HOY: Las fiestas “under”

(INTERIOR, NOCHE, BALCÓN DE PRISCILA*)

PRISCILA: -¿Viste que hay un lugar que desde afuera es un locutorio, en el fondo hay una cortina y atrás es una feria americana, y al último es un bar que pasan películas de terror clase B de los años veinte sin sonido y toca un DJ que sincroniza la peli con música rara? Pero no sé dónde queda. Y me dijeron de otro que está por el microcentro, tiene reservados que parecen duchas. Y otro que no sé, tiene túneles de…bueno, no sé, de placer o algo así.
NACHO*: -¿Un subte de placer? ¿Está buena la música? Yo no conozco mucho. (Toma Tang Pomelo) Una vez fuimos a bailar a “África”* y es un reviente total; durante una semana pensé que había perdido el documento de tanta mano que me metieron. Estaba con Lorena* y le tocaron hasta el alma. No te puedo explicar lo que era ese túnel.
P.: -¿Cómo un túnel? ¿África no era un boliche?
N.: -Sí, pero tiene una parte como un túnel que no se ve nada y está oscuro y te tocan, a una chica que iba con minifalda le sacaron los calzones rompiéndole una tirita de acá, no sé, no da.
P.: (Pensativa, reflexiva, observa el firmamento rosicler) –Pero pará…en ese túnel (Medita lo que va a decir) ¿En ese túnel sólo hay manos?


Las fiestas under se parecen a las citas a ciegas: no sabés bien a quién vas a ver, no sabés bien por qué vas, no sabés bien cuánto te va a costar, no sabés bien si confesar o no que fuiste, no sabés bien qué vas a buscar, no sabés bien cómo ir ni cómo vas a volver y el resultado puede ser épicamente bello o un desastre rotundo. Sin términos medios ni escala de grises, lo under puede estar buenísimo o malísimo; más o menos, no.
María Natalia* -mi amiga artista plástica- dice que cuando las cosas son más o menos es porque los responsables están quedando bien con Dios, el Diablo y el gerente del Purgatorio, y por lo tanto le masomenosgustan a muchos, y todo lo que masomenosgusta a muchos se dice que es “masivo”, y lo masivo parece que viene a ser el enemigo de lo under, sobre todo si el coso masivo fue under en un principio. María Natalia explica todo de manera muy complicada. Así son los artistas. Respecto a estas fiestas dice que o te hacés habitué o no volvés nunca jamás. Este maniqueísmo pareciera estar en la esencia misma de lo under. (Conste que yo lo escribo como “únder” y no “ándr”).
Hablando del tema, recuerdo una que se hacía en el tercer piso de una fábrica abandonada de Almagro; no sé si el carácter de la experiencia que tuve se debió a que no había salidas exceptuando la entrada (hasta el primer piso una escalera de 0.75 mt empinada sin baranda sembrada de personas con su conciencia alterada, luego montacargas de jaula sin techo hasta el tercero, ya que el segundo tramo de la escalera permanecía ocupado por una...“performance”, si es que así se escribe y si así puede considerarse a dos individuos envueltos en sábanas blancas emitiendo suaves aullidos mientras suben y bajan) o a que me parecieron agresivas las cuatro mujeres que bailaban trance-jungle desnudas de la cintura para arriba arrastrando con cadenas un bloque de hielo macizo cuya forma era en sumo curiosa. En fin, la realidad tiene su límite; regalaban pochoclo pero la lata de cerveza estaba a 6$. Tal vez tuvieron éxito en Amsterdam, Ibiza o algún otro lugar así, conceptual. Yo no lo sé porque huí.

Una a la que siempre quise volver fue la Fiesta Bubamara, con música de The No-Smoking Orchestra. ¡Qué fiestas! Se hacía trencito, remixaban tarantelas y tocaban bandas que incluían trompetas y violines. Además repartían gratis gelavodka violeta. En número estimado había una docena de jovenzuelos por cada mujer, y bastante variados: con rastas, sin, alternativos, alternativos de ojos pintados, darkies con piercings, rapados, rapados de barba, rubios, rubios rapados, hippies, rolingas, chetos sin remera o con remeras “locas”; no se las sacaban para que las vieras, yo supongo que pretendían causar impresión. El lugar era un club social libanés de la calle Armenia -creo- y la arquitectura, digamos, tenía no sé qué de arquitectónica. Estaba para ir.

Un invierno de clima cálido nos invitaron a la “Fiesta del peruano loco y sus amigas”. No me acuerdo bien cuál fue la razón, pero fui, y esta vez acompañada, con lo cual cargaba sobre mis hombros la responsabilidad de que hubiera valido la pena ir. No le deseo a nadie semejante presión. Hay que salir solo. La música -electrónica- no estaba tan peor pero tampoco estaba bien, había aproximadamente tres seres humanos y un DJ por cada metro cuadrado, algunos transpiraban, otros tomaban agua mineral y ya. Recibí quejas tanto de eso como del baño, al que se me prohibió acudir, ya que uno de los chicos que fue a hacer aguas dijo que el recinto era “alternativo” y no dio explicaciones. Averiguando por mi cuenta me enteré que era una habitación de 1x1 sin luz, con una vela -apagada- en el piso, un bidón semivacío, una rejilla y una manguera. Lo que se dice un baño “loco”, como el carácter de la fiesta, ¿no? Las tres de la mañana nos sorprendieron en una reconfortante estación de servicio tomando cafecitos.

(*) Priscila es producto de mi imaginación.
(*) Nacho es producto de mi imaginación, como todo.
(*) Lorena es producto de mi imaginación, como todos mis amigos. Yo soy una persona muy sola.
(*) María Natalia es producto de mi imaginación pero todo lo que ella dice, no; lo dijo mi amiga artista plástica, que en realidad no es ella.
(*) “África” es el boliche que tiene nombre de continente, el cual no es “África”.

4 comentarios:

cacta dijo...

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anoche estuve en una fiesta under

era una habitación de 5x10m
100 personas
48ºC

hicimos un trencito con cafe tacuba y todo...

Pirlusa de la Sapinonda dijo...

por las dimensiones y el calor, debía ser un sótano. El adjetivo "under" le queda al pelo, mirá.

cacta dijo...

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no, no era un sótano






tampoco era un baño, aclaro...

Pirlusa de la Sapinonda dijo...

Vos estás segura? Un bidón puede pasar inadvertido en un lugar donde haya más de 15 personas.