HOY: La crónica anunciada. Parte I

(EXTERIOR, MEDIODÍA SANCOCHANTE, UNA RUTA DEL DESIERTO)

YO: -(Deambula por la banquina sin nada que hacer, mirando el colectivo varado y notando que alguien está usando el WC de la unidad, por el líquido que gotea en el asfalto. Ve al chofer manipulando con el tanque de combustible y se le acerca por puro aburrimiento) Y, ¿se arregla?
CHOFER: -No, no agarra, ves, le entra aire al tubo *palabrotas diversas* y entonces no enciende el motor.
Y: -(Habla por hablar) ¿Será por el gasoil?
CH: -(Indignado) ¡Pfff! ¡Si al menos FUESE GASOIL esto que le cargam…(Se interrumpe y cautamente prefiere callar antes que revelarle a una de sus pasajeras que la fórmula del “gasoil” se compone en sus tres cuartas partes de agua y kerosén.)


En los comentarios al prólogo de esta aventura, hubo algunas dudas sobre el número de integrantes que la compusimos. No está mal recordar que en toda gran odisea sucede lo mismo: ¿cuántos griegos asolaron Troya? ¿eran once mil las Once Mil Doncellas de Santa Úrsula? ¿o eran once, a secas? Todo dato confuso contribuye al mito, le da un sabor épico a nuestra gesta y la cubre con el vidrio polarizado de lo legendario. Sólo diré que, de todos nuestros compañeros, Marianela* decidió no ir y Beto* tampoco. Y no fue por el tema económico. Creo que nunca en la historia de nuestro colegio hubo un viaje más rasca que este. Yendo a Bariló en categoría “liberados” hubiéramos pagado el triple, aunque sea comprando chocolates para conquistar a algún coordinador ojiceleste. Violeta* no partió en el Gallardo Comfort Bus, tuvo un compromiso familiar que requería su presencia en la capital, así que prometió alcanzarnos cuanto antes viajando en un micro de línea. Y nos pasó, claro.
Carola*, la más comunista de la comunidad, me había pedido prestado Todos los fuegos el fuego hacía unos meses. Durante el plantón rutero bajo la artillería del sol cuyano no paró de hallar similitudes entre nuestra situación y La Autopista del Sur. Sólo que nosotros no estábamos en París, ni había autos, ni llovía. Ni llovería.
La fuente de agua más cercana quedaba a diez kilómetros. Un par de muchachos rústicos y desconocidos con quienes compartíamos el charter para dividir gastos, fueron a por ella. De más está decir que no llegaron. Ya se sospechaba que el líquido elemental no sería de su devoción, porque venían armando cocktails de fernet “Milán” con Pritty Cola desde las diez de la mañana, y convidándoselos al chofer en la base recortada de una botella plástica. Muy popular y autóctono todo, como el tetrabrick de “Mar de Arenas” del que no me despegué en toda la siesta, por más que estuviera caliente, con restos de azúcar de caña y olor a vinagre. Es que no me quería deshidratar. De todas formas convengo en que “Mar de arenas” es un nombre negativamente sugestivo para un vino con pinta de rasposo; estando en un desierto ni les cuento. Como no le sacamos fotos y resulta imposible hallarlo de nuevo, les ofrezco aquel “Manojo de uvas”, el reemplazo impecable.
En un momento apareció un joven imberbe, junto a un perro collie de puro pedigree. Nuestro hombre del grupo gritó esperanzado que venía Lassie a rescatarnos, pero no; era el jefe de los cerdos que habíamos mirado con hambre hacía rato. La clásica travesía de tres horas, a Gallardo le demandó salir a las ocho de la mañana y llegar a medianoche. En ese instante exacto nos dejó frente a la solitaria cabaña que calculábamos copada por vagos, a metros del río. (…) Años después, en un test de Posmopolitan* pícaramente llamado “¿Te gusta la aventura?”, a Lara* y a mí nos salió que deberíamos ser más arriesgadas y osar, por ejemplo, hacer dedo a la salida de un boliche veraniego en la costa atlántica. (Suspira)
El relato de cómo terminamos tomando gasoil de una manguera, el de cómo arreglé un inodoro rompiendo un mosquitero, el de la existencialista caminata hacia la Nada, el de cuando en pleno viaje a la audaz velocidad de 60 km/h se voló parte de la carrocería, el de las algas como ropa, el del jugo navegante, el de los artezánganos pedigüeños y el de cuando la amenazante Lulú* correteó a botellazos a unos chetos que nos tocaron bocina desde su 4x4, quedan para la próxima.

(*) Marianela no es la verdadera identidad de esta persona; me está cansando aclararlo siempre.
(*) Beto en realidad tiene un lindo nombre y no se apoda así porque cuando nació, su hermana me contó que alguien con muy buen tino dijo que ya basta con la costumbre de ponerle Gualberto a los varones de la familia. Pero al final se lo puse yo acá, para salvaguardar la Tradición y contar otra anécdota curiosa con esto de los nombres. Ojalá que nunca se entere porque me mata.
(*) Violeta es el nombre falso que digo que es práctico porque reemplaza nombres verdaderos de flores y también de colores.
(*) Carola tiene un nombre mucho menos aristocrático que este, creo que lo elegí para molestar a su conciencia de clase.
(*) Posmopolitan es un nombre falso que describe a la perfección la real idiosincrasia de cierta revista femenina.
(*) Lara es el cambio de un apodo verdadero, que nunca supe de dónde salió.
(*) Lulú no se llama así, pero tiene los rulos del personaje epónimo.

HOY: El prólogo de una crónica anunciada

(INTERIOR, TARDE DE HACE MUCHO, VENTANITA DE MSN)

ANDREA*: -¡Pili!
YO: -Andre… tanto tiempo! Cómo andás? (Snifea recordando que Andrea es ya una muchacha de 17 años y está por egresar de la escuela secundaria cita en la ahora distante provincia donde se conocieron)
A: -Igual que siempre, con los preparativos del viaje!
Y:-Ya estás terminando… (Sigue snifeando por el tiempo y la distancia y cómo crecen los chicos)
A:-Sí, te quería pedir consejos por la cosa de $$$…
Y: -Ah! Ja! Querés saber cómo hicimos p/ q el viaje de egresados de una semana nos costara sólo 25$ per cápita?!! Secreto profesional, jo jo jo.
A: -No, ya está la mitad paga y sale 900$ xq me voy a Bariloche. Lo q quiero es q me enseñes cómo convencías a la gente p/ q comprara esas rifas falsas con q los estafaste durante meses. O tb es secreto profesional? Jo, jo jo.


Luego de snifear de remordimiento y ternura pensando en el ejemplo que he dejado a las nuevas generaciones, le conté cómo se hacía, claro que pasando por alto su ironía del jo, jo, jo. Mi psicólogo diría que la decisión de revelar esta faceta de timadora ante el mundo obedece a mi baja autoestima y a una conducta sistemática de auto-boicot. Pero la verdad es que sólo responde a un profundo sentimiento de arrojo e impunidad juvenil, más dos partes de vocación por la ilegalidad y una cuchara colmada con la certera sospecha de ser inimputable.
Mi viaje de egresados no tuvo a Bariloche ni a Camboriú como destino. De hecho, durante el trayecto en micro algunos barajaban la hipótesis de que nos íbamos, llanamente, al carajo. (Intenta hacer memoria y se da cuenta de que la memoria no se hace, se nace). Ignoro si acertaron; sé que bajamos en Valle Fértil, luego de un par de inopinadas escalas en dos angustiantes puntos del desierto. Allí nos sorprendió (en orden alfabético) una cabra loca, la ebriedad del conductor, su fernet, el gasoil de composición también dudosa, un pastor, una piara de cerdos y un Torino que pasó saludando. Recuerdo la marca porque fue el único auto que vimos durante esas siete horas allí zozobrados en la arena.


