HOY: Los chistontos -Parte I-

(INTERIOR, MEDIANOCHE DE SÁBADO, REMISSE ROLINGA)

YO: -¿Segura que no te aplasto?
GIULIANA*: -No, Pilis, pero quedate quieta y sacá tu codo de mis costillas.
LOCUTOR DE LA RADIO: -Y ahora, algo del disco “Girando” de Ratones Paranoicos, porque (El Remisero sube el volumen)
ANDREA*: -(Un tanto alegre en virtud del tequila ingerido, se aboca hacia el asiento delantero) Maaari…
MARÍA NATALIA*: -(Copilota del chofer, esgunfiada como dictamina su serio carácter, continúa mirando hacia adelante) Mñññgrunf.
A.: -Maaari…
M.N.: -Mñññgrunf. (Sigue seria a través del espejo retrovisor)
A.: -Mari…
M.N.: -¿Queeé? Mñgrunf.
A.: -¡A que no sabés qué le dijo una rueda a la otra!
M.N.: - Mñññgrunf. No, ¿qué le dijo?
A.: -(Tararea) ¡SI-GUE GIRÁN-DOÓ!


Para el desconocedor del rock nacional que no haya podido completar el chistonto, dejo el link que lo habilitará. Es que acá vienen muchos extranjeros, por el asunto del cambio favorable. Elhelechoquelee es un medio de amplio alcance internacional, estamos trabajando para traducirlo al mandarín y todo. Con la crisis, si no estás en chino y cotizás en yuanes, fuiste. No voy a aprovechar la oportunidad para hablar de la crisis y de China porque corro el peligro de terminar diciendo que en chino, “crisis” significa “peligro” y también “oportunidad”. Si hubiera IVA para esa frase, el gobierno saldaría la deuda con el Club de París, tendríamos la oportunidad de sortear la crisis y el default no sería un peligro. Después de haber leído cuatro notas consecutivas que empezaban con ella en la misma publicación, propongo, desde esta humilde tribuna, prohibir terminantemente dicha frasecilla.
Para entrar en tema admitiré que yo tenía muchos chistes pero los perdí todos, eran tan malos que se mataron entre sí. (Ya habrán visto que este escrito viene como con muchos sonidos tácitos de pato y platillos.) Respecto a la imagen, es obra de María Natalia y fue publicada en las revistitas de papel que hacíamos en sincronía, con lo cual queda desestimada por completo su pseudo seriedad. Lo bueno de que se la haya llevado el Facecuco es que podemos hablar mal de ella sin que se entere. Por caso, yo la criticaría confesando que hubiese preferido que Duhalde le dijera “hundido” no al B-8 sino al G-8, pero es feo volcar políticamente un chascarrillo ajeno, así que lo descartaré.
A los funcionarios los usábamos bastante porque salían en todas las fotos, no por tener capacidad crítica de ciudadanas responsables. Somos unas frívolas, si bien el tipo de humor al que nos debemos es de un espectro tan amplio como el abanico ideológico del peronismo. Mi hermano, por ejemplo, me hizo reír mucho con aquello de “¿Otra vez pan de ayer, querida? ¿Cuándo vamos a comer el pan de hoy?” “Mañana”. Pero es porque tiene correlato en nuestra familia, mi abuela friza todo, más que nada el pan del día porque se le pone a tiro. Una vez frizó sus lentes de ver de cerca; yo tengo la teoría de que mi abuela es un ex agente confidencial de la Disney.


(*) Giuliana es el nombre falso de una amiga a la que importuné vía msn con “¿Qué le dijo un flogger a un caballo?” “¡Ah/rre!” y se rió igual.
(*) Andrea es el falso nombre de la amiga que me contó esto: Resulta que San Pedro lo deja a Jesús cuidando la puerta del cielo, y llega un viejito que le pide entrar, Jesús le pregunta qué hizo y él le cuenta: fui una buena persona, carpintero, tuve un hijo que se hizo hombre y fue un ejemplo de bondad…entonces Jesús emocionado le dice “¡Papá!” y el viejito lo abraza gritando “¡Pinocho!”.
(*) María Natalia es el nombre falso de la hermana de Andrea; anda contando el chiste de unas velas que van caminando por la calle y una se tropieza, pero es muy vernáculo y quienes no tengan tonada sanjuanina no lo entenderían, en fin, se lo pierden, qué pena.

HOY: El nacimiento de las palabras

(INTERIOR, ALTAS HORAS DE LA NOCHE, UN SUEÑO R.E.M.)

YO: -Oia, cuántos directores de cine (…) cómo le va Francis, ¿quiere más papitas de copetín? Cualquier cosa me dice. (Se seca las manos con el repasador de la cocina.) Hola Steven, Woody (Les da un beso.) Qué dicen los Coen, qué tal la familia.
VIOLETA*: -Tomá, llevale una silla a Scorsese que está ahí con Quentin.
Y.: -Y dale. (Sube al primer piso)
MARÍA NATALIA*: (Desde la planta baja) -¡PILAR, PILAR! (Mira fijo y fulero)
Y.: -¡Qué!
M.N.: (Agita un pincelito blanco de tintura para zapatos) -¡NO PIERDAS ESTA “PIRLUSA”! ¡NO LA PIERDAS! (Admonitoria, continúa con ojos malos) No pierdas esta pirlusa, Pilar. (Repite como mantra) No pierdas la pirlusa. No pierdas tu pirlusa… Pilar…No pierdas tu pirlusa… No pierdas tu pirlu...
DESPERTADOR: TIRITI TI TITIRÍ – TITITIRÍ - TIRITI TI TITIRÍ – TITITIRÍ - TIRITI TI TITIRÍ.




