toda la parcialidad del caso, ya que esta cronista es la patronal y, por ende, tiene la sartén por el mango. Todavía no se dictó la conciliación obligatoria y estamos en paritarias; es un gremio más fuerte que la mierda.) Aún con las pestañas cien por ciento más arqueadas y definidas, abrí la rejilla y empecé a sacar porquerías estancadas. En fin. De top model a fontanera en menos de dos horas. Propongo y lo sostengo: la multiplicidad de roles de la mujer moderna no es ninguna panacea.
El comentado diálogo mensajístico con mi amiga es una clara ilustración de esta postura. Imaginemos a una promotora de Direct Tv + una licenciada en artes visuales + una secretaria de veterinario + una productora de indumentaria. Seguramente es difícil convivir con ellas, sobre todo si están todas adentro del mismo cuerpo en una misma persona, cual cuatrininidad santísima sin paloma.
El modelo femenino actual es demasiado exigente. Una tiene que –primero- ser lo que quiere ser, pero también lo que debe ser, y sumado a eso, lo que necesita ser, más lo que puede ser, para que todos los días pueda ser que una gane lo necesario para poder seguir siendo. Esto crea conflictos; por ejemplo, mi yo-modelo y mi yo-fontanera se estuvieron tirando de las mechas toda la tarde, hasta que llegó el yo-secretaria de astróloga con su bagaje de paz zen. Digan lo que digan, a mí me parece que nuestro Norte* es la esquizofrenia.



(*) Marina es el seudónimo que adopta el alter ego de la falsa María Natalia cuando realiza tareas que no le competen a una artista plástica, como ser reparar calcetines.
(*) Norte es el supermercado donde Marina trabajaba antes; unos holandeses que lo compraron le cambiaron el nombre y nos ahorraron la tarea.

HOY: Las diferencias ideológicas


(INTERIOR, AQUELLA TARDE DE ELECCIONES, DEPARTAMENTO DE PRISCILA*)

YO: (Recién llegada, desempaca una lata de duraznos) -¿Y? ¿Quién ganó? (Manotea torpemente pochoclo de un plato y se escalda con el caramelo caliente. Entre sus dos compañeros percibe un aroma a bronca fracturante de amistades y aguarda la novedad.)
PRISCILA: - Gana Macri, y yo casi-casi lo voto.
NACHO*: - Y yo casi-casi te retiro el saludo.


Por suerte Priscila había perdido el documento y no pudo ir a votar, y ya no está a favor de Macri. De hecho ahora está en contra de él, de Uribe, de Churchill, del Almirante Rojas, de Kruschev, de Berlusconi y del Capitán América. Muchos de ellos ya no están entre nosotros, pero eso no es molestia; el revisionismo histórico nos ha demostrado que nunca es demasiado tarde para andar enemistándose con figuras públicas. De todas formas, eso nos importa un pimiento, porque las diferencias ideológicas ya no son lo que eran.
La posmodernidad nos ha hecho el gran favor de fragmentar la sociedad, atomizar los lazos solidarios tradicionales, emburbujar a los individuos y customizar los movimientos políticos. Y entonces ¡voilá!: los que quieren un cambio, votan a Mauricio, rompiéndole, por tanto, las piernas a la Lógica. Administrar el Estado cual si fuese un eficiente consorcio del barrio de Belgrano es ser…¡pro!. Que esté todo bien limpito, bien iluminado, con muchos policías, eso es todo lo que cuenta, e insisto de nuevo, con entonación de propaganda de shampoo: ¡es tan pro!
El Partido por la Legalización y Despenalización del Cannabis, y el Partido Antitaurino Español también son dos grandes ejemplos de partidos de diseño. (Próximamente en la vidriera de www.holaholahelecho.blogspot.com) Te los probás y te quedan bien, por ende vas y los votás, cuando gobiernan prohíben las corridas de toros, y listo. Su misión patriótica habrá llegado a destino. ¡Es tan fácil ser ciudadano!
Hay partidos de lo que uno quiera, incluso para los que no quieren partidos ni gobierno, ni Dios ni patria ni patrón. En lo que va del siglo, hasta los anarquistas se nos han aburguesado. Con lo pintorescos que eran. Y además, de nuevo el punk está de moda en la alta costura, y sale carísimo. Ya no hay diferencia entre hippies y yuppies; fuman lo mismo, leen idénticos libros de autoayuda, siguen la dieta no-cárnica por el mismísimo porque sí. Los piquetes se hacen en Recoleta y Barrio Norte; Mariana Nannis usa gorras del Che, etcétera. Se ve que en el estomaguito del sistema queda lugar todavía para muchas y sabrosas oposiciones, contrahegemonías y contestatariedades varias. ¡Bon appétit, Monsieur Système!
Siglo XXI cambalache, posmoderno y senil, cantaría el tango si existiera. (Decimos senil por no decir gagá, porque ya no está de moda la palabra). Tetas de plástico que se encarecen cuando son más “naturales”, señoras que “se cuidan” tomando edulcorantes cancerígenos, concursos para quinceañeras donde el premio es una cirugía de nariz. Todo está bien revuelto y no se puede separar la cizaña del trigo porque los transgenizaron a los dos entre sí. Y como vemos, Vladimir Ilich Ulianov, el vanguardista del proletariado, el “hombre del pueblo” -Lenin para los camaradas- sí: ahora Lenin es DJ.


