HOY: El prólogo de una crónica anunciada

(INTERIOR, TARDE DE HACE MUCHO, VENTANITA DE MSN)

ANDREA*: -¡Pili!
YO: -Andre… tanto tiempo! Cómo andás? (Snifea recordando que Andrea es ya una muchacha de 17 años y está por egresar de la escuela secundaria cita en la ahora distante provincia donde se conocieron)
A: -Igual que siempre, con los preparativos del viaje!
Y:-Ya estás terminando… (Sigue snifeando por el tiempo y la distancia y cómo crecen los chicos)
A:-Sí, te quería pedir consejos por la cosa de $$$…
Y: -Ah! Ja! Querés saber cómo hicimos p/ q el viaje de egresados de una semana nos costara sólo 25$ per cápita?!! Secreto profesional, jo jo jo.
A: -No, ya está la mitad paga y sale 900$ xq me voy a Bariloche. Lo q quiero es q me enseñes cómo convencías a la gente p/ q comprara esas rifas falsas con q los estafaste durante meses. O tb es secreto profesional? Jo, jo jo.


Luego de snifear de remordimiento y ternura pensando en el ejemplo que he dejado a las nuevas generaciones, le conté cómo se hacía, claro que pasando por alto su ironía del jo, jo, jo. Mi psicólogo diría que la decisión de revelar esta faceta de timadora ante el mundo obedece a mi baja autoestima y a una conducta sistemática de auto-boicot. Pero la verdad es que sólo responde a un profundo sentimiento de arrojo e impunidad juvenil, más dos partes de vocación por la ilegalidad y una cuchara colmada con la certera sospecha de ser inimputable.
Mi viaje de egresados no tuvo a Bariloche ni a Camboriú como destino. De hecho, durante el trayecto en micro algunos barajaban la hipótesis de que nos íbamos, llanamente, al carajo. (Intenta hacer memoria y se da cuenta de que la memoria no se hace, se nace). Ignoro si acertaron; sé que bajamos en Valle Fértil, luego de un par de inopinadas escalas en dos angustiantes puntos del desierto. Allí nos sorprendió (en orden alfabético) una cabra loca, la ebriedad del conductor, su fernet, el gasoil de composición también dudosa, un pastor, una piara de cerdos y un Torino que pasó saludando. Recuerdo la marca porque fue el único auto que vimos durante esas siete horas allí zozobrados en la arena.


Cuando la gente viaja, se pone más supersticiosa de lo que ya venía siendo en los martes trece y en los exámenes. Algún filósofo alemán debió haber dicho ya que los viajes son la sal del pan de la superstición. Quizá lo pensó pero no lo escribió y por eso no nos enteramos. (…) En la ruta contra la que nuestro colectivo arremetió existe la costumbre de dar un rodeo para visitar cierto santuario, so pena de tener percances en el recorrido. Muchas personas de poca fe vociferan que tales trastornos se limitan a pinchar una rueda, víctima de los miguelitos que arrojan los vendedores de velas y estampas en su cruzada por volver píos a los choferes. Quiérase creer o no, nuestro vehículo no transitó el sendero señalado por el marketing de las santerías, y el resultado fue una concatenación de accidentes y traspiés digna de coleccionistas extranjeros.