Lo bueno de volver de cenar medio copete y poner mal la alarma del celular, como yo, que la dejé en 04.21 cuando debería haber sido 12.40, es que después recuerdo lo que estaba soñando. Es muy útil acordarse porque a María Natalia le dio por hackearme el inconsciente y anda inventándose palabras adentro de mis sueños. Encima se hace la desentendida cuando le cuento.
Como a Tarantino no le conozco la facha, aparecía de espaldas, sentado y con sombrero. Cosa de no pifiarle a su estatura, o a si es morocho, rubio, pelado, o a qué actor de tiras de Pol-ka se parece. Sin lugar a dudas, la producción ejecutiva de mi mente está habituada a trabajar con mucha economía de recursos; debe estrenar sueños de clase B a lo loco.
Otro creador de palabras es mi teléfono, con lo del texto que te va adivinando lo que querés poner en el mensaje. El otro día quise escribir “curiosidad” y no sé qué toqué que apareció “ansiosidad”. Me gustó tanto que la adopté de inmediato, con mucha ansiosidad por meter dicha palabreja en alguna frase. Este término describe un estado anímico inédito desde los albores del Hombre, es la mezcla del ansia con la curiosidad.
Como las cosas de las emociones y los sentimientos son medio afeminadas y largas de explicar, la ansiosidad queda para algún próximo escrito. Para terminar este, contaré otro sueño. Fue circa de un martes o viernes 13; este año viene con superávit de esas fechas, para felicidad de los creadores de Jeeper Creepers, Jason vs. Algo, El Juego del Miedo VII, etcétera. Yo soy muy original y por eso soñé algo con licántropos extraterrestres. Eran una especie de dios egipcio que venía del espacio, con cabeza de lobo y cuerpo de hombre. Además, si te mordían te convertías en uno de ellos, o sea que asimismo eran vampiros, bingo. Lo divertido es que cruzaban la Nueve de Julio en joggings de colores caminando con el pasito de Michael Jackson en “Thriller” y tenían la mirada verde flúo.
Definitivamente, mis sueños son de bajo presupuesto.


(*) Violeta es el nombre falso de mi ex compañera de casa, la cineasta, que se reunió para un vermouth con sus colegas adentro de mi inconsciente.
(*) María Natalia es el alias de una amiga mía cooptada por Facebuc. El Facecuc ya se comió a muchos, es como un hombre de la bolsa mezclado asimismo con vampiro.

HOY: La Primavera de Bragas

(INTERIOR, NOCHE, MONITOR)


CUESTIONARIO DE CADENA DE MAIL: -¿Cuál es tu color favorito de ropa interior?
MARÍA NATALIA*: -¡Qué pregunta estúpida! La gente tiene ropa interior de todos los colores.


Para muestra basta la mía:



Hete aquí para vuestro solaz una imagen del fenómeno que dimos en llamar “La Primavera de Braga”. Nunca pensé que terminaría subiendo a la Internet fotos de mis pantaletas, pero ya ven cómo cambia la fama a la gente.
Una vez que estábamos en Córdoba, precisamente la vez de la poda de plantas, mi amiga Isa* observó la soga con nuestra ropa tendida, donde tres prendas blancas de ella flameaban junto a un brillante culotte tricolor de mi propiedad. El mismo fulguraba ante el sol (quizás compitiéndole) con sus rayas azules y púrpuras separadas por hilos de lúrex fucsia. Mi amiga, calma de espíritu como golfo de aceite, cebó un mate y comentó: “Minga que saliste discreta para los calzones”.
Ya desde jovencita mis padres me decían que era una groncha, más ó menos sin ambages: “Siempre vestida así, vos, como chirusa”, “¡Qué pantuflas tan chafalonas!”, “¿Más brillos no podía tener, la cartera?”, “Todo bien con tu corte de pelo, pero es muy villa”, “Uia, parecés una Barbie comprada en Once”, “Ah, pero qué lindo colorcito de zapatos, si se nos queda el auto te usamos de baliza.”
En mi casa gastaban un humor un tanto cruel, eso es bueno porque hoy mis novios me dicen “con vos no salgo a la calle si no te sacás eso así que te pusiste” y yo los mando a paseo ya sin escrúpulos. Ninguna reprimenda me ofende. Además, me conozco lo suficiente como para saber que entre una capelina floreada de color salmón y un novio, siempre va a ganar la capelina.
En fin, veo que esto -así como el resultado en Google sobre la palabra “chafalón”- es un tema para extenderse; CONTINUARÁ…



(*) María Natalia es el nombre falso de la verdadera amiga que cuando cumplo años me regala ropa interior colorida y dicharachera como a mí me gusta, y por eso siempre tiene un sitial de honor en este blog.
(*) Isa es el falso apodo sintetizado de un segundo nombre real pero traducido de mi mejor amiga; creo que nadie va adivinar quién es.