(*) Priscila es el nombre falso que debo usar para no escrachar a la que casi-casi vota a Macri.
(*) Nacho no existe pero igual le cambiamos el nombre para preservar su identidad.

Las cosas odiosas de la vida -Parte I-

(INTERIOR, ATARDECER, UNA COCINA FAMILIAR QUE NO RECUERDO BIEN)

MAMÁ*:-¡Mirá qué propaganda más pava!
YO: -De veras. (Muerde una colita de medialuna de grasa) Y se parece mucho a las de ahora. Qué lo tiró. El mundo no mejoró nada en medio siglo.
M:-¡Cómo que no! ¡Si nacimos nosotras!



Antes que nada debo aclarar que este escrito es la Primera Parte del tema, pero no está pensada la segunda. Sin embargo, mi pesimismo crónico me habilita a creer que se podrán completar varias secuelas que hablen de cosas odiosas. La vida corriente es una prolífica viña de ellas.
Además de las publicidades machistas e incoherentes -que, como podemos ver, existían desde los años ´60-, los chistes de González Oro, los anuncios de dentífrico y los tatuajes de duendes futbolistas…nuestra provisoria lista del día de hoy se acrecentará con ¡EL TIPO QUE HABLA DE VINOS POR RADIO KABUL!
Más allá de que Kabul no es mi favorita, es una de las cinco que se pueden escuchar en nuestro búnker (es decir, la cocina). Las otras son: Radio Villa Urquiza; Radio Federal; Radio 2x4 y una radio judía con canciones pop en idisch de la que no entiendo demasiado.
A eso de las veintidós treinta comienza a darle aburrimiento al micrófono un pedante señor de voz monocorde, explicándonos todas y cada una de las ventajas del moscatel, el por qué está de moda el merlot y él no coincide, con qué queso se acompaña un suave varietal de los Andes y cómo y cuándo se elabora el sake.

Ahora bien, yo NO vivo en Palermo Hollywood ni en sus barrios acólitos, ingiero polenta, empanadas, tomo cerveza y quiero escuchar música mientras pelo papas o picoteo restos de pastafrola, así que, señor, con el debido respeto, su elucubrada disgresión me importa un reverendo POMO; cállese esas finuras y deje escuchar a alguna banda de inglesitos ojisclaros que tocan la guitarrita porque les duele la vida, caramba.
Como no creo que el Sr. Enólogo del Rock lea esta ignota página, seguiré cambiando el dial para sucumbir a Radio Federal. Luego de escucharla cinco meses arribé al asombro de que es la radio de…(zan...zan…) ¡¡¡LA POLICÍA FEDERAL!!! Es el 93.7.
Gracias a este medio de comunicación curiosamente alternativo, podemos inferir que nuestros agentes del orden son tiernos, nostálgicos, ochentosos y en sumo edulcorados. De hecho, la lista de temas suele incluir:
-Tres versiones de “Perhaps”, “Lolly Pop”, “My Way” y “We want candy”, todas ellas anteriores a 1986.
-Los más gloriosos hits de Village People, Abba, Cher, Azúcar Moreno, Ricky Martin y Chayanne.
-Lentos de Twiggy, R.E.M., Marcela Morelo, Roxette, Los Plateros, Whitney Houston y Chayanne.
-Música de películas viejas: la de Volver al Futuro, la de Ghost, la de los Cazafantasmas, la de Casablanca, la de El Mundo según Wayne y la de Baila Conmigo, de Chayanne.

Mientras el de los vinos siga donde está, continuaré sumándome a la alegría federal: ¡Vivan las gorras! ¡y las pizzas! ¡Y viva CHAYANNE!