Cuando la gente viaja, se pone más supersticiosa de lo que ya venía siendo en los martes trece y en los exámenes. Algún filósofo alemán debió haber dicho ya que los viajes son la sal del pan de la superstición. Quizá lo pensó pero no lo escribió y por eso no nos enteramos. (…) En la ruta contra la que nuestro colectivo arremetió existe la costumbre de dar un rodeo para visitar cierto santuario, so pena de tener percances en el recorrido. Muchas personas de poca fe vociferan que tales trastornos se limitan a pinchar una rueda, víctima de los miguelitos que arrojan los vendedores de velas y estampas en su cruzada por volver píos a los choferes. Quiérase creer o no, nuestro vehículo no transitó el sendero señalado por el marketing de las santerías, y el resultado fue una concatenación de accidentes y traspiés digna de coleccionistas extranjeros.


El origen de todo se remonta a una lluviosa tarde de septiembre en que contratamos los servicios de Gallardo & Co. “Viajes y Turismo”. Algo que -en virtud de la imagen previa- jamás deberíamos haber hecho, sólo que por aquel entonces no lo sabíamos. Quizá tendríamos que haber ido los diez integrantes de la división, nueve mujeres y un hombre; la presencia de un varón atenúa las ínfulas de los chantapufis, pero siendo tan feministas no podíamos saberlo. Caminábamos entonces las cuatro amigas juntas, con alpargatas y garúa, una combinación dadivosa en resbalones, la cual no conocíamos en toda su severa dimensión; mi pompis la conoció ese día. Andábamos, digo, como Los Beatles sin Yoko, o mejor aún, como Los Simuladores, sólo que aún faltaba un año para que salieran al aire y nosotras no lo sabíamos. Íbamos a una secundaria estatal en los ´90; sabíamos muy pocas cosas.
El garage precario donde se achatarraban tres ómnibus piojosos debió disuadirnos, pero éramos tan jóvenes e idealistas que no; queríamos cambiar al mundo, y ya que estábamos, al pétreo tradicionalismo del viaje a Bariloche. El dueño de la empresa de transportes (Reprime la carcajada al leer cómo ha denominado a Gallardo Viajes&Co.) nos mintió y sus empleados intentaron seducirnos ofreciéndonos toda clase de bebidas, algunas de las cuales una, que era una inocente, supone inconvenientes para ingerir en horario laboral. De todas formas, al igual que los niños, que naturalizan todo, están vacíos de previsibilidades y la más campante anomalía les parece normal, agarramos viaje. Fueron veinte pesos ida y vuelta per cápita, más el derecho a usar una ducha de un camping del cuñado de Gallardo, allá por el Valle. Éramos unas leonas negociando, qué lo tiró.


Una vez arribados a destino, los nueve camaradas de división nos hospedaríamos en una cabaña abandonada. La misma era -o fue en alguna época- propiedad de la tía de una compañera, y se comentaba que había sido usurpada por vagabundos. (Usurpada la casa, no la tía, aunque en su momento hubo bromas respecto al tema.) No tendríamos gas ni luz, y el techo deberíamos disputárselo a unos marginados, pero llevábamos una Helatodo, dos botellas de ron, una de vodka, un hombre, la guitarra, un paquete familiar de galletas Traviata, latas de atún y tres mates sin bombilla. Éramos tan jóvenes. Éramos tan hippies.
(CONTINUARÁ...)


(*) Andrea es la amiga de siempre, le conservo el nombre falso porque la última vez que la vi, me contó una anécdota divertida con un mimo de los que piden plata en el subte y antes de que pudiera decirle algo, acotó: "Sí, ya sé que lo vas a usar en tu blog, estoy harta; ¿acaso mi vida es un chiste?"

HOY: Las escuelas de seducción

(INTERIOR, NOCHE, FIESTA JOVEN EN UNA PENSIÓN DE ONCE)

ANDREA *: -(Amable como siempre, con espuma en el alma y cerveza en el vaso, prosigue la conversación que le entabló cierto individuo) ¿Y vos viniste a estudiar, a trabajar…de vacaciones?
EXTRANJERO QUE APARECIÓ CUAL HONGO CON CABELLO AFRO: -(Orondo, pretencioso, con acento, dándose corte) No, bueno, mira, yo vine a abrir mi propio emprendimiento…
A:-
(Temerosa, imagina que está frente a una persona demasiado VIP para un albergue de estudiantes. Retrocede con prudencia.) Ahh.. ¿de qué?
E.Q.A.C.H.A.E.L.P.D.A.: -(Didascálico, tose como los senadores y los expertos en cata de espumantes. Saca pecho.) Yo vine a la Argentina a abrir mi propio negocio de decoración con globos.
A: -(Voltea hacia el tumulto, se encubre con el vaso y un tema de Agrupación Marilyn ahoga su reacción) -Pffff… mjjjjuuu UHUHU usjujú jua jua ¡HA HA JAJA JA!