Hoy: La anécdota de la poda de las plantas

(EXTERIOR/INTERIOR, CASA SUBURBANA EN CÓRDOBA, SIESTA ESTIVAL)

LULÚ*: (Toca timbre y no anda, aporrea la puerta) -Hola, Norita*, te venimos a devolver el colchón.
NORITA: (Sale en bombacha y camiseta, insulta por celular) –Pasen, estoy puteando a mi vieja. (Cierra la puerta tras nosotras con gesto varonil. Invádenos un hondo olor a sueño y gato encerrado.)
YO: (Transpira)-
N.: (Dice palabrotas, se queda un momento en silencio, abate la tapa del teléfono como si del capó de un Scania se tratara, lo arroja al suelo, me mira con voz de cigarrillo y ojos que gritan) -¿Nunca habías venido vos acá, no? ¿Cómo la estás pasando?
Y.: (Solícita y congraciadora) –Estee muy bien, muy bien, ¡gracias! (Deja en el suelo el colchón tomado en préstamo por Lulú meses atrás. A medida que sus pupilas se agrandan al ritmo de la penumbra reinante, observa en el suelo dos toallones hechos un bollo con un gato encima y yerba húmeda formando montículos bajo la mesa. Crece en ella una indescriptible y tormentosa inquietud moral: el super-yo del limpiescente entra en ignición.)
L.: -¿Qué pasó, nena, cuál fue el problemita con tu vieja? (Nota la cama deshecha y con migas) ¿Recién te levantás?
N.: (Asiente refregándose los restos de delineador con lagañas) -Pasa que la (piiip) de mi vieja y el (piiiip) de mi hermano están allá en el pueblo, y ella no le dice que mueva el (píiiip) y venga de una (piiip) vez a podarme las plantas, y tampoco me mandan plata, y…
Y.: (Detecta en el suelo un hueso de vacío con sus correspondientes moscas, una guitarra semicubierta en papel de diario, espaguetis -crudos y cocidos- regados por sobre las hornallas, un bidón de aceite goteando sobre una pila de platos –sucios-, y se inquieta aún más.)
L.: (Diplomática y agasajante) -¡Pero qué flaca que estás, qué cinturita, nena!
N.: -Ah, es por un novio marinero, venía de seis meses del mar, víteh, entonces chaca-chaca todo el día (se palmea una nalga), má qué dieta, JÁH. (Se acomoda el flequillo stone) Pero este salame que no me corta las plantas, todas las plantas crecidas tengo, un desastre, así están, así, (gesticula) Se van en vicio.
Y: -(Se pregunta cuánto puede empeorar a semejante chiquero un jardín algo descuidado. Va a preguntar algo pero calla, teniendo en mente que su concepto de limpieza no encaja en la media habitual.)
N.: -Pero vení, vengan, mirá las plantas lo que son. (Abre con una patada la reja que da al fondo.)
Y.: -(Observa. Muchas de las incógnitas que habían invadídola en momentos precedentes obtienen respuesta.) (Voz en off) -¡AHH! ¡Con razón!



Días más tarde, yo había vuelto a Buenos Aires.
El hermano de Norita había vuelto a Córdoba desde su pueblo natal, en un punto de las costas patagónicas, lugar de descenso para marineros de buques cargueros. Había ido a ver a su hermana, había cortado las plantas, habían convertido los residuos de poda en efectivo contable y sonante.
Mas la algarabía no duraría mucho. Esa casa del Barrio Jardín –qué coincidencia, ¿verdad?- fue asaltada por un grupo comando que se llevó la plata, la tele, el dvd, el equipo de música, los celulares de todos, la guitarra, varios discos originales de Los Redondos y todo el excedente botánico que pudieron hallar, a punta de itaca y escopeta.
A los habitantes y a su circunstancial visita –Lulú- los encerraron en el baño, amenazándolos con llamar a la policía, claro está. Ella logró salvar su teléfono gracias a que cuando la tiraron al suelo se lo escondió en el escote, y después mandó un mensaje a un amigo para que les fuera a abrir. Gracias a él lograron salir pronto y convencer a los vecinos de que allí no había pasado nada, así que no, por qué molestar a la fuerza pública, faltaba más.
Vecina anciana: “Pero se llevaron la tele y el dividí, tres muchachos” Norita: “Sí, sí, este…se los prestamos para ver películas”.


(*) Lulú es el mismo apodo falso de aquella amiga mía que arrojaba botellazos de Dr. Lemon y Pronto Bitt a las camionetas conducidas por jóvenes adinerados; después fue a la universidad y ahora es licenciada.
(*) Nora es el nombre falso de la chica protagonista de todas estas aventuras; recientemente me enteré de que se casó con un francés, tuvo un hijo y vive en Europa. Hay vidas cuyos guionistas no descansan nunca.