El origen de todo se remonta a una lluviosa tarde de septiembre en que contratamos los servicios de Gallardo & Co. “Viajes y Turismo”. Algo que -en virtud de la imagen previa- jamás deberíamos haber hecho, sólo que por aquel entonces no lo sabíamos. Quizá tendríamos que haber ido los diez integrantes de la división, nueve mujeres y un hombre; la presencia de un varón atenúa las ínfulas de los chantapufis, pero siendo tan feministas no podíamos saberlo. Caminábamos entonces las cuatro amigas juntas, con alpargatas y garúa, una combinación dadivosa en resbalones, la cual no conocíamos en toda su severa dimensión; mi pompis la conoció ese día. Andábamos, digo, como Los Beatles sin Yoko, o mejor aún, como Los Simuladores, sólo que aún faltaba un año para que salieran al aire y nosotras no lo sabíamos. Íbamos a una secundaria estatal en los ´90; sabíamos muy pocas cosas.
El garage precario donde se achatarraban tres ómnibus piojosos debió disuadirnos, pero éramos tan jóvenes e idealistas que no; queríamos cambiar al mundo, y ya que estábamos, al pétreo tradicionalismo del viaje a Bariloche. El dueño de la empresa de transportes (Reprime la carcajada al leer cómo ha denominado a Gallardo Viajes&Co.) nos mintió y sus empleados intentaron seducirnos ofreciéndonos toda clase de bebidas, algunas de las cuales una, que era una inocente, supone inconvenientes para ingerir en horario laboral. De todas formas, al igual que los niños, que naturalizan todo, están vacíos de previsibilidades y la más campante anomalía les parece normal, agarramos viaje. Fueron veinte pesos ida y vuelta per cápita, más el derecho a usar una ducha de un camping del cuñado de Gallardo, allá por el Valle. Éramos unas leonas negociando, qué lo tiró.


Una vez arribados a destino, los nueve camaradas de división nos hospedaríamos en una cabaña abandonada. La misma era -o fue en alguna época- propiedad de la tía de una compañera, y se comentaba que había sido usurpada por vagabundos. (Usurpada la casa, no la tía, aunque en su momento hubo bromas respecto al tema.) No tendríamos gas ni luz, y el techo deberíamos disputárselo a unos marginados, pero llevábamos una Helatodo, dos botellas de ron, una de vodka, un hombre, la guitarra, un paquete familiar de galletas Traviata, latas de atún y tres mates sin bombilla. Éramos tan jóvenes. Éramos tan hippies.
(CONTINUARÁ...)


(*) Andrea es la amiga de siempre, le conservo el nombre falso porque la última vez que la vi, me contó una anécdota divertida con un mimo de los que piden plata en el subte y antes de que pudiera decirle algo, acotó: "Sí, ya sé que lo vas a usar en tu blog, estoy harta; ¿acaso mi vida es un chiste?"

4 comentarios:

Fernando dijo...

¿Debo sentirme mal por haberme reído (bastante) con el relato de vuestro viaje?

Espero ansioso la continuación. Para mi fue hasta un viaje en el tiempo...

Paz Tyche dijo...

si, pienso como Ferchu, fue un viaje en el tiempo.
eran 9????????

cacta dijo...

.

se me CORROE un lagrimon!

que viaje!

no eramos 9, eramos 11, ACORDATE...
tal vez lo tuyo no fue un impass de los años que te pesan en la memoria... si no tal vez un simple error de imprenta!

cof cof.. no vas a decir tampoco de quien es la foto??


la 2º parte incluye hippies, caminatas de 3hs HACIA LA NADA, aventones en móviles policiales y mucho vino tinto amenizado con pulpa de naranja ñamm!!

Pirlusa de la Sapinonda dijo...

¡JAjaj! en verdad éramos 10, yo no me conté, y acordate que Flower se tomó un micro aparte y no sufrió en la ruta como nosotros... es más, durante el retorno vimos a su vehículo pasarnos aceleradamente, ya que con Gallardo nos habíamos quedado varados DE NUEVO.
Y sí, la foto la mandó Cacta. Y también me contó todo el prontuario de Gallardo, incluyendo la vez en que en la ruta San Juan - Mendoza regó de maletas y valijas el pavimento, ya que se desfondó el colectivo.
¡Y OBVIAMENTE QUE DE ESTO HAY QUE REÍR! De algo han de servir nuestros pasados tormentos.

Me había olvidado del aventón policial y no pensaba incluir lo de la caminata hacia la nada, pero ahora lo haré. Adempas me acordé que esa caminata por el cerro la hice EN PANTUFLAS DE RASO...que tenían estampado de flores y un moño color crema.
(suspira)