Las pensiones de Balvanera son un camporégano de nacionalidades; el conflicto Colombia/Ecuador de este año dividió las aguas, los cuartos, y el horario de ducharse. Fue difícil: lo más parecido a Chávez y Evo como mediadores era un pibe de las Guyanas que hablaba francés y un yanqui al que le robaron las zapatillas. La tensión diplomática no fue obstáculo para que la anécdota precedente estuviese sembrada de chascarrillos como el de María Natalia*, que deseó vía sms que al globista “no se le pinche el negocio”. Otra opinó que tenía tanto el pelo como el ego muy inflados. A lo cual Andrea retrucó que no importaba, porque ya le había “dado aire”. […] Y así se siguió durante horas.
Eran días felices, el riesgo país aún no había vuelto a los diarios, estábamos de vacaciones, tenía milanesas en el freezer, sol en el patio y una cumbia en los pies. (Baja a por un trago de vino que le edulcore los recuerdos.) (…) (Está picado.) La cuestión que quería tratar aquí, porque lo prometido es deuda, es el tema de las instituciones educativas que enseñan a levantarse mujeres. Como vemos, el chanta argentino no ha muerto; sólo ha prosperado.
Para corroboraciones, porque este blog es de lo más verídico, pase por http://www.seduccionsecreta.com.ar/ o por http://www.secretosdonseductor.com/ o por la hollywoodensemente vernácula http://www.levantart.com.ar/. Yo la recomiendo, al decir de Mirtha. Es como retroceder a la infancia y estar leyendo las Locuras de Isidoro, de veras.
Parece que allí son capaces de instruir a los caballeros para obtener números de teléfono de la chica que desean. También podés, por la módica suma de trescientos pesos mensuales -a razón de una clase semanal- reconocer cuáles son los mejores lugares para una primera cita. No vaya a ser que un novato haga la de Robert De Niro en Taxi Driver y lleve a su dama a aquel célebre cine de Flores, a ver una remake de Las Tortugas Pinjas. Sería lamentable.
Ante este flagrante curro consumado yo me pregunto, ¿qué tan difícil es sonsacarle el número a una señorita, si en algunos boliches con túneles le sacan hasta los calzones? A mí me mintieron: o los hombres son mucho más ñoños de lo que creemos, o el siglo XXI no viene con tanto reviente como se dice por ahí. ¿Tan difícil es chamuyarse a una mina? Creo que no, pero quizá sea porque tampoco lo intenté con tantas, debo reconocer que no me le animaría jamás a una rubia con animal print.
Me dijeron que un amigo de un amigo llega a encarar hasta quince veces por noche, y a todos los casos les pone ganas, sin importarle los rebotes. Tiene toda una teoría estadística sobre el asunto, con leyes de probabilidad, azar programado y singulares caracterizaciones de los procesos estocásticos. Eso sí que es un militantismo del levante científico; posee mi admiración. En cambio, en The Pick-up School lo que trasunta el programa de estudios es una afición por la cantidad, el número, la cosa al por mayor. Y ahí sí me ofendo, porque ¿qué somos las mujeres? ¿Cornalitos del muelle de Mar del Plata? Esa técnica de creerse un mediomundo y apuntar a cuanta hembrita se cruce, al voleo, tiene algo de espermatozoide indefenso perdido en un pelotero de óvulos. Por más que en Seducción Secreta te conviertan el look para que vuelvas locas a las mujeres, o logres obtener una personalidad atractiva e interesante. Porque, ¡diantres! ¿cómo diablos se compone una personalidad de esas, apta todo terreno? Querer gustarle a todas es terminar espantando a varias. Una colega universitaria precisamente se quejaba de los bobos de boliche, “esos que siempre te están contando lo cool que son y todas las cosas cool que hacen”. Citaba a los chefs, pero yo agregaría al que estudia cine en la privada y al VJ, al DJ, al RRPP, al CEO y otras siglas.
En fin, habría que decir que los alumnos de estas escuelas son todos unos cobardes redomados, pero esas frases asertivas que generalizan los asuntos de interés general son patrimonio de los noticieros. Mejor me despediré con una incógnita reflexiva: con lo bien que nos vendría a algunas haber nacido hombres, no comprendo por qué la Naturaleza insiste en dotar de cojones a señores que no los usan.


(*) Andrea es la de siempre.
(*) María Natalia podría ser la de siempre, pero no, porque es de esas mujeres que siempre se están reinventando a sí mismas. Esto creo haberlo dicho antes.

HOY: Los mentados estereotipos

(INTERIOR, NOCHE DE ALMAGRO, PIZZA CON AMIGO ARISTOCÁUSTICO)

VITO*: -Vos, así, tenés un montón de cosas de cheta, ¿entendés? Y está bien, porque no hay tipos puros, es todo una mezcla, la verdad está en el gris.
YO: -(…) (Está de acuerdo pero no quiere dar el brazo a torcer, y se distrae pensando que el gris, en efecto, es el color de la temporada) ¿Y yo qué tengo de cheta, a ver?
V.: -Y…(Dubitativo y certero) las uñas pintadas, ponele, y francamente, tu manera de niña bien para comer las aceitunas…ejem…
Y.: -(Voz en off) Inocente, ¡si me viera tomando vino en caja!


Las charlas con el entrañable Vito -"el aristócrata"- suelen conducir a reduccionismos simplones, como afirmar que soy cheta por las uñas que tengo, o que él es un pibe de barrio porque juega al fútbol y no se corta el pelo. Sin embargo, hemos visto que abjura de la generalización y anatematiza el tipo puro, así que no me la voy a agarrar con él desde esta cobarde trinchera de elhelecho. Es más, ahora mismo tomaré el charango de la Ira y la quena de la Indignación para cantarle las cuarenta a BESTIARIA. Disculpen por componer este libelo en segunda persona y ubicar mis notas en el más panfletario de los pentagramas, señores lectores, pero la Vergüenza está atacando con villancicos de ariete a la Navidad de mi conciencia. (Tose)
En plena posmodernidad, asumir clara y ciegamente que algo no nos gusta, equivale a afirmar que tenemos algo en claro, aunque más no sea un desagrado de morondanga. Y por qué no, casi-casi asumir un esquema de valores, un regreso al Templo de lo Axiológico, al Árbol del Bien y del Mal y otros lugares cada vez menos comunes. Peor aún si hablamos de lo bueno y lo malo en blogs, virtualismos donde el “todo vale” reina diletante mientras se hace las uñas y afila las garras.
Bestiaria es un blog que pueden visitar –preferentemente con el estómago vacío- a pasitos de aquí. Antes que suene el gong de la pelea quiero aclarar que no es nada personal, señora Bestiaria, por lo que leí, usted se ha hecho feliz escribiendo, mi enhorabuena pues. Y es más, yo no digo que lo suyo sea malo, de hecho, no digo que todo es malo, sino que todo es peligroso. Así que no diré que Bestiaria sea malo, sólo es aburrido, regordete de generalizaciones berretas y ubérrimo en estereotipos sin gracia.
A esto que hago le cabe una metáfora fraguada por un conocido mío: es como si un hincha de Lanús le tirara un piedrazo él solito a toda la barrabrava de Boca. Sí, muy bien. Es verdad, porque usted ya sacó un libro, es famosa, gana dinero con el blog, e incluso paga con rebaja su conexión a Internet; yo soy una chirusa y me leen dos gatos locos. Eso no impide que le diga que escribe fiero, doña.

En primer lugar, ¡sus generalizaciones! ese vademécum de estereotipos inhallables que sólo las opas y miopes tropas de lo Obvio acostumbran ver. La realidad es compacta, señora, compleja, dura como un coco, y sólo el aguzado machete de la sutileza puede quebrarla, desplegarla, explicarla, sacarle el jugo y ver lo rica que es. Aunque hagamos notas de costumbres. Aunque sea desde un blog. Aunque chirusa.

En segundo lugar, le cederé la palabra:
“No tengo que aclarar lo contenta que me pone ser parte de Crítica y todo eso, porque me imaginarían feliz y es algo que no quiero. Yo nunca estoy bien. Soy pesimista: vivo para quejarme y para protestar. No puedo remediarlo. A diferencia del resto del mundo, yo nunca pienso en vasos medios llenos o vasos medios vacíos, yo pienso que el vaso tiene vida, y que me quiere matar.”
Yo creo que si el vaso cumpliera su cometido, habría algunas pavadas de menos en la Internet. Y disculpe que la baje de sus mullidas nubes malaonda estilo neoyorkino, pero hace treinta años que el pesimismo no es fértil, mujer. No hay que decir que todo es malo, porque ahí la meta es la apatía. Repito, yo no digo que todo es malo, digo que todo es peligroso, no propongo el pesimismo sino un militantismo pesimista. Esto lo decía un tipo la mar de óptimo, a quien describiré como un puto que murió de sida*, para caer yo también en el barranco de la generalización y el cliché, y ver qué se siente. (Le agarra una patada al hígado y corre a por un boldo) (Vuelve) Otra cosa que no entiendo es la gente orgullosa de los defectos, que pasean su mal temperamento como si de carácter con pedigree se tratara.

