HOY: Los niños

(INTERIOR, NOCHE DE CASAMIENTO, GUARDARROPAS DE SALÓN DE FIESTAS)

PRISCILA*: (Se dirige a una pequeña que quedó a su cuidado, con plena confianza y sin imposturas en la voz) -¿Y vos qué querés ser cuando seas grande?
NIÑA DE 9 AÑOS: -Y, lo primero, rubia.



¡Oh! ¡Los niños… pequeñas larvas de mamífero humano que exasperan nuestros ánimos y mojan nuestras camas…! Priscila se lleva bien con los chicos, a menos que sean malcriados y tengan más de veinte años, claro. No era ése el caso de la nena del guardarropas. Cuando mi amiga le preguntó por qué no le gustaba el pelo morocho, se justificó aseverando que “las rubias son más millonarias y las persiguen más los chicos”. ¿Estamos acaso ante una precoz lectora de mi blog, que quiere emular a Belén*? De ninguna manera, estamos ante un exponente de la Generación XXY, una raza de criaturas perspicaces a más no poder, que le comerían los tallarines en la cabeza al mismísimo Herodes.
Lo de Generación XXY no es porque los niños ahora sean hermafroditas, sino porque las fatídicas palabras tranquilizadoras de algunas madres (“te las dejo un ratito, seis horas nomás, no te hagas problema porque son nenas, ¿viste?, las nenas no hacen lío”) y también las de otras (“te los dejo, me voy a un día de spa, pero no te preocupes porque son varones, les tirás una pelota y listo”) ya han dejado de tener sentido. Hoy por hoy, ni los nenes se entretienen con poner en riesgo su integridad física por un fútbol desinflado, ni las nenas se divierten sólo con separarse en grupitos rivales armando intrigas crueles entre sí y divulgando secretos de otras. No, el mundo ya no es el lugar apacible que solía ser en mi infancia.
Tanto las XX como los XY son la piel de Judas, al decir de una persona muy querida para mí, que tiene la paciencia de ser maestra suplente. No cuento aquí lo que le hacen pasar sus alumnos o cómo le han llegado a contestar porque lo considero irreproducible. Violentando mis principios acerca de la conveniencia y salubridad de una educación pública laica y gratuita, diré que a esos chicos hay que mandarlos a un colegio de curas; al menos hasta que las maestras se capaciten para practicar exorcismos.


La criatura de la anécdota del principio, tiempo más tarde, por esas casualidades de la vida, compartió conmigo un evento cultural lleno de gentes cultas y cool. Mi obligación era filmar y atender el asunto del vino (tomármelo, claro), Priscila vendía libros y Nacho* controlaba la caja chica. Quiso el capricho del destino que la niña viera en mí a una autoridad a desafiar, y por lo tanto se me acercó con ímpetu de “mirá hasta dónde tiro de la cuerdita”.
Presentaré la situación en tres actos, ya que estamos en un ambiente culto.
Primer acto: La niña lleva un gigantesco avioncito hecho con el culto programa de actividades del evento cultural. Levanta la vista, me mira y declara voluntariosa: “Le voy a tirar el avión a ése de ahí”, y señala al tipo culto que ya ha sido marcado por Nacho como el más presuntuoso, estúpido e insoportable de toda la concurrencia. “Ah”, le digo, “¡Pero no!….¡no..!”, niego con la cabeza y agarro el avión. (Dudo del carácter adulto de mis actos, aunque no más de un segundo, por suerte) “con esto así no le vas a pegar, se te cae al suelo allá y te lo rompen seguro, mirá, si le das vuelta esta parte y le cortás eso, así, el avión dobla, ves, y al tipo se lo ponés de frente, por ahí en un ojo y todo, y si no le acertás, igual vuela de nuevo para acá”.

(Telón) -Entreacto: La niña se pierde en la multitud culta.- Segundo acto: Priscila pregunta por ella, yo no sé nada, le digo, y me tomo otro vaso de tinto salpicado de migas. Sigo filmando y pongo el zoom por entre la gente culta. Veo que un treintiañero fanfarrón de anteojos cuadrados y peinado desparejo es atacado por la réplica en papel de un MIG 31 ruso.

Tercer acto: La Niña entra en escena corriendo, me echa los brazos a la mano (suelo proteger mi cuello de excesivas ternuras), y declama: “¡Gracias! ¡es el avión más hermoso del mundo!” Y ahí es cuando, por más XXY que sea la niña, yo me emociono como una pava…Porque siempre pensé que mis aviones eran una porquería comparados con los que hace mi hermano, y eso que es mucho más chico que yo.


(*) Priscila es la amiga a quien le mantengo el nombre en secreto porque la hice quedar mal cuando develé a quién quería votar en las últimas elecciones.
(*) Belén es la amiga atractiva de la cual no puedo develar su nombre porque en febrero ya la hice quedar como un gato aprovechado en “Las facilidades de las rubias”.
(*) Nacho es el amigo que, cuando le develé que salía en mi blog, dijo -por las dudas- que soy una yegua, así que -por las dudas- le mantengo este falso nombre.

4 comentarios:

Petite Lu dijo...

jaaaaaaaaaaa
pili sos una genia!
me encanta lo que escribisss
seguii segui
muy gracioso y ¿ciertoo?
beso giganteeeeeeeee
lu

pd: vas a ver a iña al conser?? bueon hablamos beso!!!!!!!

-Pirlusa de la Sapinonda- dijo...

¡Mucho halago!


(Corre vergonzosa y se tapa tras una cortina)

Anónimo dijo...

da la puta casualidad de que los dos dibujos son del mismo nene no?

tu hermano

-Pirlusa de la Sapinonda- dijo...

No.. no son del mismo nene. Uno es del hijito de mi pintor y tiene 9 en la actualidad; el otro tiene 17 y es "de nuestra familia". :P