(*) Mamá es mi mamá y no hay necesidad de cambiarle el nombre porque madre hay una sola.

HOY: Los desplantes

(EXTERIOR, NOCHE VERANIEGA DE SÁBADO, CABILDO Y JURAMENTO)

YO:
(De minifalda, sandalias de golfa californiana, remera de moda, cartera llamativa avistable a una distancia de tres kilómetros con neblinas, maquillaje cuya aplicación demora cuarenta minutos y flequillo con suficientes productos químicos como para no pasar un antidoping en Holanda. Accesorios al tono.)
YO: (Voz en off) ¿Y si me cruzo a “A todo pancho” y saco un doble con jalapeños? (…) y una cerveza, seguirá la promo del porrón, pero a ver si justo viene este salame y no estoy (…) qué cazzo estará haciendo será posible (…) má yo me cruzo igual. (…)No. Momento. ¿y si viene? (…) ¿Y si no adelantó el reloj con el cambio de hora? ¿Eh? ¿Y si le pasó algo? ¿Y si lo asaltaron? ¿Y si lo agarró un piquete? ¿Y si lo agarró un piquete y lo asaltaron y le pasó algo y encima no adelantó el reloj? (…) (…) (…) (…) Bue, cuento hasta cincuenta y si no vino me compro el pancho, uno, dos, tres, cuatro, o mejor garrapiñada, cinco, seis, hay de almendras, siete, ocho, nueve, igual no me gusta la de almendras, diez, once, doce, y siempre es puro maní encima, trece, catorce, quince, dieci…
MUCHACHO IMBERBE DE BERMUDAS CUADRILLÉ: -Disculpame, ¿vos sos Camila?
YO: -No, no.
M.I.D.B.C.: - Ah…
-Diez minutos después-
M.I.D.B.C.: -Y decime, ¿no querés ser Camila por un rato?


Lo bueno de cuando me dejan plantada es que siempre que pasó fue en mi casa, y la intimidad hogareña permite disimular con más altura la humillación. Por suerte, porque estar parada más de una hora en la esquina donde ocurren sucesos como el ya descrito, y con carteras como la de la foto, no es para los débiles de espíritu, se los aseguro.
La sensación de que a una la están dejando de seña equivale a un proceso que describiré con esta alegoría: primero sos la frutilla del postre (llamativa, embadurnada con cremas y aderezos, sacada del freezer en que has vivido últimamente, etcétera); luego pasás a ser una sandía al costado de la ruta.
Sin embargo, hay situaciones peores aún: cuando no hay hora ni lugar para que te dejen cual fruta ofertada en cajones de dos por cinco. Nos estamos refiriendo a los desplantes y citas que jamás se pactaron. Es cuando un sábado a la noche estás más sola que el Llanero Solitario, con la diferencia de que no tenés caballo que te haga compañía ni balas de plata para matarte con elegancia. (O para revenderlas en Once a buen precio).
No quiere decir que yo no tenga amigas. Pero una está cansada porque trabaja, la otra en las afueras, la tercera se fue de vacaciones, otro preguntó la dirección de una rotisería china del Abasto y no volvió a dar señales de vida (igual vamos a suponer que ya es grande y sabe cuidarse solo), otra vive en Córdoba. Con María Natalia (*) te enganchás por el msn y te da para estar hablando dos días, pero está a treintidós piquetes chacareros de distancia, y así con todas. El caso extremo es mi amigo Nacho (*), que cuando le pregunto qué hace, me dice que va a leer apuntes de Semiótica. Aunque hayamos empezado las clases hace una semana. Aunque sea sábado a la noche.
Ese es el problema de tener amigos estudiosos y responsables: una se siente incomprendida en su jaraneo y atolondre, aunque no tenga derecho a ello. A modo de ejemplo -él nunca llega tarde a clases, yo siempre- citaré la vez en que habiendo bajado del mismo colectivo, él entró al aula diez minutos antes que yo, lapso que no sé en qué habré invertido, tal vez hacer pis. En realidad yo creo que Nacho me está haciendo el vacío porque siempre le gano a las cartas, y como tiene la Luna en Aries, le molesta y dice que soy una yegua. Lo que no observa es que, en virtud de la Ley de la Compensación, yo tengo suerte en el chin-chón porque no tengo un comodín en el amor, válgame mi estado de llanura social de los sábados.
Todos te dicen “bueno, no pases bola, sacudite la mufa y listo” y entonces yo sacudo y sacudo al celular a ver si se le cae algún mensaje. Y no, no le cae nada. Y es la hora en que ya no te queda otra, más que poner roncanrol y tomar cerveza. Lo malo es que enseguida te sentís un detective neoyorkino, de esos que sólo miran escenas del crimen y beben, solitarios, en su apartamento de cortina americana que trasluce neones. Encima me di cuenta de que a mi reloj cu-cú no le gusta el disco de AC/DC, porque siempre deja de andar cuando lo oye. En fin, paradójicamente, por lo visto, mi cucú es otro más que no me da ni la hora.