En tercer lugar, para mí, la forma es contenido. ¡Pardiez! He estado en desiertos reales y literarios, pero árido y pretencioso como el suyo, pocos. Créame. Siémbrele un retruécano, o un oxímoron de secundaria al menos, para alegrar los ojos que se agobian entre tanto arquetipo de dos con cincuenta. Cuélele una metáfora, píquele algunas comas en juliana, no sé, improvise. Mire Arlt, describiendo al hombre de la silla en la vereda, qué despliegue exacto, qué prosa aceitada, qué afinación y balanceo en la ironía. La suya, señora, tiene el calibre de un misil tierra/aire con la puntería de una catapulta medieval. Le aseguro, es puro impacto, poco blanco, amplio margen de error, trazo brocha gorda, daño colateral a la inteligencia. Y perdone, pero el gramaje de la sofisticación de su prosa no llega al uno.

Parece que me he ensañado, pero no, ya lo dije, es la Santa Indignación la que promovió esta hoguera. Mi auto de fe reside en las mujeres, en esa surreal complejidad que las viste, en esa fuerza para cambiar lo que no va en vez de rubricarlo con la queja, en esa capacidad de amamantar las revoluciones silenciosas. Esas revueltas lentas y violentas en su paz, de adentro de la cabeza, de las mentalidades, que toman los invernales palacios del prejuicio y dan vuelta las bastillas del estándar.
Señora, soy la flaca que no engorda por más facturas que le pinten, soy la que odia cocinar y se manda ese “Pastel Niágara” de ahí arriba cuando cumple una amiga, soy la que presenta sus desgracias como si las provocara ella misma para tener algo que contar, soy la que come chori al paso con las uñas pintaditas, soy la que combina la cartera con los zapatos y soy la que se tiñe los zapatos para que le combinen con la cartera, soy la que saca buenas notas por un mal de amores, soy la que se sabe de pe a pa el último corte de Néstor en Bloque. Y somos la que cose medias y piensa en la Bienal de San Pablo en una veterinaria, la que se recibe en Comunicación en la UBA y tira el currículum en MTV, la que toca la guitarra y lee poemas pero no se resigna a salir con “intelectuales compungidos”, la que va con las compras –un pollo y sus interiores- a las asambleas estudiantiles, la que vive al día en una pensión hippie y conoce lo último de Dior y Cavalli, la que adopta un conejo por ternura, recriminándolo con insultos irreproducibles cuando orina su ropa, y así hasta el infinito. Las mujeres ciertas son inclasificables, y si bien no caben en las casillas, usted las saca de ellas.
No quise ser el gusano que desangra amargas babas sobre la roja manzana de su feminismo pesimista; fue un accidente. Esto no tuvo la intención de ser una crítica -por más que le quepa el sayo- porque la crítica es una cucarda que a veces condecora cabos creyéndolos coroneles. Como epílogo, señora, a contrario de lo que usted afirma en una entrevista, yo no quiero ganar plata con mi blog. Para ganar plata, trabajo; soy secretaria de una astróloga: robo honradamente.


(*) Vito se me ocurrió por Corleone, aunque como nombre falso también estaba Vittorio, por Gassman, o Vincent, por V. Gogh, que cuadraba por artista, y Victorino, por De la Plaza, un aristócrata de aquellos.

(*) Conocido en ciertos círculos como “Michel Foucault”; colega y compatriota del otro que decía que la realidad es compacta y compleja.

HOY: Los desencuentros

(EXTERIOR, ESQUINA DE CABILDO Y JURAMENTO, MEDIATARDE CUAL GALLETITAS)

YO:-(Atiende su celular demodé) ¿Holá? ¿Andrea? ¿Dónde estás? Yo en el Café Cinema.
ANDREA*-¡Pili! ¡Yo también! ¿En qué esquina?
Y.:-Justo abajo del cartel de Cabildo y Juramento, ¡no te veo!
A.:-Ehh… Es que yo estoy en Santa Fé y Callao.


Este post debería hablar sobre otra cosa, pero me desencontré con mi hermano y no me dio la foto que necesitaba. Podría haberme enojado, pero eso no corresponde a una hermana mayor que está acostumbrada a despistes, desboles y otros graciosos percances que ocasionan las jóvenes generaciones, porcas miserias, en mis tiempos no pasaba. En fin, tuve que usar la foto de este otro cartel de calle, que igualmente es bastante jocoso. (Como el blog de donde lo hurté: www.chaochaocacto.blogspot.com.)
Existen desencuentros entre amigas, entre hermanos, o también con uno mismo, como le ocurrió a mi amiga Ana* que escucha Metallica desde los trece y yo la llevé a una fiesta latina. Allí, entre copa y copa, terminó siendo la locomotora de un trencito que marchaba al son del cucumelo, y me dijo “todo bien, Pili, pero no me hallo mucho aquí”.
Sin embargo y sin explicaciones, me propongo hablar de los desencuentros de género, es decir, cuando a una le gusta alguien y para ese alguien una está dibujada. Estos especimenes anodinos de los cuales ni siquiera habría que hablar, han sido ordenados según el rechazo que suscitan, desde el despreciable hasta el despreciable y medio. Veamos:

Tipología a): El que te dice que te quiere pero no quiere estar en pareja porque estuvo de novio un año y medio y quiere libertad. Carácter: Despreciable. Comentarios: Para estos sujetos, las mujeres venimos a ser una especie de traficantesas de esclavos del mundo moderno. La particularidad de estos siervos es que son tan libres de quedarse como de irse, y de hacer de su culo un pito, con lo cual queda subvertido por completo todo el concepto de esclavitud que dichos monigotes se atreven a esgrimir ante las incautas.

Tipología b): El que te dice que te quiere y después no te llama en un mes, y cuando lo llamás vos te dice que estuvo “muy ocupado”. Carácter: Temible. Comentarios: De qué nido de pajarón se cayó este presuntuoso, no sabemos. Porque un mensaje diciendo ternezas hasta puede mandarlo desde un inodoro, mientras hace aquellas cosas que no puede dejar de hacer por más OCUPADO que esté, él y el baño. Ni que fuera el Marqués de la Pitufresa en gira electoral.

Tipología c): El que te dice que te quiere y que si le convidás un pucho porque no compró. Carácter: Vividor. Comentarios: Más que un cigarrillo merece un cenicero por la cabeza -como hizo la Su- porque, como se dice, “Un tipo que pide prestado, mejor perdido que encontrado”.

Tipología d): El que te dice que te quiere y que si lo dejás, se mata / se sumerge en el vicio / se va del país. En este caso, una, que siempre está ahí, está dibujada por su esencia de “escenario”, en tanto constituye parte indisociable de lo que ellos creen que es su medio de supervivencia cotidiano. El estatus que nos otorgan está al mismo nivel que el de la heladera, el papel higiénico o la radio. Carácter: Tremebundo superlativo. Comentarios: “Dejémoslo” ahí.

Tipología e): El que no te dice que te quiere. Y ahí ya nada vale la pena, excepto tomar cerveza en fiestas latinas y hacer trencitos al ritmo del Cuarteto Imperial.

