HOY: La psicología del limpiescente

(INTERIOR, DÍA, CASA DE NACHO*)

NACHO: -Acabo de barrer pero no se nota, ¡este piso inmundo!
PILI:- …uh, sí, yo ayer enceré el patio.
N.: -Estás loca.
P.: -Pero quedó lindo.
N.: -Es un re laburo, ¿o no?
P.: (Afirma con un gesto mientras muerde una tostada con azúcar y mantequilla)
N.: -Pero pará, es el patio de tu casa?
P.: (Afirma con otra tostada)
N.: -Pero ahí LLUEVE, ¿o no?
P.: -Eh…., sí.


Lo que Nacho no entiende es que no importa que el patio se me haya emporcado todo con la primera tormenta, ¡no! Todo obedece al mecanismo de la estructura interna del limpiescente. El término limpiescente tiene un origen etimológico claramente doble. Nos estamos refiriendo al carácter inconsciente de la limpieza.
Cuando un asesino mata, siempre va y se lava las manos -aunque no tenga sangre-, cuando un político resulta electo por sus víctimas del padrón, también. Cuando un conductor atropella una vaca enjuaga el parabrisas, cuando James Bond elimina indeseables contrarios al Imperio de Su Majestad, se baña con traje y todo. Siempre que el ser humano realiza acciones que incomodan a su conciencia, trata de limpiarse de alguna forma. En ciertas religiones ya de chiquito vienen los curas y te tiran agua por haberte mandado la macana de nacer, hecho del cual todas las personas solemos arrepentirnos más o menos seguido. En otras creencias te meten en un río antes de que te cases, se ve que para atenuar el remordimiento de haber rematado la soltería.

Todos poseemos una estructura psíquica limpiescente, la gran mayoría la ignora. Algunos seres reniegan de su existencia, como los hippies. Otros hacen de ella la base de toda su afectividad, como yo. Este hábito comenzó en el año 2000 cuando mi amiga Lara* me dijo que para tranquilizar los nervios no hay nada mejor que lavar platos.

Y así empieza una. Primero es solamente eso, cosa de nada, unos platos a lavar, una alfombra que aspirar, y decís “yo lo controlo”, “es mi vida”, “estoy en mi casa y no jodo a nadie”. Después ya vas y comprás Blem, y no te alcanza, querés Polycera, comprás Polycera y enseguida fue, querés Glocot Pisos Plastificados, tenés el Glocot y te endeudás para pagar las cuotas de una lustradora. Porque cuando uno siente que hace todo mal en la vida, no alcanza con bañarse, cortarse las uñas y remojar la ropa en Oxypower, no, como TODO está mal, TODO hay que limpiar.

-Testimonio real-
“…En los primeros meses, un Cif me duraba un tiempo, pero esto es una espiral. Un día vas y probás el Brasso y sentís que el Cif es para los pibes, y le das al Brasso, y después aunque no tengas plata no te va y caés en el Brishine, el Brishine es repeligroso, pero como es barato, ya ahí no te importa. Alcohol de quemar, azul de metileno, todo. Vienen estas chicas todas muy lindas, mostrándote la mejor cara de El Coloso, de Ace, de Vanish, de Comfort Tentaciones (¡mirá los nombres que tienen!) y vos le das para adelante. Es eso, que encima la sociedad no te ayuda, porque está todo ahí al alcance de la mano y lo conseguís de una, ellos saben a quién ofrecerle. Ponés la tele en esos programas chismodeprimentes de las dos, tres de la tarde y está Míster Músculo endiosado. Es que le rinden culto a eso, sino mirá la gota Magistral, aparece como sabiéndoselas todas, y los chicos lo ven y es un modelo, pero un modelo equivocado…”
“…Yo no digo que les pase a todos, no, ni le echo la culpa a los medios. Pero cuando venís mal de ánimo, sintiendo que fracasaste en el amor, en la vida, tu familia no te aprueba, te echan del trabajo, perdió Racing y no tenés a nadie, lo único que te queda es ponerte a limpiar. Estás por llorar y decís “no, si voy a lagrimear que sea por mezclar detergente y lavandina” y le entrás al sarro del inodoro. Es tal cual lo que le pasó a ese marido de Elizabeth Taylor, que se quiso matar metiendo la cabeza adentro del horno, lo vio sucio y se puso a limpiarlo. Te aferrás al friegue, repase y lustre con la adrenalina por el techo, a la altura de donde estaban las telarañas del cielorraso, como si fuera lo último que te queda en la vida. El plumero es tu mejor amigo, y si estás mal, qué mejor que la contención de una suave franelita con aroma a Blem Naranja…”


(…)


“…De a poco se lo va controlando, pero cuesta. Todavía hoy, si estoy mal de ánimo, seguro que el espejo del baño no tiene ni una marquita; si el chino me subió veinte centavos los bizcochitos Don Satur, los picaportes están lustrados; si me rebotaron un cheque, barrí la terraza; si nadie me llama el sábado a la noche, el domingo hay limpieza general. Creo que cuando tenga hijos voy a ser de esas señoras que, delante de todo el mundo, se escupen saliva en el pulgar y le refriegan la cara a su pequeño para limpiarle el helado que se le chorreó por el mentón, aunque ahí ya haya barba…”

El primer paso es aceptar el problema de esta afectividad nucleada en el limpiescente, ya que cuando los demás se dan cuenta se preocupan. Es como cuando viene a casa el amigo Mario* y todo brilla, entonces pasa el dedo por la repisa, mira lo impecable que está, me mira a mí, mira la repisa, se mira al dedo, me mira de nuevo y ya, derrotado, no le queda más remedio que decir “Pilar, vos estás al borde del suicidio.”


(*) Nacho no existe, aunque se parece mucho a cierta persona.
(*) Lara es el nombre falso de una amiga a la que no veo hace años, así que podría haber usado el real.
(*) Mario nunca dijo nada pero lo pensó, aún llamándose de otra forma y no habiendo ido jamás a mi casa.

4 comentarios:

cacta dijo...

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Yo limpio porque si no está limpio no me concentro! Y si! Y qué?! Y que hay con los limpiescentes? Y que hay con los que tenemos que pasar 4 veces el lampazo de derecha a izquierda de izquierda a derecha en zig zag y dando golpecitos cortos?!

Que el mundo esté loco, a mi no me importa...

Pirlusa de la Sapinonda dijo...

Ugh. Ya somos tres entonces.
Creo que nuestros familiares deberían evitar darnos agua después del anochecer, se ve que nos reproducimos. Podríamos llegar a limpiar todo el planeta, o agotar todos sus recursos naturales en derivados del petróleo que componen productos de limpieza.

cacta dijo...

.

3?
3 qué?

HAY MÁS??

Pirlusa de la Sapinonda dijo...

Pfff. Hay una persona que barrió y baldeó el techo de tejas de su casa.