HOY: El modus hablandi

(INTERIOR, RUSH HOUR, AGENCIA DE PUBLICIDAD)

OCTAVIO IBARGUREN DE PICOS-PARDO AVELLANEDA*: (Pretende encender un Benson&Hedges y, ocioso como toda su estirpe, se posa en el respaldo de Ana*, concentrada proletaria del Diseño, que malvive de un sueldo breve) –Hola, Ana ¿tenés fuego?
ANA: -(No se da vuelta y continúa con la vista fija en el monitor; sabe por la característica entonación aguda hacia el final de las frases quién es el que está importunándola) Grñssk, grunf, cof cof, estoy trabajando.
O.I.D.P.-P.A.: -Ah (…) Eh…Ana, ¿de qué barrio sos? (Como todo aristócrata, Octavio no puede aburrirse sin estorbar a la Humanidad)
A.: -(Gira, inclina sus gafas y le dirige una oblicua mirada malevosa, aquella que hiciera célebre al Taita Funes cuando acuchillaba a alguno) De Floresta, ¿por?
O.I.D.P.-P.A.: -¡Uhhuhuú! ¡Pero eso es como…EL BRONX! ¿NO?


Tenerle paciencia a un aristócrata es más difícil que dibujar un pitufo de memoria. ¿Estás dudando? Te diría que pruebes, pero no, mejor no lo intentes en tu casa. Con mi hermano apostamos a ver a quién le salía y surgió tanto engendro que tuvimos pesadillas. Al final terminamos remodelando una de esas creaciones, víctimas del ubicuo reggaeton veraniego, y de ahí la imagen. Sin embargo, en aquella ocasión de impacto con aristócrata, el remate de mi amiga fue magistral: se levantó de la silla, lo miró fijo desde arriba –alta como siempre- y con un perfecto manejo de cierto slang neoyorquino locutó “I´M A NIGGER, BLING, BLING, CLICK´A - CLICK´A YOU MOTHE´ FUCKER!” gatillando un imaginario revólver en la mano derecha. Creo que Octavio se rió, pero retrocediendo a una distancia prudente, digamos hasta Manhattan.
En un escrito anterior mencioné la incapacidad completa de las clases altas para ponerse en el lugar del otro. Para ejemplo cortito y al pie está el que no pudo comprender que una muchacha asalariada como yo permaneciera todo el verano en la ciudad de Buenos Aires. Sencillamente, no entendió lo de no-salir-de-vacaciones-a-Punta durante tres canículos meses. Sin embargo, este año sí me fui, pero no a Punta sino a Santa Teresita, que viene a ser a la costa atlántica lo que Floresta a Buenos Aires o el Bronx a Nueva York.
Cuando le comenté a Ana que se me había pegado el spanglish -en virtud de habéserme desportillado día a día en los oídos Eddie Lover, Don Omar, Chapa “C”, Macano, La Factoría, Rakim&Ken y Daddy Yankee- se asqueó y me dijo que no le gusta el reggaeton. Pero para mí que no hay tanta diferencia entre su “Bling, bling, click´a-clicka” hiphopero y esto que yo le hubiera contestado a Octavio si me pedía un encendedor:
(Léase aspirando las consonantes y con la mandíbula un 40% más distendida de lo corriente en las sílabas con “a”.)
“Oye, mammo, teiquere, teiquirísi, no me pidas lighter, que aunque lleve top halter, no soy tu gatita, soy strít-fáiter, la más daddy de toda´ la´ west-mammie´ diacá a Santos Lugare´. Hellow, pára el chóu, bájame la revolución, enfunda ese fusil, aquí no hay ligther con refill, que yo no soy amiga, soy mala, soy hormiga brava. Y mira-mira, si esta callejera se jalea, es gata que araña, da pelea, te saca las muela´, y da pena la secuela.” Y me daría la vuelta, meneando la minifalda de cadena´ a laspalda, con esta´ mis nalga´ de veinte quilate´que sacas a dieta de aguacate cocido en salsa de tomate, y por delante aquel colgante, con el signo peso´gigante, en strass bien briyiánte. (…)
Sóri bróders, me ofreceré de lirista a Wisin y a Yandél, regreso al ratico, no se vayan a perder.


(*) Octavio es el nombre falso más aristocrático que pude hallar habiendo descartado a Leandro, Tomás y Lautaro, porque en el fondo me gustan para ponerle a un hijo o a un perro.
(*) Ana es el nombre falso de una amiga que a pesar de que la hice quedar como heroína y de que este escrito es un homenaje para ella porque cumple años el 22 de febrero, por ahí no le gusta esto que escribí y me manda a matar. Es que es de Floresta. Y Floresta es así, Floresta es el Bronx.

HOY: La cena de Año Nuevo

(ÚLTIMA NOCHE DE ALGÚN AÑO, 40°, CASA DE ABUELA CATY*)

BISABUELA: -No, nena, ensaladita tengo, dame lechón.
ABUELA CATY: -No podés, mamá. Y vino tampoco.
B.:-Pero nena…
A.C.: -(Condescendiente) Bueno, a ver, dame el plato. (Sirve una exangüe porción, inversamente proporcional al colesterol de la bisabuela.)
B.: -(Secretea inclinada hacia mí y golpea el puño sobre la mesa) Mirá qué miseria lo que me dio, a vos te parece. (Socarrona e indignada, a su hija) ¡Dios te conserve ese corazón de oro, nena!