Como conclusión feminista, sostengo que los hombres -igual que los bañeros y los réferis- no serían tan hombres sin su pito. De veras.


(*) Andrea es la falsa Andrea de siempre pero en épocas pasadas, como mi celular demodé.
(*) Ana es el nombre falso de mi amiga ex-punk que no quiere que sus amigos aún punks sepan que me acompaña a fiestas, trencitos y pogos poco punks.

HOY: Las clases altas

(INTERIOR, VERMOUTH, CASA DE NACHO*)

NACHO: -(Corta salame en una tabla) ¿Y tuviste que pasar por Callao, por Santa Fé?
MANU*: -
(Dice que sí con un ojo, fiel a su carácter introvertido)

N.: -
(Aclara a los concurrentes que no corta más fiambre porque no hay) Che, ¿y era muy cheto el cacerolazo ahí en Barrio Norte?

M.: -
(Junta las manos bruscamente a la altura del rostro, cual rezo súbito) ¡PFFF! ¡BOLÚ! ¡¡Salían con la Essen!!


Yo acuso.

A las clases altas.
A la indignidad de los ricos.
A las prepotencias adineradas.
Y ya que estamos, a la señora rubia que deja que su caniche me haga en la vereda.
Afirmo, desde esta tribuna, que la clase alta tiene un defecto congénito: la completa imposibilidad de ponerse en el lugar del otro. Como el caso desopilante de aquella chica top -digámosle “Monique”- que me invitó a mí y a Andrea* a una fiesta de despedida porque viajaba, diciendo que no lleváramos nada para tomar porque “ella se encargaba” y que nos “quería ver a todos” porque nos iba “a extrañar mucho”, y cuando llegamos a la famosa celebración, nos dijo que había que pagar una suma exorbitante para entrar, más los tragos, más el guardarropas. (¿?) Y cuando con toda la sorpresa que eso nos deparó le dijimos que no contábamos con cuarenta pesos entre las dos, sencillamente nos dijo que nos fuéramos. Y nos fuimos, claro. Creo que deseándole buen viaje, y todo, aunque un poco aturulladas.
Luego de que se nos pasara el asombro, Andrea* reflexionó que si alguna vez desea partir a la Europa, organizará una fiesta así, “porque con lo que recaudás, te financiás el pasaje, ¡qué práctica que es la gente de clase alta! Cómo se nota que estudia en universidades exigentes.” También acordamos que dado el inverosímil evento de organizar nosotras una fiesta con entrada paga (puaj), y dado el fenómeno de que vaya alguien que no cuente con recursos, sería lógico dejarlo pasar gratis. Esa urbanidad nuestra es la marca visible del fracaso; no tenemos un ápice de visión empresaria, ¡maldición!

Volviendo al día del cacerolazo, no digo que esté mal protestar, al contrario. La capacidad crítica es el antídoto a la posmodernidad, estamos de acuerdo. Pero a ver qué y por qué, ¿no? Aquí presentamos un resumen novelado del escenario que hubo el día 16 entre las gentes según factores socioeconómicos:


a)
CLASE ALTA:
-Gordo, ¿renovaste el plazo fijo en Davos?
-Querida, sabés que de esas pequeñeces se encarga el contador. ¿Qué es ese ruido de cacerolas?
-El populacho debe estar festejando el Día del Padre con murgas. ¡Estos argentinos, cada vez más latinoamericanos cachimbomberos!

b) CLASE MEDIA ALTA:
-Quiero mi asado y mi pollito y mi asado y mi pollito y mi pollito y mi asado y que la nena viaje a Disney para los quince y que la hija del vecino no. Y quiero mi asado y mi pollito y mi pollito y Macri y mi asado y Disney y mi pollito. ¡QUIERO MI POLLITO ASADO PARA EL DÍA DEL PADRE, PRESIDENTA!

c) CLASE MEDIA:
-Por la avenida se oye algo, pero en la tele qué dicen, poné, a ver.
-Y… acá está Susana.
-Y ahí está el resumen de Tinelli.
-¿Y en Crónica?
-Pucha, no sé, ya no tenemos cable.

d)
CLASE BAJAMENTE DESPOJADA:
-…

En pleno cacerolazo salí a tirar la basura (mentira, salí para pispear, pero no importa) y justo pasaba un cartonero. En feriado. En día del padre. En frío. En de noche. En cacerolazo. Y la verdad que no comentó ni protestó nada del campo, ni del gobierno, ni de las cacerolas, como que no tenía tiempo ¿no? o ganas. Este helecho lo ratifica: la libertad, los viajes y los pollitos asados son para la gente como uno, que vive de rentas.

(*) Nacho es el de siempre, el que ofrece picaditas, convida queso importado, sirve tés de seis gustos distintos y empanadas de primera calidad, y después se disculpa de que “nunca haya nada decente para comer en esta casa”.
(*) Manu no se llama Manu; a los hombres cuyo nombre real empieza con “M” les mantengo la inicial, así nadie entiende si hablo de Matías, Milo, Mariano, Martín, Mario, Manuel, Maximiliano o Miguel. ¿Verdad que soy el Maxwell Smart de la confidencialidad?
(*) Andrea es la de siempre, y eso que se tiñó hace dos meses y parece otra.

HOY: La compulsa de las compras

(INTERIOR, NOCHE, MESA DE MI COCINA)

YO: -Y pasé a ver las liquidaciones, pero no sé, no me gustaba mucho nada, llevé remeras solamente. Me compré cuatro nomás…
ANDREA*: -¡Pero PILI! ¿¡Cómo “nomás”!?


Resulta que una vez, Mariana Nannis oyó El Llamado, y subió a lo más alto del Alto Palermo a ver si mejoraba la señal, y atendió el celular y vio que El Llamado era bueno, y que El Llamado era Dios, y que era bueno también. Lo malo fue que no tenía ID-Call para ver el número y sacarle las prebendas a Bianchi. Una vez allí le fueron entregadas las dos Tarjetas de la Ley, con los Diez Mandamientos del Consumo. Dios se las dejó en doce cuotas sin interés, pero igual a Mariana no le devolvieron el IVA. Así que bajó hecha una furia echando relámpagos cual Moisés, y las rompió con una tijera. Qué pava. Al final las pegó con cinta y esto es lo que quedó:

1) No adorarás a otro Dios que a tu Señor el Crédito.

2) No invocarás el “Comprateló” en vano.

3) Santificarás las Grandes Baratas.

4) Honrarás y respetarás el closet de tu madre.

5) No cometerás batik contra tus prendas indefensas.

6) Peregrinarás una vez por temporada a la Meca, es decir, el Once.

7) Cosecharás tus propias ofertas y por tus gastos te conocerán.

8) No codiciarás la indumentaria de tu prójima. Se la pedirás prestada.

9) y 10) El Nueve y el Diez Mariana todavía no los terminó de pagar.