(*) María Natalia es el nombre irreal de una real amiga.

(*) Nacho es un real amigo que nunca me lee, pero basta con que vea esto que escribí para que piense que es él y se enoje, por eso guardo su verdadera identidad.

HOY: Los gastos de las Pascuas

(INTERIOR, SÁBADO DE GLORIA, CASA DE PRISCILA*)

PRISCILA:-Sí, ahora a mi otra hermana le dio por la religión, no sabés todos los santos que hay en casa, algunos te miran y todo.
YO:-…
HORTENSIA* -¿Y a vos qué te molesta?
P:-Que soy atea y hay santos por todos lados, ¡mirá esa Virgen en el teléfono, cómo te mira!
H:-Es verdad. Igual a mí también me pasa, prendo velas a la noche y me compré una Biblia.
P:-Pero Hortensia, ¿para qué querés otra? Si yo tengo una y no la uso. (Porque Priscila es atea)
H:-No, pasa que la que yo me compré es una Biblia actualizada.


Muchos hablan del estrés de la Navidad, del consumismo de la Nochebuena, de los gastos que acarrea el hecho de festejarla, de cómo afecta al hígado tanto chupi y brindis. Pero, ¿y las Pascuas? ¿Acaso la Pascua está en orden?
Las Pascuas son elitistas, sólo admiten pescado, gallinas y liebres. Nada de otros animales. Nada de renos. Yo creo que eso ayuda mucho a completar el horario de los noticieros, que ya prevén veinte minutos por emisión a las notas acerca de cómo aumentó el pescado este año, y lo imposibles que están los huevitos de chocolate. Respecto a esta golosina, la opinión generalizada es que “es un robo y se pasan, no te trae nada” (sic) pero sin embargo comentan eso luego de haberlos comprado. Es como con “Gran Hermano”, que lo normal es decir “yo no entiendo cómo pasan eso en televisión” (sic) pero saben a quién nominaron últimamente, quién se fue, qué canción bailable puso de moda el programa, a cuál de las chicas la publican en Maxim y qué muchacho lloró en el confesionario. Y sino, se apuran a enterarse, pero como quien no quiere la cosa, así, disimuladamente. Para mí que estas personas son de lo más fallutas.
Sacando las velas, las Biblias actualizadas, el Pentateuco remixado y la mar en coche, aún quedan gastos cuantiosos en estas fiestas pascuenses. Comer pescado, por ejemplo. ¿Se imaginan cómo afecta al presupuesto medio familiar tener que comer sushi todos los viernes, cual personaje de “La Lola”? Hay gente que come liebre a la parrilla, el domingo, para zafar del sushiman. Y es cara. Uno se pregunta las razones que tiene la gente para comprarla. Si con un pollo estamos, ¿por qué correr la coneja? Se dice por ahí que en realidad es una venganza subconsciente tramada por los jefes de familia. Dichos mártires soportaron en los supermercados a multitudes de conejos-promotores que les vendían huevos sin sorpresa, o huevos rotos, o con confites de anís en vez de roclets; en fin, es lógico que quieran vengarse de esos oportunistas enmascarados que les daban gato por liebre.
Algunos abrigan la tesis de que en realidad los huevos de pascuas no se compran, se trata de un trueque o intercambio, porque comprarlos te cuesta uno. Yo -hasta hace relativamente poco- creía que los de chocolate los repartía la Liebre de Pascuas, y me la imaginaba como una traficante mayorista de estos artículos de lujo. Como buena asidua del cliché, la suponía usando batas de raso rojo, bebiendo escocés etiqueta negra y escuchando a George Michael con dos conejitas Playboy en la falda. Ahora sé que a quien llaman “la Liebre”, es en verdad el dueño de Bonafide.

(*) Priscila es el nombre falso de esa amiga que siempre me lee y que sólo por eso -y otras grandes muestras de amistad- le preservo la identidad.
(*) Hortensia es un buen nombre falso que sirve para reemplazar al que tiene una hermana verdadera de la falsa Priscila.