Esta imagen de un lindo adorno navideño cuyo elemento decorativo es tirando a sospechoso, la obtuvo Andrea* cuando decoraba el local en el que trabaja. Quizá pase estas fiestas con nosotros, aportando su glamour, sus cabellos de propaganda y su caterva de anecdotarios inverosímiles. Yo quiero que venga; sería maravilloso, atípico y renovador. Es que desde 1934 en mi casa los años nuevos son idénticos. Para muestra basta el diálogo precedente; mi bisabuela exigía lechón aún a sus noventiséis bien cumplidos, y torta de nuez con crema, y que a nadie se le ocurriera darle poca sidra porque, si bien quedamente, empezaba a putear en genovés. En fin, otra prueba de que el tiempo cíclico de Borges es verdad. Todo lo referido a la mesa compone un rito inviolable, repetido desde lo inmemorial; a saber:


1) El menú de ensalada rusa, palmitos en salsa golf, vitel thoné, lechón, pollo frío y melón con jamón; independientemente de cuántos vegetarianos, diabéticos o personas con dieta no cárnica hayan surgido en la familia a través de los años, los reveses económicos de la misma o el cese de importaciones de palmitos por barreras proteccionistas en diversos gobiernos.
2) El mantel blanco de las tías; que por tradición es limpiado de sus manchas de vino tinto arrojándole vino blanco, sin que se haya registrado hasta la fecha prueba alguna de la eficacia de tal procedimiento si al vino no se le echa lavandina previamente.
3) Los cubiertos finos; que a escasas horas de la medianoche mi abuelo arroja derrotado sobre el plato, retirándose a la cocina con gallego ímpetu en pos de un tramontina, al comentario de “¡Coño, Nelly, cuántas veces te he dicho que estos cuchillos no cortan un caralho!”
4) Las nueces y avellanas; que mi hermano rompe por el llano deporte de poder romper algo, aunque se vea obligado a comerlas luego con 38°C y 100.4 F°.



(*) Caty es el seudónimo que uso para mi abuela Nelly, es tan bizarra que a veces me da miedo saber que compartimos genes.
(*) Andrea es el nombre falso de una amiga que sale en un videíto de Youtube la mar de jocoso, interpretando a una sirena de Año Nuevo. Por consideración hacia ella y temiendo que el 31 le eche soda a mi copa de extra brut, no lo linkeo.

HOY: La ornamentación navideña

(INTERIOR, NOCHEBUENA, CASA DE ABUELA CATY*)

ABUELA CATY: -Tomá, poné en la mesa el pajarito.
YO: -Bueno, pero ya no se usa más esto de poner pajaritos come-carozos, abue.
A.C.: -Entonces poné el pececito, nena, acá tenés.



“De todo hay en la viña del Señor”dice mi abuela y “De todo hay en el arbolito de mi casa” digo yo. Sí. Hasta ese familiar invertebrado de jardín está presente. De fino cristal azul, con una delicada cuerdita dorada, listo para colgar de una rama de pino sintético, les presento a… BABOSÍN.
Que hay adornos y adornos, ya lo sabemos. No por algo María Natalia* afirmaba que era desesperante su Navidad auspiciada por Coca-Cola, producto de veintisiete años de poseer almacén familiar y despacho de bebidas donde nadie reclamaba las promociones de diciembre.
Animalejos con cuernos, con alas, con jorobas, todo es válido; la Navidad es la fiesta del amor y la paz y por lo tanto, a nadie excluye. Las Pascuas ya dijimos que son más elitistas, sólo aceptan liebres y aves. Halloween, sólo murciélagos, los cumpleaños de G. “Guillote” Cóppola, sólo gatos.
Babosín apareció en la Nochebuena luego de cuarenta y tantos años de hibernación encajonado entre servilletas amarillentas. De más está decir que fue la atracción principal del almuerzo navideño. Tal vez por puro esplín de diciembre, quizá ya hartos de vernos las caras los mismos seis gatos locos (léase familiares, nada que ver con Guillote), Babosín pasó de mano en mano y cada comensal le otorgó un rasgo de personalidad y una actividad particulares. Presentamos un aquí un extracto de ese sano esparcimiento:
ABUELO: (Lo hace flotar en el Rolito derretido de la hielera) “Babosín náufrago”
ABUELA: (Dobla una servilleta de papel y la sujeta detrás de él) “Babosín angelito”
HERMANO: (Lo acerca a un ingenioso telescopio en miniatura realizado con restos del tapón de la sidra) “Babosín científico”
ABUELA: (Arrebatándoselo a HERMANO en un rapto de inspiración, lo encierra bajo una panera de mimbre en todo similar a una jaulita) “Babosín presidiario”
PAPÁ: (Lo arroja dentro de su copa de vino) “Babosín borracho”
MAMÁ: (Lo acerca a su escote) “Babosín baboso”
Como yo agarré la cámara y le saqué fotos desde varios ángulos, calcularán que dije “Babosín modelo”, pero no; tracé con miguitas su breve silueta sobre el mantel, lo enfoqué con la lente y anuncié acongojada “Babosín asesinado”.
Trágicamente, mis palabras serían proféticas. El 25/12/2007, a las 14.47 horas, ABUELO corrió bruscamente unas semillas de pasas.
El crujido del cristal nos avisó que Babosín (Q.E.P.D.) había dejado de existir.