Nunca pensé que escribiría sobre las compras, pero visto y considerando que la lista de mis artículos adquiridos el día de hoy justificaría una visita a un psiquiatra especialista en esquizofrenias, trastornos de doble personalidad y otros patatuses, me siento confiada. La retahíla asombrosa a la que me refiero consta de los siguientes ítems por orden cronológico de adquisición, téngase en cuenta que la muestra corresponde a tres horas y media de recorrido por dos barrios de esta Capital. Veamos: a) un par de calcetines b) cien gramos de muzzarella c) barritas de azufre d) quince sahumerios de coco e) guantes de lavar f) un juntamigas g) tres curiosos imanes de heladera h) un pendrive i) medio litro de gotas para los ojos j) veinticinco metros de cable coaxial, k) un Poxiran. (Haré caso omiso de los comentarios chistosos que eso provoque).

Este patrón de compra indiscriminada, caótica e irregular, impredecible para el cálculo de probabilidades e improbable para los expertos en marketing, se repite en la adquisición de libros. En mis estantes coexisten sin trompadas Bioy Casares (arriesgo: el playboy que escribía) y Rodolfo Walsh, que antes de desaparecer supo decir que “según cómo la usás, la máquina de escribir puede ser un arma o un abanico”. Pues bien, este mueble mío es un continuado de libros-abanico y libros-libros. Todavía no sé cuáles son qué, porque -lo admito-: los que me compro, no los leo. Noventa pesos invertidos en diecisiete unidades durante la última Feria del Libro, y no abrí ni uno.
Madame Nannis soy yo.


(*) Andrea es la chica que trabaja en un local de ropa en el que instalaron micrófonos y cámaras de seguridad para vigilar a las empleadas, "por las dudas". ¿Por las dudas de qué? ¿De que se disfracen de Britney Spears cuando no está el dueño? Otra incógnita más, como la del nombre verdadero de Andrea.

HOY: El frío

(EXTERIOR, ANOCHECER, CALLECITA DE SAN TELMO)
(Esta cronista camina junto a Nacho* y Mara* en un clima fresquitotoñal, comen semillas de girasol, hablan de la vida y del fileteado porteño, pasean por Parque Lezama, subibajan veredas escalonadas y escuchan cómo y con cuánto ganó Boca por boca de todo el barrio de la Boca, esquivan pozos y desean chocolates Havanna.) (...) (Oyen otros idiomas al llegar a la zona de hostels for export at U.S.A.´s dinner time) (sic).
MARA, NACHO Y YO: (Inocentes, enmudecen al unísono ante un par de escotes más profundos que la Fosa de las Marianas, los cuales pertenecen a dos llamativas casquivanas extranjeras que circulan con poco abrigo por Humberto Primo, a puro grito y descoque, de minishort y tacos altos.) - …NACHO: -…YO: -… (Se distrae tratando de adivinar si esas mujeres llevan pantimedias.)MARA: (Cándida) -¡Qué poco frío tienen estas yanquis, ¿no?!

Hay gente que declara que el frío le gusta, como Nacho, o como un señor que es mi psicólogo. Ahora, cuando una se pone indiscreta y pregunta específicamente qué les puede agradar de tal azote, contestan “estar bien abrigadito en casa”, o “usar pulóver”. Es decir, lo que les gusta del frío es defenderse de él. Una de las premisas de las que parto en este escrito afirma que esa gente está más o menos loca.
El invierno tiene muchas cosas buenas, la primera de ellas es que se transpira menos, la segunda, (…) (piensa) (sigue pensando) (se concentra) (…) (Va y se hace un té). La segunda es que la luz del sol baja los decibeles y ya no se mete donde no le importa, es un sobrio oficinista inglés que ficha de nueve a seis. La tercera, (estampa bruscamente a un mosco contra la pared) la tercera podría ser que no hay mosquitos, pero en mi casa sigue habiendo, y están como entrenados porque no se dejan matar. Deben ser una raza de elite de zancudos árticos.
Podríamos decir que en esta época es más lindo estar en casa, junto a la estufa. Pero con la crisis energética, decir que está bueno prender la estufa (a gas o eléctrica) lo convierte a uno en opositor al gobierno. Podríamos estar de acuerdo en que es lindo tomar chocolate caliente, o hacer una fondue a pura extravagancia invernal, pero no, porque consumir productos lácteos también equivale a estar en contra del gobierno. Podríamos ponernos a hacer tortas fritas en la cocina, pero freír y ponerle aceite a las ensaladas también es boicotear al gobierno. A veces se me ocurre que este gobierno se está poniendo un poco rompe.
La macana es que dicho así, desde el clasemediaje frívolo, queda muy mal. Habría que decirlo desde los que hace rato que no tienen para tortas fritas ni leña, o desde la UBA sin gas, aunque igual Cristina Fernández de Kirchner no lee este blog. De hecho, se ve que no le gustan porque  según Perfil a su hija Flopy se lo censuró de un saque (“¡Sacalo, mocosa!” le dijo, “¡o no te traigo a Miranda para tu cumple!”).
Voy a ponerme en positiva porque si sigo así me parece que la tercera ventaja quedará vacante hasta la primavera. (Se encima otro pulóver pero tirita igual). (Pone música tropical, baila y tose, se toma un VickVitapirena de esos que los hipertensos y las personas nerviosas no pueden tomar; chapucea pasos, al fin entra en calor.) En resumen, yo diría que lo único que abriga bien -en invierno- es la cumbia.

(*) Nacho es el nombre verdaderamente falso de alguien que en serio se declara partidario del frío de veras.
(*) Mara es el nombre falso de la moza que los comensales llaman con chiflidos, a pesar de llevar su nombre real bordado gigante en la espalda.

HOY: El ladrón de escarapelas

(INTERIOR, CASA DE NACHO, VÍSPERA DE FECHA PATRIA)

MANU*: -¡No sabés! Vengo del locutorio, lo asaltaron unos pibes y yo estaba en la cabina, viendo todo, y no podía salir, y entonces llamé acá para hacer tiempo y no me atendiste…
YO: -Uy, es que pensé que eras un salame que está por llamar, le dije a Nacho que te colgara
(se sonroja)
NACHO: -¿Estás bien, te hicieron algo?
M.: -No, a mí no y al dueño tampoco porque tiene rejas, pero estaban re puestos, imaginate que se querían llevar las escarapelas.
N. y Y.: -¿¡QUÉ!?
M.: -Les juro,
(gesticula) decían así: “eiii pesito no tenés, eiii cómo no tenés, bue, largá, largá una ´scarapeeeela ¡gato! ´carapela por la paaatria” y el dueño ni bola, total atrás de la reja, ¿no? y ahí agarran y salen corriendo con
el coso de las escarapelas y unos colgantes de Boca…
Y.: -
(Piensa en su blog) Emm…guau…
M.: -Y cuando pagué y ya salía, ¡volvieron los pibes!
N.: -
(Risueño) ¿A por más escarapelas?
M.: -¡NO!
(Abre los ojos aún no repuesto de la sorpresa) ¡Volvieron a devolverlas! (Bebe soda) Porque para qué las querían, decíme.