(*) Mi abuela Caty es mi abuela Nelly y jamás va a leer esto, así que en realidad no había necesidad de decirle Caty.
(*) María Natalia es el nombre falso de una amiga que cree descubrir alegorías de partes pudendas -como ser un esfínter- en sus adornos del arbolito. Y algo de razón tiene.

HOY: Las postergaciones

(INTERIOR, NOCHE DE VERANO, MI CASA)

YO: -Gonzalito, ¿no te vas a bañar hoy tampoco?
PRIMO GONZALITO*: -No, Pili. Yo duro limpio varios días.




Este escrito sobre las postergaciones fue tan postergado que motivó chanzas. De hecho, la idea de realizarlo surgió durante el invierno, con la cancelación de uso del inodoro en casa. Terrible es vivir donde hacer pipí queda pospuesto indefinidamente hasta que el plomero diga. Esta situación crítica para la vejiga me hizo acordar al cartel de un tren del ramal San Martín -delataré mi edad- allá por cuando había ferrocarril de larga distancia. El mismo rezaba: “Sr. Usuario, sírvase usar el sanitario con la unidad en movimiento”. Un pasajero avispado contestó con lápiz: “Sr. Ferroviario, el tujes no tiene horario.”
La postergación es un síndrome que suele contagiarse a través del contacto con pintores de obra, plomeros, mecánicos, carpinteros y deliverys de pizzería; en la sintomatología clásica el infectado presenta rasgos clave de insistencia retórica tales como: “Mañana mismo se lo tengo listo”; “Su pedido salió hace veinte minutos”; “Es que no consigo el repuesto porque es importado de afuera (sic) y ya no lo traen”; “A las nueve estoy en su casa, doña”. En los últimos meses he debido tomar contacto con este amplio grupo de riesgo; comprobé que con la postergación no se ha inventado nada efectivo en cuanto a profilaxis.
Lo malo de andar postergando es que ya estamos en diciembre, pero estos escritos se fueron posponiendo tanto que no voy a estar en fecha para hablar de la Navidad, y la Navidad es terriblemente efímera. ¿Hay algo más deprimente que los almacenes con guirnaldas verdirrojas y campanitas llenas de tierra en pleno marzo? ¿No les dan desconfianza esas remiseras con adornitos dorados de “Feliz 2006”, donde se nota que debajo del 6 antes había un 5? Bueno, parece que de seguir así, la gente va a desconfiar de mi blog y algunos se deprimirán con él. Espero postergar semejante crisis. Tengo esperanzas porque mirando a EE.UU. -para variar- veo que pudo, salió de la depresión económica y generó confianza en los mercados (…) Ah, ¿no? ¿son mentiras de los medios? Rayos, ahora el blog ya está creando desconfianza.

(*) Gonzalito no es Gonzalito, y además nos une otro tipo de parentesco porque yo no tengo ningún primo, ni tío, ni tías, ni perro que me ladre.

HOY: Las cosas odiosas de la vida -Parte II-

(INTERIOR DE UN MICRO EN MOVIMIENTO, NOCHE DE TORMENTA, UN PARAJE EN LA RUTA A CÓRDOBA)

MAESTRA 1: (Chillona cual grajo de las pampas) –Noelia, oíme, qué hora tenés.
MAESTRA 2: (Zalamera) –Ay Guille, cebame un mate, dale, Guille. Guille. Guille, ¿me cebás un mate?
M.1: (Incansable) –Noelia, ya son las dos y media de la mañana, ¿no? Noelia.
M.2: -Sí, sí. (Levantando más aún la voz, si cabe) ¿Se lavó la yerba, Guille?
YO: (Cuatro asientos más adelante) -Mñgrunff…
M.2: -Cómo llueve Guille, ¿a vos te gustan las tormentas?

(Transcurre un lapso de hora y media, todo él lleno de sinsentido docente, dos concurrencias del chofer con mala cara intentando descomprimir la situación y varios bufidos de pasajeros ante su fracaso.)

M.1: (Haciéndose notar, por el volumen y entonación) -¡¡Y viste Guille que en un departamento hace más calor arriba que abajo!!
Y.: (Se tapa con la campera; voz en off) ¡AY, SÍ! ¡EUREKA, SEÑORA!




Con la mano en el corazón os saludo, queridos amigos. Nuestra lista de cosas odiosas se acrecentará una vez más. Hoy sumaremos a la gente que grazna de noche en los colectivos de larga distancia, como así también a las picaduras de mosquito, las remeras de batik con duendes mal hechos y los relojes que usa González Oro.
Tuve la mala puntería de embocarle con mi pasaje al colectivo que transportaba cierta manada de gente que resultó ser (lo deduje gracias a la nitidez de sus conversaciones personales) un contingente de maestras entre los veinticinco y los treinta años de edad, oriundo de Villa María, en el que el único Maestro era un tal Guille. Guille quería mate, le daban, Guille quería galletitas, le daban, Guille quería charla, le daban; en fin, a Guille le daban todas, parece.
Algo bueno del viaje fue que el colombiano que viajaba a mi lado creía en la hermandad latinoamericana y me convidó frazada de dormir, se ve que las maestras estaban acaloradas porque bajaron a pedirle al chofer que por favor subiera más el aire.
Ahora bien, para los que no están al tanto: cualquier pasajero que haya viajado en un semicama de dos pisos sabe lo POTENTE y MALIGNO que puede llegar a ser un aire acondicionado de micro. Yo no exagero, hay gente que en su equipaje pone abrigos expresamente para defenderse de él. Aún puesto en mínimo, resfría pingüinos. Como prueba hay un testimonio de María Natalia* sobre las vacaciones de 2006; la madrugada la sorprendió en posición fetal balanceándose abrazada a sus pantorrillas repitiendo “no voy a morir así, no esta noche, no de esta manera”.
Bueno, para concluir, no vamos a concluir con algo odioso, sino con algo bueno. En este viaje lo mejor fue la película con explosiones y tiros, como las de los Sábados de Súper Acción que tanto me gustan. Lo malo fue tener que escuchar cómo Guille les explicaba todos los chistes a sus compañeras, aún los que sólo se componían de caídas y resbalones.


(*) María Natalia es el nombre falso de una amiga mía que existe y que encima escribió sobre los micros algo mucho más divertido que yo, fijate acá en el día 13.03.06.

HOY: Los patatuses

(INTERIOR, MEDIANOCHE HIRVIENTE, MSN)
ANA*: -¡Pero qué mal los desmayos! (Cuenta sus últimos tres, todos vinculados al abuso de drogas, rock&roll y Jack Daniel´s) ¡y te golpeaste feo, quedaste muy mal??
YO: -ehhh…machucada, como futbolista que osa golear a un equipo de Bilardo…
A.: -jajajaj ¡bueno! Pensá q X lo pronto no perdiste el humor!!



Esta foto intenta demostrar que la psicodelia es como los patatuses o los volanteros de agrupaciones estudiantiles; vienen de repente y zás, te agarran. A Andrea* le pasó así, estaba lo más piola tomando té de canela en mi casa, y zácate, la atacaron los ´60 a capelina limpia.
Silvio Soldán cobró mucha popularidad de risa (como si no tuviera ya la suficiente) al trastocar aquel dicho de Lo último que se pierde es la esperanza. El buen Silvio, calzado con su peluquín color pelo de Arnaldo André, divorciándose de la Süller, no tuvo mejor ocurrencia que arrojar a nuestros oídos este aforismo: Lo último que se pierde es la elegancia.
Aquí, gracias a mi amiga ex-punk, diremos que lo último que se pierde es el humor. Porque conste que después del patatús, con mi horrible dolor de espalda, el amigo Nacho* repetía, insistente, “andá a que te saquen una radiografía”, harto ya de llevarme agua, prender o apagar la radio y recibir órdenes, y yo le decía que no, que si tuviera algo roto en la columna no estaría ahí en casa leyendo apuntes de Semiótica II y haciendo chistes, a lo que me respondió “no, no cualquiera, pero vos sí.”
En fin, amigos, conocidos, hadas lectoras, recordemos revisar siempre la gaveta del portaequipajes, vigilar nuestras pertenencias personales, y, como recomienda María Natalia*, “Decirle ¡NO! al patatús”.


(*) Ana es el nombre falso de mi amiga ex punk, que si lee esto por ahí se enoja, por ahí se ríe, no sé, por las dudas no diré nunca quién es.
(*) Andrea es la de siempre, puse una foto suya porque ya se estaba volviendo demasiado mitológica y algunos dudaban de su existencia.
(*) Nacho es el amigo al que siempre le tergiverso lo que dice, de la misma manera que cambio su identidad a piacere.
(*) María Natalia es el nombre falso de esa amiga mía que siempre da consejos necesarios y advierte la presencia de la Muerte a cada paso. María Natalia es útil en cualquier aventura, como las navajas suizas.

HOY: Las buenas noticias

(INTERIOR, ANOCHECER DE PRIMAVERA, CHARLA TELEFÓNICA)

MAXI (*): -Contraje la soltería, amiga.
YO: -Aah… (Recordando a la ahora ex novia piensa si debe lamentarse o felicitarlo)
M: -Y nada, eso.
Y: -Bueno, che… la soltería nadie la contrae, no es una enfermedad.
M: -¿Vos decís?
Y: -No, por algo lo único que se contrae es el matrimonio, Maxi.