En realidad yo había empezado un post acerca de las postergaciones. Y lo postergué. Y así, al posponer el escrito sobre las postergaciones, la coyuntura de fechas –y la llamativa anécdota del principio- se me vinieron encima. No me queda otra, me siento interpelada a hablar sobre el 25 de Mayo.
Estamos en el período de entrefiestas (patrias, se entiende) y como en todos esos lapsos, la gente se pone sensible y el tiempo se esfuma en trises inefables. Entre Navidad y Año Nuevo, por ejemplo, nadie se acuerda de qué hizo, a quién fastidió por el Día de los Inocentes, cuánto tomó el veinticuatro a la noche, cuál era la patente del que lo chocó en la madrugada del veinticinco, o dónde prometió pasar el treinta y uno. La cosa se pone conmovedoramente irracional; parece que hay varias similitudes con la triple seguidilla 25 de Mayo – 20 de Junio – 9 de Julio. (Por caso tenemos a la comida especial que podríamos comer en cualquier otro momento del año pero que no comemos porque dicha comida especial es especial porque no se come en ningún otro momento, llámese locro, pan dulce o mazamorra.) Cuando se viene este trío patrio, la nación se pone nacionalista. Para muestra basta una farmacia. O las señoras decentes que pasean por Recoleta con sombrero de gaucho y alpargatas de carpincho, sin darse por enteradas de la jocosidad que despiertan con semejante pseudodisfraz chauvinista.
Un empleado de subte amigo mío dice que en esta época Metrovías los obliga a regalar escarapelas con cada viaje que compran los usuarios. (Ahora sí, ya podemos considerar a Metrovías como una verdadera empresa nacional). Dice que en fechas patrias aprende un montón de insultos nuevos, provenientes del ganado humano que empieza un confortable viaje en la B durante la hora pico pinchándose los dedos con el alfiler patriótico. Una vez, harto de secuencias dignas de la Bella Durmiente con su rueca, decidió ponerse a repartirlas en la escalera, cual síntesis moderna de French y Berutti. Si bien ya nadie se pinchaba, a mi amigo se le pinchó el patriotismo cuando un joven que calzaba zapatillas de resortes se prendió los colores blanquicelestes y le comentó “eh, papi, esto es por Tévez, ¿no? porque ayer lo vendieron regroso afuera, qué grande, ¡aguante Tévez!” y partió resorteando hacia el vagón más cercano.
Un ciudadano que se precie de serlo, se agarraría la cabeza decentemente. Otro que intente actuar como tal, la usaría para pensar y preguntarse, después de todo, qué concepto de patria puede tener alguien que a los dieciséis años anda por La Paternal asaltando locutorios en vez de ir a la escuela y comer todos los días.
Yo diría que mientras la patria sea patrimonio exclusivo de la gente decente será, cuanto más exclusiva, más excluyente ¡ahijuna! ¡Por más gaucho, carpincho y locro que le pongan, patriotas sotretas!


(*) Nacho es el nombre falso que uso siempre para nombrar al mismo de siempre.
(*) Manu es del campo pero no sé si está con el campo, así que le mantengo la identidad hasta que se solucione el conflicto y veamos cómo se pone enseguida del lado del que gana.

HOY: El trabajo

(INTERIOR, MEDIAMAÑANA, LOCAL DE ROPA DONDE TRABAJA ANDREA*)

ANDREA: -(Sabe que llega tarde y por ello pone cara de pollo llovido) Hoola…
EL JEFE: – (Irónico, la mira ingresar desde su cómodo puesto de cajero) ¡Buenas tardes querida!
A:-Ay, perdón, es que se me hizo tarde porque fui al Todomoda a comprar las cosas para decorar la vidriera y cuando estaba pagando, zas, entra una empanada gigante bailando breakdance y repartiendo volantes y yo no me podía ir porque no me daban el vuelto y la empanada tapaba toda la entrada y…
E.J.: -¡Pero claro! ¡Ayer era la polilla gigante en el depósito, ahora es una empanada, lo gigante son tus excusas! Acá se trabaja de otra manera, con gente pro-activa, entendés, porque (Le suena el celular y atiende).
EMPANADA GIGANTE: -(Voz distorsionada, como si proviniese de las profundidades de una gomaespuma) ¡HOLA A TODOS! ¡¡¿YA CONOCEN LA SUPER PROMO DE ONLYEMPANADAS*!!? (Baila) ¡Ahora mi secretaria les va a regalar empanadas a todos! ¡Hasta al jefe! (Hace el pasito de la caminata lunar que popularizara Michael Jackson años atrás, impidiendo toda transacción en el local e incluso el intercambio visual entre empleadas y clientas. Causa caos durante un cuarto de hora. La promotora que lo secunda reparte dos docenas de alimento.)
E.J.: -(Muerde una empanada de carne suave, mira a Andrea que sonríe triunfante degustando una de jamón y queso, llama al cadete) Danielito, andá al chino y traete un raid para la polilla del depósito, no vaya a ser que nos joda los chalecos que entran hoy.



En vísperas del Primero de Mayo, una clienta le preguntó a Andrea si al día siguiente trabajarían. Y ella, con una entonación altamente sindical, mirando de reojo a su empleador, se manifestó: “CARAMBA, ESPERO QUE NO, SEÑORA.” Esa anécdota, sumada a algunos comentarios de una amiga que trabaja de moza en un restaurante fino y está harta de que los comensales la llamen chistándola como a un perro faldero, han motivado estas líneas.
Hay un bello dicho popular que sugiere que “si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos”. Hoy en día, en virtud de las condiciones laborales en las que nos empantanamos cada vez más, el trabajo te sonsaca la salud (física, mental y económica). Los que están en call-centers, los que se han macdonalizado y los que soportan trajines abogadiles en estudios jurídicos, por ejemplo, están hechos unos enfermos. Para qué hablar de las empanadas danzantes o los hombres-revista de los semáforos.
Luego de haber trabajado, y por lo tanto, de permanecer embretada entre clientes y jefes durante bastante tiempo, he comprobado que la frase “el cliente siempre tiene la razón” es una falacia grande, grande como la evasión de impuestos y la tasa de explotación. El que siempre tiene la razón es el jefe. Después del jefe, la secretaria del jefe (digamos, “la favorita del rey”), después, la mujer del jefe, o la hija, o el hijo, o el padre. Mucho más atrás, vienen los clientes. Los empleados no, nunca, jamás, ni por asomo, tenemos razón. Acostumbrarse a esa irracionalidad es duro.
Algunos jefes, para darse corte, te hacen el verso de comentarte en la entrevista que “esto es una gran familia”. Pero la familia no es una institución democrática. No sé si se dieron cuenta. A mí me obligaron, y desde pequeñita. Pero no importa.
De todas formas, en el trabajo se aprenden muchas cosas. Yo, por ejemplo, si hay algo que aprendí trabajando es que es mucho mejor vivir de rentas. Y si eso no se puede, es preferible ser dueño. Y no me refiero a “ser independiente”, no. Ser D·U·E·Ñ·O. El setenta por ciento de los beneficios de ser jefe reside en tener empleados a quien doblegar. De veras. Porque, ¿han visto, queridos lectores, a esos sujetos engrupidos hasta la locura, que afirman “yo soy mi propio jefe” de lo más cocoritos? Bueno, esta gente omite decir que en realidad son sus propios empleados, lo cual es gravísimo: ser mi propia empleada con una jefa como yo, se volvería un calvario terrible.



(*) Andrea no existe, ni para el blog ni para la AFIP ni para el ANSES, porque está en negro.
(*) Onlyempanadas es el seudónimo extranjero de otra empresa que ridiculiza a sus empleados, como la heladería que obligaba a los deliveriesboys que andaban en moto a usar gorro y barba de Papá Noel en diciembre, con 40°C.