(Este escrito no está muy logrado, lo he releído y no hay caso; los argentinos no estamos acostumbrados a las buenas noticias. Cuando las hay, el diario nos dice que son malas, cuando nos cuenta las buenas, sospechamos que son nefastas… y así nos vamos convirtiendo en posmodernos.)
Pese a lo que acabo de contar antes del paréntesis -una FEA noticia, por supuesto, no soy tan mala persona como para alegrarme cuando un amigo se separa, más allá de que lo haya usado para hacer el chiste- he notado que mis amistades no me tienen confianza para confesarme sus momentos de debilidad anímica.
No, no. Por eso sólo me llaman o me ven para decirme “grabo un disco”, “saco un libro”, “me voy a vivir con mi novia”, “organizo un desfile”, “ascendimos a la C gracias a un gol mío”, “te traje esto de Noruega”, “me hice el book y ya me pagan por salir en culotte” y otras cosas positivas por el estilo. Y sino, de última, se me decantan por traumas juveniles o de la infancia ya superados, tales como “en primer grado, mi maestra de piano me tocó la cola”, “a los doce le prendí fuego a un galpón” (de esos hay dos por lo menos), “con mi hermano rompimos un vidrio en el juego de la copa” o “atropellé un pato con el auto”.
Cuando están mal se meten en la cama a hacer pozos de sábana amarga durante meses –yo también pero no importa- sin llamar ni contestarme, y la explicación es que “no da para una vez que te veo contarte estos bajones”, “no quise porque vos siempre estás contenta” o “no me dio porque cada vez que hablamos me invitás a una fiesta”. ¡Momento! ¿cómo que “siempre estoy contenta”? ¡si hay sábados que a las dos de la mañana estoy tarareando Dancing Queen en pantuflas con un cacho de pizza fría en la mano! O poniéndome hielo por algún porrazo que sufrí al desmayarme. O cosiendo medias, sincronizada con una amiga que vive a 1450 km. Y la última vez que me invitaron a una fiesta no debe haber estado tan buena porque no me la acuerdo, la verdad. De todas formas, los lectores de este blog –entelequias inasequibles cual hadas- ya quedan formalmente invitados a la próxima que habrá en casa, muchedumbrosa y a todo trapo, para celebrar que se termina este 2008 de #&ζ%$ξ#ф‡*¨∂פֿ#*#. La buena noticia es que habrá 3 (tres) gustos distintos de gelavodka. ¿No es fabulantástico? (...)
No, dejá, mejor no me contestes.


(*) Maxi es el nombre falso de un amigo que en realidad hace un montón que no lo veo, que seguramente no lee esto y que quizás ni siquiera esté en el país. Pero es así, en este blog los asteriscos mandan.

HOY: El atolondre bolonio – Parte I -

(INTERIOR, NOCHE, BARCITO TOP EN PALERMO SOHO)

YO:-¡Ale, Ale! ¡Mirá! ¡El cantante de Babasónicos!
ALE*:-(Pispea achicando los ojos) ¡¿Dónde, dónde?! ¿Ése?
Y: -(Asiente entusiasta mientras revuelve en la cartera con ambas manos, quizás adelantándose a Ale en la búsqueda de un bolígrafo para autógrafos)
A: -¡Pero no, Pili! ¡Ése es el que hacía de Hijitus en Videomatch!


Si bien bauticé este escrito como “Primera parte”, eso no quiere decir que ya esté pensada la segunda. Al igual que en “Las cosas odiosas de la vida”, mi optimismo averiado me permite aseverar que habrá letra suficiente para varias secuelas.
“Bolonio” es un adjetivo peyorativo que surgió allá por después del Renacimiento para denominar a los malos estudiantes, principalmente hijos de nobles venidos a menos o comerciantes idos a más. Resulta que como los viejos no les podían bancar una Universidad decente, los mandaban a cierto colegio de Bologna, el cual vendría a ser como la Kennedy. Se ve que estos muchachos sólo querían divertirse, porque les dejaban unos chelines a los catedráticos y egresaban como por un tubo. Pero cuando volvían presumidos a sus pueblos natales, con plumas en el sombrero y calcitas blancas (rara moda masculina la de aquella época) trataban de hablar en latín y les salía griego mareado, chamuyaban a lo pavote y cualquier sacristán abombado les pasaba el trapo.
Es así como la ciudad de Bologna les dio nombre a los que confunden todo, opinan trastocando conceptos, se enredan en su retórica, tergiversan latinazgos y su habla es un puro patatús. De todas formas, el término “bolonio” es mucho más conocido desde aquel capítulo en que el Sr. Burns se lo aplicó a Homero. Y la ciudad de Bologna es más recordada por haber dado su nombre a una salsa para ñoquis antes que a esta formidable clase de atolondrados. Es menester aclarar que formo parte de ella desde que rompí el cascarón.
Debe haber muchas clases de boloñez, yo tengo muy enfatizada la que hace confundir caras y la que trastorna todo lo relativo a bandas, cantantes, discos y canciones. Con la primera, saludo amistosa a completos desconocidos e ignoro con respingos a compañeros de facultad, ganándome sendas malas famas. Con la segunda, muestro lo ignorantemente sorda que soy. Con las dos combinadas, paso burdos papelones. Una muestra es aquel atolondre del principio, ilustrado por la fotografía de Adrián D´Argelos charlando con el Enmascarado en Radio Atómika. Del Hijitus de Videomatch no pude hallar foto alguna en Google; se ve que no es tan famoso como creí, lamento haberme entusiasmado tanto por rantifuso semejante.
Continuando con mi boloñez, confieso que la palabra “Mercury” siempre me remite empecinadamente a Freddy, aunque también se trate de una banda (que no se parece a Queen) y de un auto. Además, en un 40% de los casos, no le acierto al sexo del DJ del que estoy hablando. Pero lo resolví de una manera inteligentísima: si llego a decir “es muy bueno” y me miran raro, agrego “lo que hace”. ¡Basta de pasear mi boloñazgo cual estandarte!
La opción de -algún día- informarme correctamente y como Dios manda está descartada, claro. No por algo soy bolonia.


(*) Ale es el nombre falso de una de las varias amigas de Andrea, pero como no las distingo entre sí, puede llegar a tratarse de la verdadera Ale. Qué problema.