HOY: La huelga I

(INTERIOR-CAMA, DÍA DE CONVERSACIONES TELÉFONICAS SIN SALIR DE LA MISMA, MI CUARTO)

NACHO*-¿No vas a la facultad hoy tampoco?
YO:- NO.
N.: -¿Por? ¿Te sentís mal, querés que hablemos? Paso a tomar un café, ¿dale?
Y.: -NO. (Cuando los leoninos se empacan, la cosa viene mayúscula.)
N.: -Pero decíme qué te pasa al menos. ¿No fuiste a rendir el parcial? Fue ayer.
Y.: (···) (Tres puntos, en mayúscula.) -NO.
N.: -Boluda… no vas a salir más si seguís así.
Y.: -¡ÑIQUIMIMPORTA UN CAZZO!
N.: -¿Un qué? ¡Pero qué te pasa!
Y.: -QUE ESTOY EN HUELGA.
N.: -¿¡EN HUELGA CON QUÉ!?
Y.: -¡CON LA VIDA!


Si existieran asiduos lectores de este blog, habrían notado que hubo una semana sin post alguno. Si existen dichas personas, entelequias dudosas cual hadas, se habrán preguntado por qué. BUENO. PUES PORQUE ESTOY DE PARO. ¿Con qué? Ya se lo dije a mi amigo por teléfono: CON LA VIDA Y TODAS SUS SUCURSALES. Así es. Uno se imagina al deprimido con las chancletas sucias, la barba de tres días y la yerba del mate secándose al sol. Pero a mí no me sale tener barba ni dejármela crecer, no. Ni quedarme con los brazos cruzados, porque si los tuviera así no podría escribir este post que –de puro largo- vale por dos. Además soy de Leo. Además, aprendí muchas técnicas de lucha y resistencia gracias a la Huelga de Cloacas de hace quince días en mi casa.

(…)

Aquel conflicto parecía irresoluble. Fue espantoso porque, como propietaria, cumplí el rol de terrateniente oligarca y mi único objetivo era reprimir. Y estaba retobado el baño, eh. Primero fue el Sindicato Disidente de Surtidores, Sumideros y Afines, que me llenó la bañera con una movilización de lo más violenta, con carteles de “Libertad al compañero piquetero Raúl Canillas” y “Abajo la burocracia de albañal”. Después vino el Movimiento Grifos de Pie. Mamita. Una semana más tarde, todas las baldosas del baño se habían solidarizado con el Ejército de Rejillas de Liberación Popular Antiimperialista, y albergaban allí a su mítico Subcomandante rejillero.

Mis carros de asalto, es decir, el cloro puro y el ácido muriático, alias “Clorindo y Muriel”, que se ven ahí arriba, no me sirvieron de nada. (Este blog es un medio de comunicación; como todo medio de comunicación, no divulga la movilización, sino más bien asusta con la represión, por eso la foto del bidón.) (Y ya que estamos, yo pregunto, ¿alguien vio un carro de asalto de verdad, no por la tele, sino ahí, al alcance inmediato de los ojos? Porque una vez pasé por el Ministerio de Hacienda y había uno, y por más que no sucediera naranja y los policías estuvieran tomando mate, diciéndole cosas a las chicas lo más panchos, el famoso carro de asalto mete UN MIEDO…Tiene unos cañones en el techo terribles, y eso que solamente tiran agua a presión y gases lacrimógenos, cosas inocentes ¿no?, nunca cloro puro ni ácido muriático. Querría saber si a todos les pasa igual o si soy yo que soy una cobarde.)

HOY: La huelga II

La cosa es que se armó un bidet de diálogo, y yo les pregunté a los rebeldes qué querían, y me contestaron “Queremos al Plomero”. Y me decidí a llamarlo, para que volviera por el baño, porque en esos momentos estaba con la Puerta de Hierro del patio, arreglándola. (Juro por el Santo Moranguete que eso es completamente cierto; de hecho creo que es lo más veraz y verosímil de toda esta fábula.) Mientras el Plomero estaba en el patio arreglando aquella puerta, que había tenido que desarreglar para poder hacer un arreglo –¡qué paradoja!- en la tubería del lavadero, en la cortina de la ducha empezaron a verse grafitis con las iniciales “P” y “V”, es decir, “Plomero vuelve”, “Plomero vencerá” y también “Con Plomero a la Victoria”. Al final vino, y se arregló todo. Y como dije, yo aprendí a luchar, resistir, berrear y patalear. Y esta semana lo estuve aplicando:
¿Fui a la facultad? ¡NO! ¿Regué las plantas? ¡NO! ¿Hice las compras? ¡NO! ¿Rendí el parcial? ¡NO! ¿Contesté mensajes? ¡NO! Bueno, algunos sí, pero igual. ¿Estudié? ¡NO! ¿Leí? ¡NO! ¿Comí cuatro veces al día? ¡NO! ¿Fui al psicólogo? ¡NO! ¿Me levanté de la cama? ¡NO! ¿Qué hice, entonces? ME EMPAQUÉ. COMO UNA MULA, SÍ.
La macana es que hacerle huelga a la vida es complicadísimo. En los países más desarrollados, los más mejores, con otro esquema productivo, es fácil, porque los huelguistas pueden pactar por la suya. En el caso de Japón, ponele, los chicos de mi edad que entran en huelga con la vida, hacen un pacto suicida y chau pinela. Pero no, a este país llega todo con atraso.
(…)
Mis amigos me diagnostican depresión. Pero no es una depresión cualquiera. Lo que a mí me agarró es una Depresión Combativa, compañeros. Ahora bien, ¿a santo de qué?, se preguntarán las hadas, es decir, los lectores. Pues bien: (Golpea el puño sobre la mesa) ¡Estoy en huelga por el lock-out patronal a las Buenas Noticias de Primera Necesidad! (Levanta el índice izquierdo) ¡Y por la mala leche! (Se acomoda los dos micrófonos, como la Presidenta) ¡Hago paro activo por el desabastecimiento de Hombres que Valgan la Pena! (Aplausos y vítores) ¡Y por la histórica lucha del ochenta por ciento móvil! (O aunque sea un veinte por ciento de algo que me movilice a amanecerme cada mañana, ¿no?, eso.) ¡Y si llegáramos a las últimas circunstancias…(toma aire)! ¡No me van a doblegar! (Chilla) Si la Patota Sindical de la Vida llega a forzar la puerta de mi pieza tomada, a oscuras, donde me atrincheré, ¡me encontrará con el piyama puesto! ¡y el dedo en el gatillo del control remoto! pronta al zapping entre telenovelas de la tarde. ¡Porque así se deprime una valiente! (Bombos, coros y sonido grabado de multitud) ¡una le-ó-ní-ná, caramba! (Señala amenazante) ¡Y más vale que lo vaya sabiendo esa Vida! ¡Puerca! (Puerca la vida, se entiende, como diría Arlt.) (Y también puerca yo, porque soy eso en el horóscopo chino, pero es otro tema y también otro post.) ¡En fin, queridas hadas!:
Hasta la conciliación obligatoria, ¡siempre!


(*) Nacho es el apodo falso de un amigo verdadero que no la pasa del todo bien con mi empaque depresivo. Perdoname el mal enmule, Nacho. Soy una burdégana.